ESCRITURA: Semana 1, día 1. Una nueva experiencia.

ESCRITURA: Semana 1, día 1. Una nueva experiencia.

“La explicación nos separa del asombro, el cual es la única puerta hacia lo incomprensible”

Eugène Ionesco.

 

El autor británico-americano D.H. Lawrence dijo: “El mundo le teme a una nueva experiencia más de lo que le teme a cualquier otra cosa. Porque una nueva experiencia desplaza a muchas antiguas experiencias”. Las nuevas ideas no representan un problema. El mundo “puede catalogar una idea”, dijo Lawrence, “pero no puede catalogar una verdadera nueva experiencia”. Una verdadera experiencia interior nos cambia, y a los seres humanos no nos gusta cambiar.

 

La revelación bíblica nos invita a una nueva experiencia y a una nueva forma de ver. La evolucionada conciencia humana pareciera estar más preparada para aceptar la invitación divina, pero no cabe duda, el Evangelio es un gran cambio de paradigma, y siempre habrá “una reacción igual, pero en sentido contrario” y resistencia a cosas tales como la simplicidad, la no violencia, la justicia restaurativa y la inclusión.

 

Un gran problema es que los teólogos y la iglesia han presentado a la Biblia como una colección de ideas mentales sobre las cuales podemos tener razón o estar equivocados. Esto nos atrapa en una mente dualista y argumentativa, la cual es una vía bastante patética hacia la Gran Verdad. Muchas personas no esperan nada bueno o realmente nuevo de parte de la Biblia, lo cual es el significado de la palabra “Evangelio”, buenas nuevas. Así que, primero que todo, necesitamos personas maduras que puedan leer los textos con una mirada amplia, y no sólo personas que quieran respuestas rápidas y fáciles mediante las cuales puedan reafirmar sus ideas y su identidad autofabricada. El motivo de la maravillosa antología de libros y cartas llamada la Biblia es un romance entre Dios y el alma, y no la creación de un plan organizacional para alguna religión en particular. El evangelio se trata de nuestra transformación en Dios (teosis), y no de una mera seguridad intelectual o la comodidad de nuestro “pequeño ego”. Es más bien una revolución de la consciencia que un modelo de negocio para la compra-venta de Dios como producto.

 

De manera interesante, algunos estudiosos han dicho que Jesús vino a terminar la religión. Eso no es tan malo como pareciera. La religión arcaica usualmente era un intento para convencer a la gente de que nada nuevo o sorprendente podría ocurrirles, y que los dioses podían ser controlados. La gran mayoría quiere que sus vidas e historias sean completamente predecibles y controlables, y la mejor manera de hacer esto es tratar de manipular a los dioses. La religión superficial, básicamente, les enseña a los humanos cuáles botones espirituales presionar para mantener sus vidas y a Dios predecibles. Inicialmente, esta clase de religión apela a nuestros más bajos niveles de motivación egocéntrica (seguridad y estatus social) en vez de movernos hacia los más altos (generosidad y verdad). ¡Jesús tuvo un duro trabajo hecho a su medida!

 

Para la mayor parte de la historia humana, Dios no era un personaje agradable ―mucho menos amable―. Es por esto que en cada “teofanía” (un evento en donde Dios irrumpe en la esfera humana) la Biblia empieza con las mismas palabras: “No temas”. Con frecuencia las personas tenían miedo de Dios, y por consecuencia de sí mismas. Cuando Dios aparecía en escena, la mayoría de las personas no lo veían como una buena noticia, sino como una mala noticia que generaban temerosas preguntas: ¿Ahora quien tiene que morir? ¿Quién necesita ser castigado? Por lo general, antes de la revelación bíblica, la mayor parte de la humanidad no esperaba el amor ―mucho menos con intimidad― de parte de Dios. Incluso hoy en día, la mayoría de los seres humanos sienten que una noción de amor divino es bastante distante, arbitraria y seguramente imposible de disfrutar o esperar.

 

Este patrón mental basado en el miedo está tan engranado en nuestro mecanismo que, en estos dos mil años desde la encarnación de Dios en Cristo Jesús, en realidad no ha cambiado mucho, excepto por un pequeño porcentaje de la humanidad, el cual aún crece hacia una masa crítica (Romanos 8:18). En mi experiencia, la mayoría de la gente aún le teme a Dios o trata de controlarlo, en vez de aprender a confiar y corresponder al amor de un Dios amoroso. Cuando una parte tiene todo el poder ―que es la definición de Dios que tiene la mayoría de la gente― todo lo que puedes hacer es temer y tratar de controlar.

 

La única manera en que esto puede cambiar es por Dios, desde el lado de Dios, cambiar la ecuación de poder e invitarnos a un mundo de mutualidad y vulnerabilidad. ¡Nuestra imagen viviente de ese poder transformador es Jesús! En Él, Dios tomó la iniciativa para superar nuestro miedo y necesidad de manipulación e hizo posible una relación íntima con lo Divino. Durante las próximas dos semanas exploraré cómo podemos seguir el hilo de la amorosa bondad de Dios a través de las Escrituras, el cual es simultáneamente una historia acerca de la resistencia, la negación y el rechazo de esa amorosa bondad por parte de la humanidad, que alcanza su clímax en la crucifixión de Jesús. Este movimiento de progreso y retroceso es el guion de toda la Biblia.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/a-new-experience-2016-02-21/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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