La audacia de cuestionar a Dios (Greg Boyd para Jonathan Merritt)

El pastor Gregory Boyd (Doctor en Filosofía, Seminario Teológico de Princeton) se hizo popular años atrás cuando escribió su best seller, ganador de un premio Medalla de Oro, Cartas de un escéptico, una colección de correspondencias con su padre agnóstico que aborda fuertes preguntas que las personas no cristianas tienen acerca de la fe. Pero Boyd rápidamente se convirtió en un pararrayos de controversias cuando se volvió un partidario del “teísmo abierto”, una perspectiva que declara que el futuro no está predeterminado y, por lo tanto, Dios conoce el futuro como posibilidades, no como hechos (para más información, ver su libro Dios de lo Posible)

En su libro más reciente, El Beneficio de la Duda: Rompiendo al Ídolo de la Certeza, Boyd de algún modo regresó a sus raíces instando a la gente a luchar con las grandes preguntas de la fe. Él declara que los cristianos modernos han llegado a aceptar una falsa creencia de que la fe está enraizada en la certidumbre. Él dice que la fe es, en lugar de ello, comprometerse a vivir de cierta manera a pesar de no estar seguros. Aquí, discutimos el beneficio de abrazar la duda y por qué él cree que necesitamos incluso cuestionar a Dios.

JM: La duda es una especie de tópico candente en estos días, quizás porque la autenticidad se ha vuelto popular en la generación naciente de cristianos. ¿Qué desearías agregar a la conversación?

GB: Yo aliento a las personas a aceptar que, al menos para la gente pensante, la duda es una parte normal de la fe y de la vida. Desafortunadamente, muchos han caído en la idea antibíblica de que la fe de una persona es tan fuerte como su ausencia de duda, muchos cristianos hoy sienten la presión de tener que suprimir la duda y de actuar y de hablar como si estuvieran seguros. Si por casualidad perteneces a una comunidad de personas que actúan y hablan de esta manera, es normal que te sientas como un extranjero y que incluso seas tratado como un extranjero si te atreves a admitir tu duda. En realidad, es simplemente imposible estar seguro acerca de los asuntos más trascendentales de la vida. Cada decisión importante que tomamos en nuestra vida está cubierta de incertidumbre. Es parte de lo implica ser un finito y caído ser humano, y es arrogante, tonto e idólatra pretender otra cosa.

Greg Boyd

Yo aliento a la gente a pensar en su fe en Cristo de la manera en que pensamos al tomar los votos del matrimonio. Por mucho que podamos desear que fuera de otra manera, la verdad es que una persona no puede estar segura de que las cosas vayan a funcionar como lo esperan cuando hacen estos votos. Esta es la razón por la cual se requiere fe para casarse. Pero mientras una persona tenga suficiente confianza para comprometer su vida con otra persona, el nivel de seguridad o inseguridad que sientan no tiene importancia.

Por supuesto, si la persona todavía no tiene la confianza para encomendar su vida a Cristo, ofrezco otro tipo de consejo. Les aliento a ser honestos con sus dudas, pero también a investigar cuidadosamente, en primer lugar, los motivos que tiene la gente para creer que Jesús es el Señor. Discuto sobre algunas de estas cosas en el libro, y yo y muchos otros hemos encontrado que, mientras que nosotros obviamente no podemos declarar que estamos en lo cierto, hay muchos fundamentos convincentes que nos dan suficiente confianza en el señorío de Cristo para comprometernos a vivir nuestras vidas de modo tal que refleje su fe.

JM: Tú intentas desmantelar la “fe buscadora de certezas”. ¿Qué significa esto y por qué es un problema?

GB: La “fe buscadora de certezas” es lo que resulta cuando la gente asume que la fe de una persona es tan fuerte como su ausencia de dudas y ese es el tipo de “fe firme” que complace a Dios.  Tristemente, así es como la mayoría de los cristianos de hoy piensan la fe. Yo argumento que este modelo engañoso es la raíz de la mayoría de las cosas negativas que los no creyentes asocian a la cristiandad conservadora.

Entre otras cosas, cuando la gente acepta este modelo de fe, la misma se reduce a un artilugio psicológico en el cual las personas tratan de convencerse a sí mismas de que sus creencias son reales más allá de lo que las evidencias garanticen. En relación con esto, este modelo presupone una imagen mental de Dios como Aquel que influye en la felicidad eterna de la gente basándose en sus habilidades para involucrarse exitosamente en este artilugio psicológico. Es una imagen fea y mezquina de Dios que es inconsistente con la imagen de Dios que se nos ha dado en Cristo, y esto dificulta que las personas amen genuinamente a este Dios.

Como si esto fuera poco, dado que el modelo de fe buscadora de certezas es inherentemente irracional, tiende a alejar a las personas de su pensamiento racional. Hace que la gente pensante que tiene dudas perfectamente razonables se sienta culpable, mientras que recompensa a las personas sin preocupaciones ni curiosidad de cuestionar sus creencias, haciéndolas sentir que tienen una fe sólida. A su vez, aquellos que han sido afligidos por este amplio modelo de fe serán propensos a convertirse en “cerrados de mente”, porque intentar honestamente ver las cosas desde el punto de vista de otros quizás los llevaría a cuestionar su fe, y en el modelo de la fe buscadora de certezas, esto significa que podrían potencialmente poner en peligro su salvación.

En la misma línea, este modelo antibíblico e irracional de fe puede llevar a la gente a desarrollar fobias al aprendizaje, ya que, si te atreves a leer y aprender a ver las cosas desde el punto de vista de otras personas, tal vez descubras hechos que podrían sacudir tu certeza, lo cual, en este modelo, significa que estarías disgustando a Dios. Y, tal vez lo más importante, este modelo de fe hace de la certeza un ídolo, porque la gente fija su sentido de bienestar y seguridad no en la confianza en el carácter de Dios revelado en Jesucristo, sino en el nivel de certeza con el cual pueden contarse a sí mismos, sea cual sea este.

JM: Tienes un capítulo entero en Beneficio de la Duda sobre luchar con Dios. ¿Por qué luchar con Dios es una parte importante de la fe, en tu opinión?

“El beneficio de la duda”, por Greg Boyd

GB: Luego de que el Señor peleara con Jacob, él cambió su nombre a “Israel”, el cual, de acuerdo con la Biblia, significa el que “pelea” o “lucha” con Dios. Una de las cosas que esto indica es que el pueblo de Dios -los “israelitas”- vendrían a ser personas que tenían una relación con Él en la cual estaba bien pelear. Esta es la razón por la cual muchos héroes de las Escrituras no son personas que suprimieran piadosamente cualquier pregunta u objeción que tuvieran. En héroes como Abraham, Moisés, Jeremías, David y Habacuc, encontramos gente que más bien demostraron una fe “israelita” al tener la audacia de cuestionar a Dios y pedirle respuestas.

Este punto es importante para nosotros hoy, yo creo, dado que muchos abrazaron este modelo de fe en el que se asume que Dios tiene una buena impresión de su gente cuando esta suprime la duda, evita las preguntas, y pone una sonrisa piadosa mientras se aferran a falsos modos de certeza.  Este es el tipo de fe falsa que Job expone a sus amigos acusadores y es importante para nosotros darnos cuenta de que Dios estaba, de hecho, enojado con ellos por practicarla.

JM: ¿Puedes compartir un poco de la historia que expusiste en El beneficio de la Duda que enseña la importancia de ser honestos con Dios?

GB: Me convertí en cristiano a los 17 años en una Iglesia Pentecostal de estricta santidad. Estaba dispuesto a abandonar las drogas y otros comportamientos pecaminosos, excepto por uno, una adicción a la pornografía que había desarrollado en los 4 años previos a mi conversión. Dado que esta iglesia me enseñaba que una persona perdía su salvación con cada pecado, me di cuenta de que estaba siendo “salvo” y “no salvo” varias veces a la semana -si no todos los días- durante los primeros 2 años de mi camino cristiano.

Una noche, salí de la iglesia desesperado, creyendo que nunca iba a superar mi hábito de mirar pornografía. Creyendo a esta altura que estaba destinado al infierno, me desahogué en el estacionamiento de la iglesia mientras compartía mi desesperación con un amigo. Como un volcán en erupción, di rienda suelta a la ira y la frustración hacia Dios no solo por los 2 años de infructuosa lucha con la pornografía sino remontándome al abuso que había sufrido de niño durante años en manos de una fría y psicológicamente atormentada madrastra.

Luego de haber escupido mi furiosa rabia, tiré mi Biblia en el capó de la camioneta de mi amigo y comencé a leerla sarcásticamente. “Sucedió” que cayó abierta en Romanos 8:1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Esto me abrió la puerta para comenzar a darme cuenta, por primera vez en mi vida, de que Dios me amaba gratuitamente, a pesar de mi pecado. En definitiva, el resultado fue encontrar una motivación de amor que nunca había conocido, y fue esta motivación la que eventualmente rompió la atadura de la pornografía en mi vida y revolucionó completamente mi vida como discípulo.

Una de las principales lecciones que rescato de esa noche es que solo cuando somos completamente honestos con Dios somos capaces de recibir la verdadera revelación de lo que Dios realmente es. Solo cuando somos desinteresadamente “auténticos” delante de Dios, permitimos que Él sea desinteresadamente “auténtico” con nosotros.

JM: En El beneficio de la Duda, aconsejas a las personas a creer en la Biblia porque ellos creen en Jesús, no de la manera inversa. ¿A qué te refieres con eso y por qué crees que es importante?

GB: La razón número uno por la cual la gente joven está abandonando la fe cristiana y por la cual otras personas no pueden tomarse en serio la fe cristiana tiene que ver con problemas que tienen con la Biblia. Por ejemplo, mientras la mayoría de los estudiantes de primer año toman un curso de “La Biblia como Literatura” en un colegio de aprendizaje secular, las precisiones históricas de algunas de las historias bíblicas son cuestionadas por muchos estudiantes, y es difícil negar que la Biblia contiene algunas contradicciones aparentes y material que parece no tener sustento a los ojos de la ciencia moderna.  En El beneficio de la Duda, yo planteo que si estructuramos nuestra fe del modo en el cual los primeros cristianos lo hicieron, estos problemas con la Biblia no generarían ninguna amenaza a nuestra confianza en que Jesús es el Señor e incluso a nuestra confianza en que la Biblia es la inspirada Palabra de Dios.

Los primeros discípulos no creyeron en Jesús porque la Escritura (el Viejo Testamento) les probara que él era el Hijo de Dios. Más bien fueron convencidos por las declaraciones de Jesús, su vida única de amor, su autoridad distintiva, sus milagros sin precedentes, el sacrificio de sí mismo en su muerte, y especialmente su resurrección. Una vez que creyeron en Jesús, lo buscaron y lo encontraron en las Escrituras. Pero ellos nunca hubiesen estado convencidos de que Jesús era el Señor si hubiesen comenzado solo con la Escritura.

Desafortunadamente, la mayoría de los evangélicos hoy han aprendido a hacer lo opuesto. Ellos basan su fe en el señorío de Jesús (tanto como todo lo demás) en su creencia de que la Biblia es la inspirada Palabra de Dios. Esto es “desafortunado” porque esta manera de estructurar la fe lleva todo a la perfección de este libro, forzando a la Biblia a llevar más peso del que fue pensado para cargar. Cada uno de los problemas que las personas encuentran con las escrituras ahora amenaza con debilitar su fe.

Como desarrollé en mi libro, eventualmente llegué a la conclusión de que las cosas de Jesús que convencieron a los primeros discípulos de que él era el Señor continúan siendo lo suficientemente convincentes para persuadir hoy a las personas de mente abierta de que Jesús es el Señor, y ellos no presuponen la visión de que la Biblia es la inspirada Palabra de Dios. Una vez que estuve convencido sobre la base de argumentos históricos, filosóficos y personales de que Jesús es el Señor, estuve motivado para abrazar también la Biblia como la Palabra de Dios, porque (sobre todas las cosas) esta es la propia visión de Jesús y es muy difícil confesar que es el único Señor mientras que corriges su teología, especialmente en un asunto tan fundamental. Pero noten que mis razones para creer en la Escritura ahora están enteramente basadas en mi fe en Jesús, que es por lo cual mi fe no necesita verse amenazada nunca más por imprecisiones históricas o contradicciones, o las inexactitudes científicas que pueda encontrar en ella.

Estoy convencido de que, si la gente joven estructurara hoy su fe de esta manera, veríamos a muchos menos perdiéndola.

JM: Tú escribes: “El asunto de que todo en la Escritura tenga la misma autoridad inclina a la gente a leerla como si fuera un libro de cocina… La verdad, sin embargo, es que la Biblia no es un libro de cocina.  Es una historia, como una novela”.
¿Puedes explicar cómo esto afecta la forma en que uno lee la Biblia?

GB: Cuando lees un libro de cocina, no importa dónde encuentres el recipiente que estás buscando. La ubicación del recipiente es irrelevante a su significado. Las cosas son muy distintas cuando lees una novela policial, por ejemplo. En una novela policial, las cosas que no significan nada al comienzo tal vez tengan una gran importancia para lo que acontezca más adelante. La historia se vuelve a reinventar y los enigmas se resuelven y nuevas pruebas son develadas a medida que van transcurriendo. A medida que la historia de la interacción de Dios con las personas se desarrolla, aprendemos más y más con qué tipo de Dios estamos lidiando y cuáles son sus planes para la humanidad.  Y la historia culmina, de una manera extremadamente sorprendente, en Jesucristo.

Por una parte, Jesús completa todas las promesas hechas en el Antiguo Testamento, por lo cual Pablo dice que las promesas de Dios son “Amén” en Cristo (2 Cor. 1:19-20). Aún más, él completa estas promesas de una manera que difícilmente alguien haya visto venir.  Por ejemplo, nadie esperaba que el Mesías venga como un humilde servidor, a inaugurar un reino que trasciende todos los límites nacionales, a mandar a las personas a que amen a sus enemigos en lugar de conquistarlos a todos, y que luego resucitase al tercer día. Así la Biblia es una historia que se revela con un remarcablemente sorpresivo giro ¡en el último capítulo! De hecho, yo presento a la historia de Dios que encontramos en la Biblia como algo muy similar a la película “Sexto Sentido” o “El Libro de Eli” en la cual en el último minuto la película se reinventa por completo. Cuando Jesús aparece, todo lo que lo precedió se resignifica y debe ser releído a la luz de lo que él revela acerca de Dios y de las expectativas de Dios para con su gente.

Lo que esto significa para nosotros es que, para entender la Biblia correctamente, debemos leerla como la narración de una historia, que es lo que es, y debemos leerla a la luz de su sorprendente final.

 

Fuente original:

http://religionnews.com/2013/09/19/audacity-question-god-interview-greg-boyd/

Traducción: Luciana Cacciola / Edición: RSV

Facebook Comments