El misticismo de la oración (Richard Rohr para Relevant Magazine)

EL MISTICISMO DE LA ORACIÓN

De qué manera el fraile Richard Rohr está llevando a muchos a repensar la conexión con Dios.

 

Navega a través de las publicaciones de Twitter o Instagram, y es muy probable que veas cristianos de variedad milenaria publicando citas de o acerca de Richard Rohr. También es muy probable que veas a un líder de fe o una celebridad hablando de él.

 

La influencia de Rohr ya es amplia y continúa expandiéndose. Hace alrededor de 30 años, Rohr fundó el “Centro de Acción y Contemplación”. Hoy, él entrena personas de toda clase de trasfondos y tradiciones en su estilo único de espiritualidad y oración, y Rohr explica que de esos estudiantes “un tercio son evangélicos, otro tercio protestantes tradicionales, varios no creyentes y el resto católicos”.

 

Es un autor ampliamente reconocido y su popularidad como conferencista se ha incrementado. Pero no hace parte de la farándula de la fe. Rohr es un hombre de profunda tradición, es un fraile dentro de la tradición franciscana de la Iglesia Católica Romana. Y desde 1970, ha escrito y hablado acerca de la oración y el misticismo espiritual. Es popular en algunos círculos y controversial en otros (en un espectro izquierda/derecha, Rohr se sitúa felizmente en el extremo izquierdo).

 

No sentamos con Rohr para aprender acerca de la visión de oración que está creando tanto murmullo.

 

RM: Eres un fraile franciscano, ¿podrías explicarnos qué significa esto?

 

RR: Francisco de Asís vivió en el siglo 13 y su gran intento de reformar la iglesia en ese punto fue para que nosotros estuviéramos más identificados con los pobres. En vez de que los clérigos fuesen aquellos que buscaban una carrera o posición distinguida, él quería dirigirnos exactamente en la dirección opuesta.

 

Así que, en nuestros 800 años de historia, hemos estado mucho más identificados con aquellos en la periferia. Esa es nuestra espiritualidad.

 

Y “fraile” fue el término que se hizo famoso con San Francisco con el fin de desligarnos a nosotros mismos de las órdenes monásticas (a quienes llamarías “monjes”).

 

RM: ¿Cuál es tu relación con la Iglesia Católica Romana?

 

 

RR: Siempre hemos sido aceptados, irónicamente, como una posición minoritaria dentro de la iglesia. Nunca hemos sido expulsados o considerados herejes. Para ser honestos, pienso que la iglesia siempre nos ha necesitado porque siempre hemos sido más populares con la gente común.

 

RM: ¿Qué los hace un grupo minoritario?

 

RR: El identificarnos con las minorías. No tratábamos de ser obispos o estar en posiciones de poder. Por eso es que fue tan extraordinario cuando el Papa Francisco tomó el nombre de “Francisco”. Casi que deberías se un empleado de la Iglesia Católica para darte cuenta del shock que esto significó. Porque para un católico, Francisco era un Santo anti-establecimiento.

 

Este es el gran punto: la alineación con los impotentes en vez de con los poderosos con frecuencia nos ubicó en desacuerdo con la jerarquía.

 

RM: ¿Cómo describirías tus diferencias con los cristianos protestantes?

 

RR: En términos de la relación humana con Dios, [los protestantes enseñan que] se necesita alguna clase de transacción de sacrificio sangriento para que Dios pueda perdonar, amar o aceptar a la humanidad. La escuela franciscana nunca aceptó esto. Nuestra cristología es mucho más una teoría no violenta de la expiación.

 

Para decirlo en dos oraciones: Jesús no vino para cambiar la mentalidad de Dios acerca de la humanidad, ésta no necesitaba ser cambiada. Jesús vino a cambiar la mentalidad del hombre acerca de Dios.

 

RM: Hablando en términos prácticos, ¿cómo luce la experiencia franciscana?

 

RR: Si hubieses venido a la iglesia esta mañana, hubiese estado vestido con los hábitos usuales. Ahora bien, quizás la predicación hubiese tenido un carácter algo diferente, pero celebro una misa parroquial como cualquier otro sacerdote. Espero que no sea un estilo ritualista, legalista o triunfalista.

 

En el “centro” enseñamos la oración contemplativa. Toda nuestra practica consiste en: venimos en silencio, nos sentamos juntos en silencio durante 20 minutos y entrenamos a las personas en qué hacer con sus mentes durante el silencio. Así que nuestro estilo personal es muy diferente al estilo parroquiano.

 

RM: Por lo que dices, una gran parte de tus enseñanzas se centran en la contemplación y la oración contemplativa. ¿Podrías explicarnos a que te refieres con “contemplación”?

 

RR: En gran parte, la oración contemplativa es una práctica de desidentificación con tus propios pensamientos compulsivos y sentimientos obsesivos. Cuando enseño contemplación siempre digo: “la mayoría de las personas no ven las cosas como ellas son; la mayoría de las personas ven las cosas como ellos son”. Ven las cosas a través de sus propios intereses, y esto no conduce a una visión muy amplia.

 

En lenguaje religioso, entregamos a Dios todos los pensamientos negativos, temerosos y de enojo que tratan de atraparnos. Ahora, cuando esa corriente de conciencia se aclara -y lo hace con alguna regularidad- siempre hay un maravilloso sentido de apertura hacia lo divino, a lo que sea que Dios quiera decir. Porque, básicamente, no estás en medio del camino.

 

RM: Desde tu perspectiva, ¿hasta qué punto escuchan a Dios aquellos que practican la oración contemplativa? ¿Es literal?

 

RR: No, todo lo contrario. Diría que lo que caracteriza la voz de Dios con frecuencia es un sentido de gratificación, un sentido de vitalidad. No son palabras dogmáticas. Probablemente la palabra que mejor lo podría expresar es un descenso de presencia. Así que no es que salgas de la oración con un gran mensaje, pero tengo la esperanza de que después de años de práctica hables con gran claridad, compasión, libertad y gracia. Es acumulativa, la manera como escuchas a Dios, y siempre es un sentido de gratificación.

 

En el inconsciente es donde verdaderamente reposan las lesiones y las heridas, y allí es donde va la oración contemplativa. Es la terapia divina, estoy convencido de ello.

 

RM: El nombre de tu organización -Centro para la Acción y la Contemplación- combina en sí mismo la contemplación con, de entre todas las cosas, la acción, eso parece contradictorio.

 

RR: Estas son verdaderamente las clásicas polarizaciones en la historia de la espiritualidad, el péndulo siempre oscila de un lado al otro. Deliberadamente puse la palabra “Acción” primero, porque pienso que no hay mucho que contemplar hasta que has estado afuera en el campo, cometido algunos errores, amado, pecado y lo has hecho mal varias veces.

Verdaderamente no son contradictorias; son complementarias. Si envías personas sin una vida interior al ministerio activo, usualmente se convertirán en ideólogos o personas rígidas. Pero si envías personas con toda clase de experiencias de oración interna y nunca sirven a los pobres o al mundo, entonces tendrás otra clase de problemas.

 

RM: ¿La meta es alcanzar un equilibrio entre ambas?

 

RR: Un balance que te convierta. Cuando enfrentas tu propia sombra, tienes que mirar a tus propios prejuicios y limitaciones. Pero entonces, cualquier integridad que hayas alcanzado, eres capaz de llevarla a tu ministerio y representarla en el mundo. También llamas personas de un lado a otro hacia alguna clase de balance entre la contemplación y la acción.

 

RM: ¿‘Conversión’ como en salvación? ¿Cuáles piensas que son los requisitos para que alguien se convierta en cristiano?

 

RR: Primero que todo, déjame decirte lo que no es.

 

No pienso que el nuevo testamento hable acerca de Jesús llevando personas al cielo. Esto es tan corrupto, toda la noción de libertad, iluminación y vida eterna, no estoy negando la vida eterna. Pero empujar todas estas cosas hacia el futuro y hacer de la salvación un sistema de recompensa/castigo, donde unos pocos ganan y la mayoría pierde, pienso que eso destruye el poder transformador del evangelio.

 

Así que, para mí, la salvación es la experiencia presente de vivir en una amorosa unión con Dios, con tu vecino y en libertad para amar a Dios y a tu vecino, lo cual significa una gran rendición de nuestros propios intereses, ira y cosas de las que hemos estado hablando.

 

RM: Has escrito bastante acerca del misticismo y el ‘yo profundo’, hablas acerca del ‘yo verdadero’ y el ‘yo falso’ ¿cuál es tu ‘yo profundo?

 

RR: Tu yo verdadero es quien eres en Dios desde la eternidad. Como lo diría Efesios: “escogidos en Cristo desde antes de la creación del mundo”. Tu yo verdadero no tiene nada que ver con tu temperamento, el indicador Myers-Briggs, tu nacionalidad, raza o denominación religiosa, esos son tu yo falso.

 

Ahora, cuando uso la palabra ‘falso’ no digo que sea malo. Simplemente digo que es un elemento decorativo. La frase que uso a menudo proviene de Colosenses, donde Pablo dice: “Estamos escondidos con Cristo en Dios”. Ese es tu yo verdadero, y no sube o baja. No puedes ganarlo o perderlo. Todo lo que puedes hacer es permitirlo, descansar en él y acercarte hacia él.

 

La única y siempre válida función de la religión es despertar a las personas a su verdadero ser. Ese es nuestro trabajo, y lo que hacemos con frecuencia es simplemente estimular el falso ser: tratar de hacer a las personas más católica o más evangélicas o más respetuosas de la ley.

 

Cuanto más puedas vivir en la oración contemplativa, más descansas en esa identidad desnuda y fundacional, dejas ir todas esas identidades pasajeras y aprendes a descansar en la única que nunca muere.

 

Fuente original:

http://archives.relevantmagazine.com/god/mysticism-prayer

Traducción: Julio César Bedoya Moreno / Corrección y edición: RSV

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