ENCARNACIÓN: Semana 2, día 6. La solidaridad de Dios con el sufrimiento.

ENCARNACIÓN: Semana 2, día 6. La solidaridad de Dios con el sufrimiento.

Mientras que la resurrección es hacia donde la encarnación nos guía, existe una advertencia, y es una grande: transformación y “crucifixión” deben intervenir entre la vida y La Vida. Algún tipo de pérdida, metamorfosis o transformación siempre precede a cualquier rejuvenecimiento. Esto lo vemos por todas partes en el universo físico y biológico. Nada permanece igual. Aquí es donde todos andamos a tientas, titubeamos y peleamos. El pequeño ego odia todo cambio. Así que alguien necesita dirigir personalmente el camino, modelar el sendero, y decir que este es un buen y “necesario sufrimiento”. De otra manera no confiaríamos en este recorrido contraintuitivo. Para los cristianos, este modelo, pionero y ejemplar, es Jesús (Hebreos 12:2).

 

Muchas veces he dicho que el libro de Job es la cúspide de las Escrituras Hebreas, pero también es un callejón sin salida, porque no hay una respuesta de cómo lidiar con el sufrimiento injusto, excepto rendirnos. Jesús, el nuevo Job, experimentó el peor sufrimiento que la humanidad le podría infligir: traición, juicio injusto, rechazo, abandono, tortura, humillación y crucifixión. Para los cristianos, por lo tanto, Jesús se convirtió en la respuesta para Job. El problema del sufrimiento, incluso del sufrimiento injusto, es resuelto en el cuerpo de Jesús en la cruz. Aquel que se encarnó, tomó nuestra carne sufriente y la llevó a la enésima potencia. Como escribe Pablo: “Tengan entre ustedes la misma actitud que tuvo Cristo Jesús, quien, siendo en la forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. En cambio, se despojó de sí mismo, tomando forma de esclavo, haciéndose semejante a los hombres, y siendo humano en apariencia, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8).

 

Mucha de la gente más feliz y tranquila que conozco ama a un Dios que camina con los crucificados y por lo tanto revela y “redime” su situación como propiedad de Dios. Para ellos, Jesús no observa el sufrimiento humano desde la distancia, sino que de alguna manera está en el sufrimiento humano con nosotros y por nosotros. Él incluye nuestro sufrimiento en la co-redención del mundo, mientras “toda la creación gime en un gran acto de alumbramiento” (Romanos 8:22). ¿Es esto posible? ¿Será verdad que “completamos en nuestros cuerpos lo que aún tiene que ser padecido por el bien de todo el Cuerpo” (Colosenses 1:24)? ¿Estamos de alguna forma asociados con lo divino? ¡Por supuesto que lo estamos! De hecho, creo que ese es exactamente el punto.

 

¿Es esta la manera en que importamos? ¿Es este el precio de nuestra inclusión dentro del Gran Misterio que Dios ha vivido primeramente y por adelantado? ¿Es Dios verdaderamente y para siempre una Gran Fuente, tal como el patrón trinitario parece decir? Cuando veo animales, plantas e incluso estrellas morir de tan buena gana y ofrecer sus cuerpos para otra generación, para otra especie, o para la iluminación del universo, comienzo a ver un patrón único por doquier. Es el nivel de amor más verdadero, cuando todas y cada una de las cosas se ofrecen a sí mismas por otros. ¿Acaso alguno de nosotros aprendería a amar del todo si no nos fuera exigido, tomado de nosotros, y provocado por las lágrimas humanas y la tragedia terrenal? ¿Es el sufrimiento necesario pare enseñarnos cómo amarnos y cuidarnos los unos a los otros? Realmente creo que sí, por pura observación.  Tal vez sea por eso que Jesús dijo: “Síganme” (Juan 1:43) y “Ámense los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene un amor mayor que éste, que uno ponga la vida por sus amigos” (Juan 15:12-13).

 

Jesús toma nuestro sufrimiento, lo lleva consigo, y se mueve a través de él hacia la resurrección, esto es llamado “el misterio pascual”. Nosotros también podemos tomar ese camino, uniéndonos activamente a la amorosa solidaridad de Dios con todo el sufrimiento desde la fundación del mundo. Jesús no nos pide que lo adoremos. Él nos pide que lo sigamos, confiando en él y aceptando completamente este amedrentador e infinitamente gratificante viaje.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/gods-solidarity-with-suffering-2016-01-22/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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