ENCARNACIÓN: Semana 2, día 5. De amor en amor.

ENCARNACIÓN: Semana 2, día 5. De amor en amor.

No importa cuál sea tu definición, todos deseamos la resurrección de alguna forma. Yo creo que “el levantamiento de Jesús” (que es la manera teológica correcta de decirlo, la cual transmite un sentido de relación entre Jesús y Dios, y no un autónomo “Yo puedo hacerlo”) es una potente, enfocada e irresistible declaración acerca de lo que Dios está haciendo ahora mismo y por siempre con el universo y la humanidad. La ciencia confirma enérgicamente tal declaración hoy en día, pero utilizando diferentes metáforas y símbolos, como la condensación, la evaporación, la hibernación, la sublimación, las cuatro estaciones y los ciclos de la vida de todo, desde el salmón hasta las estrellas, muriendo constantemente y renaciendo de su mismo polvo. Dios parece estar resucitándolo todo, en todo momento y en todo lugar. Esto no es tanto algo “en que creer” sino algo para observar y de lo cual aprender.

 

Muchos creen en la resurrección corporal, al igual que yo, pero de una manera que no pide nada excepto una mera afirmación intelectual de una doctrina religiosa. Podemos ir mucho más allá de eso. Yo prefiero creer en algún tipo de resurrección corporal porque localiza todo el Misterio en este mundo material y terrenal y en nuestros propios cuerpos, el único mundo que hemos conocido, el mundo que Dios ha creado y amado, y en el que Dios decidió encarnarse.

 

Todos queremos saber que esta cosa maravillosa llamada vida va hacia algún lugar, un buen lugar. Y va a un buen lugar porque vino de un buen lugar, un lugar de “bendición original” en vez de “pecado original”. “Yo sé de donde vine y hacia dónde voy”, dijo Jesús, “Pero ustedes no” (Juan 8:14). ¡Así que él vino a decirnos! El Alfa y el Omega de la historia tienen que armonizar, o nuestras vidas no tendrían arco natural, trayectoria o sentido orgánico. El fin debe estar en el principio, como lo dijera T. S. Eliot. En el libro de Apocalipsis (1:8, 21:6, 22:3) se nos dice que Jesús es el Alfa de la historia, lo que Duns Scotus llamó “La primera idea en la mente de Dios”, y a su vez el “punto omega” de la historia, que fue la frase utilizada por Teilhard de Chardin.

 

Si la divina encarnación original fue y es verdad, entonces la resurrección es tanto inevitable como irreversible. Si el Big Bang fue el externo punto inicial del eterno Misterio de Cristo, entonces estamos seguros que la Creación está siendo llevada a un buen lugar, y que este no es un universo caótico y sin sentido. Alfa y Omega en realidad son lo mismo. Nadie enseña esto mejor que el místico jesuita y paleontólogo Teilhard de Chardin, quien se ha convertido en el paladín del cristianismo evolutivo. (El Papa Benedicto XVI lo citó varias veces en los años finales de su papado).

 

Para Teilhard, la presencia del Resucitado es el atractivo principal que sigue seduciendo e invitando a la historia hacia delante, hacia su certera conclusión. El Cristo cósmico es el señuelo divino, una parpadeante y brillante luz puesta en el punto omega del tiempo y de la historia que continúa recordándonos que el amor y no la muerte, es lo eterno. El amor, que no es otra cosa que vida sin fin, nos atrae hacia adelante, porque amor es lo que también nosotros ya somos. Toda la vida está inexorablemente atada a la plenitud de su propia existencia. “Lo parecido se atrae” y, similar a una fuerza electromagnética, el Amor está atrayendo al mundo hacia una plenitud del amor. Creo con firmeza que finalmente no nos podremos resistir a esa atracción. El amor siempre ganará. Dios no pierde.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/from-love-to-love-2016-01-21/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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