ENCARNACIÓN: Semana 2, día 4. Aquí el cielo es lo primero de todo.

ENCARNACIÓN: Semana 2, día 4. Aquí el cielo es lo primero de todo.

No es casualidad que el relato de la resurrección en el Evangelio de Lucas nos muestre a Jesús diciendo: “¡No soy un fantasma! Tengo carne y huesos, como pueden ver”. A Tomás, Jesús le dijo: “¡Pon tu dedo en mis heridas!” (Juan 20:27). En otras palabras: “¡Soy humano!”, lo que significa ser herido y aun así resucitado. Jesús regresó a su cuerpo físico, y a pesar de eso ya no está limitado por el espacio o el tiempo, y no tiene ningún tipo de arrepentimiento ni recriminación. Que el cuerpo de Jesús todavía porte sus heridas es un simbolismo importante y eficaz. Esto fue todo un éxito para comunicar el mensaje completo de una manera un tanto sutil y refinada, que es precisamente el poder que tienen los símbolos y las historias. “Nuestras heridas son nuestra gloria”, como dijera Juliana de Norwich. Este es el mensaje totalmente contraintuitivo del Jesús Resucitado.

 

El punto más importante es que Jesús no ha salido de la esfera humana; él revela la meta, la plenitud y el propósito de la humanidad misma, que es “hacer posible que participemos de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4), aún en este herido e hiriente mundo. Sí, la resurrección dice algo acerca de Jesús, pero también dice mucho acerca de nosotros, lo que es aún más difícil de creer. Está diciendo que, como él, somos más grandes que está vida, el mismo Ser, y por lo tanto algo bueno, verdadero y hermoso. Nuestra palabra clave para eso es cielo.

 

Cuando tomamos el símbolo de la resurrección y su significado de forma absolutamente seria, este nos mueve mucho más allá que el significado literal, carente de sentido, en el que tanto los ateos como los fundamentalistas se desconciertan. Por supuesto que creo en la resurrección “corporal” de Jesús, ¡o mi premisa básica de cuerpo y espíritu siendo uno mismo no se sostendría! (por favor díganle eso a cualquiera de sus amigos que piense que soy un hereje liberal. En realidad, soy bastante ortodoxo). Pero la resurrección no sólo se traduce a una vida que durará eternamente en el futuro; más bien, primeramente, se entiende como “una vida presente de significado eterno”. Por supuesto, esto significa una vida de bondad y amor, pues en ambos hay una cualidad eterna. Para la mayoría de nosotros, es una vida de “adopción divina”, para usar la frase de Pablo, por la cual todos compartimos plenamente la herencia divina de Jesús como “herederos de la misma promesa” y verdaderos hermanos y hermanas en el gran viaje que Jesús también recorrió.

 

Me entristece mucho que a través de la historia gran parte de los cristianos hayan leído estas mismas metáforas y, sin embargo, parecieran haber tenido tan poca experiencia interior como para realmente confiar en que pudieran ser verdaderas, y verdaderas para ellos mismos. Creíamos en la resurrección de Jesús, pero no en la de nosotros mismos. Una vez que comprendes que hay un rumbo positivo implantado en la creación, entonces puedes dejarte llevar por la corriente principal (fe); eventualmente aprenderás a descansar allí (esperanza); y podrás realmente vivir esta vida que fluye con afable confianza (amor). Ya estás en tu hogar, tanto aquí como en la eternidad. ¿Qué más podría ser la salvación? El cielo, antes que nada, es ahora mismo, y, por ende, inevitablemente más adelante. Si Dios nos ama y nos acepta ahora en nuestro estado quebrantado, ¿por qué la póliza divina habría de cambiar después de la muerte? Es el mismo Dios antes y después de nuestra muerte. ¿Por qué no seguir esta maravillosa tendencia y disfrutar el cielo ahora mismo, sin temor? La salvación, para mí y para muchos de los Primeros Padres Orientales de la Iglesia, no es una cuestión de si —sino sólo una cuestión de cuándo—y cuánto se desea. Como dijo Jesús: “En el hogar de mi Padre hay muchas mansiones, y yo me he adelantado para prepararles un lugar… Volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo estoy también ustedes puedan estar” (Juan 14:2-3). Dios, ¡eso es bueno!

 

Fuente original:

https://cac.org/heaven-is-first-of-all-here-2016-01-20/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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