ENCARNACIÓN: Semana 2, día 2. La danza del aliento y la tierra.

ENCARNACIÓN: Semana 2, día 2. La danza del aliento y la tierra.

Todo el proceso de vivir, morir y luego volver a vivir comienza con Yahveh “soplando su aliento en la arcilla”, que en ese momento se convierte en “un ser viviente” (Génesis 2:7) llamado Adán (“de la tierra”). Un drama se ha puesto en marcha para siempre entre ese aliento y lo que parece ser sólo polvo o tierra (humus, humano, adamah). Aquel Sin Forma adquiere para siempre su estado físico en “Adán” (y en Jesús, “el nuevo Adán”), para luego llevarnos de vuelta a lo Sin Forma. Cada forma abandona dolorosamente su pequeño ser, ese que ha conocido por algún tiempo, y vuelve a su condición original en el Gran Ser al que llamamos Dios. “Volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo estoy ustedes también puedan estar”, dice Jesús (Juan 14:3). Este cambio de formas es llamado muerte y resurrección, y el regreso es llamado ascensión, aunque para nosotros sólo se vea como pérdida.

 

Después de la resurrección cuando Jesús “sopló aliento” sobre los temerosos discípulos y dijo: “La Paz sea con ustedes… Reciban el Espíritu Santo” (Juan 20:21-22), estaba haciendo una clara conexión con la primera creación de Adán. Ahora Jesús es recreado. Está imitando el relato de la creación. Adán representa la gran amnesia y fragilidad humana. Cristo es la gran memoria y fuerza divina. La humanidad está siendo reanimada por aquello que siempre olvida; aliento y tierra, espíritu y materia, recuerdan nuevamente que, de hecho, son uno mismo. Dios está soplando aliento en “la arcilla de la tierra” (Génesis 2:7) nuevamente y recordándole que ya no es más sólo tierra y lodo. Esto, por supuesto, hace que la resurrección sea una conclusión inevitable porque, de hecho, el Espíritu nunca puede morir “y así como portamos la imagen del hombre terrenal, algún día llevaremos la del hombre celestial” (1 Corintios 15:49). La resurrección de Jesús no es una anomalía única, sino la estructura habitual y universal de la realidad revelada en una persona.

 

Los budistas buscan el mismo misterio con un vocabulario distinto cuando dicen: “La Forma es vacío, y el vacío es la Forma”, y que todas las formas eventualmente regresan a la ausencia de forma (espíritu o vacío) una vez más. Esto es observable y no necesita de una etiqueta religiosa como tal. Los cristianos lo llaman encarnación, culminando en muerte, resurrección y ascensión. Como sea que le llamemos, este proceso se trata de todos nosotros, y por supuesto de toda la creación, emergiendo como individuos y luego volviendo a Dios, al Fundamento de todo Ser. Esta totalidad cíclica debería quitarnos todo miedo a la muerte y permitirnos apreciar la vida de manera única. “Para Dios, todas las personas están ciertamente vivas”, como dice Jesús (Lucas 20:38). Sólo estamos en diferentes etapas de esa vitalidad. Una de esas etapas se ve y se siente como mortandad, la fase que demanda nuestra mayor confianza y renuncia. Y, por supuesto, si la humanidad es libre, debemos dejar siempre abierta la posibilidad de que algunos puedan elegir esta permanente mortandad, a la que llamamos “infierno”. Nadie se encuentra en tal condición a menos que elija estarlo.

 

Tan oculto como ha estado el Verdadero Ser respecto del Falso Ser, también así el Cristo Resucitado ha estado oculto de la mayor parte de la historia, como los relatos de los Evangelios parecen estar diciendo. No es de extrañarse que no podamos ver aquello que no nos dijeron que buscáramos o que esperáramos. ¡Así que nuestro trabajo es decirle a la gente que busquen y vean! Si acaso se nos dijo que miráramos, fue para buscar algún objeto divino fuera de nosotros en lugar de entender que la presencia divina está también dentro de nuestro ser. Este es el asombroso cambio de perspectiva que el Evangelio estaba destinado a lograr. Esta comprensión es el corazón de toda transformación religiosa (transformare, cambiar formas).

 

El Cristo Resucitado representa la forma definitiva de cada persona que ha caminado el viaje humano en esta tierra. Sé que necesitarás leer esta meditación muchas veces antes de poder asimilarla, pero vale la pena. Cambiará por completo tu perspectiva acerca de la vida.

 

Fuente original:

https://cac.org/the-dance-of-breath-and-soil-2016-01-18/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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