ENCARNACIÓN: Semana 1, día 5. Reflejar a Dios.

ENCARNACIÓN: Semana 1, día 5. Reflejar a Dios.

Hemos creado una horrible dualidad entre lo espiritual y aquello supuestamente no espiritual. Tal dualidad es, precisamente, lo que Jesús vino a poner de manifiesto como mentira. El principio de la encarnación proclama que la materia y el espíritu nunca han estado separados. Jesús vino a decirnos que estos mundos, distintos en apariencia, son y siempre han sido uno solo. Es que no podíamos verlos de esta manera hasta que Dios los integró en su mismo cuerpo (Efesios 2:11-20). “[En] Cristo, también ustedes son edificados en unión con él, para que allí habite Dios en el Espíritu”.

 

Tomás de Aquino (1224-1274) afirmó que “La creación es la revelación primaria y más perfecta de lo divino”. La encarnación original se produjo, de hecho, hace unos 13800 millones de años, en el momento que hoy llamamos el “Big Bang”. Allí es cuando Dios decidió materializarse y autoexponerse. Teníamos a este “Cristo cósmico” a través del cual Dios “nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, para que cuando llegara el tiempo señalado reuniera todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9-10).

 

Jesucristo es la mismísima verdad concreta que se revela y suplanta la verdad universal. Creo que a esto es que se refiere al referirse constantemente a sí mismo como “el Hijo del hombre”. Pablo escribe que “en él habita […] toda plenitud, […] todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos” (Colosenses 1:19-20). El filósofo franciscano John Duns Scotus (1265/66-1308) dice que Cristo fue la “primera idea” en la mente de Dios, y que Dios nunca ha cesado de pensar, soñar y crear al Cristo. “La inmensa diversidad y multiformidad de su creación representa de manera más perfecta a Dios que a cualquier criatura en particular o por sí misma”, agrega Tomás de Aquino en Suma Teológica (47:1). Cada manifestación revela una parte distinta del misterio eterno de Dios y, por lo tanto, merece de por sí respeto y reverencia.

 

¡Esto te incluye a ti también! Ser humano es sólo un poco menos que Dios (Salmos 8:6). Confiar en esto nos ofrece una extraordinaria dignidad, que poseemos en nuestra mismísima naturaleza humana, porque somos de hecho “hijos e hijas de Dios”. Somos creados a la imagen de Dios, salimos de él y a él retornaremos. ¡Cada uno de nosotros refleja de manera única parte del misterio de Dios que nos rodea! Debemos descubrir qué parte del misterio nos corresponde reflejar. Todo lo que puedo devolver a Dios es lo que Dios me ha dado exclusivamente a mí… nada más ni nada menos.

 

Fuente original:

https://cac.org/reflecting-god-2016-01-14/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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