ENCARNACIÓN: Semana 1, día 4. Portamos el misterio de Dios.

ENCARNACIÓN: Semana 1, día 4. Portamos el misterio de Dios.

Jesús es nuestra gran síntesis, el ícono del misterio completo, todo a la vez. “Porque en su cuerpo habita la plenitud de la Deidad, y en él […] ustedes también hallan su propia plenitud” (Colosenses 2:9-10). A pesar de esto, el cristianismo ha relegado el cuerpo a un dominio sombrío. Es evidente que no nos sentimos muy cómodos en nuestros cuerpos. Pero Jesús vino a mostrarnos que es en nuestra experiencia humana en lo que debemos y podemos confiar. Es nuestro punto de partida, bueno y necesario. De hecho, tras la encarnación, el mundo material se transforma obligadamente en el lugar privilegiado para el encuentro divino. Pero la mayoría de nosotros seguimos apuntando demasiado alto. Buscamos ascensiones, “estados superiores de conciencia” y perfeccionismo moral, mientras que Jesús sólo viene “y vive entre nosotros”.

 

En otra época, las imágenes religiosas eran bastante eróticas: apasionadas, sufrientes, desnudas, sangrantes, familiares y relacionales. En su mejor momento, el catolicismo lo comprendió muy bien, particularmente en el arte y el uso del lenguaje relacional: padre, hermana, madre superiora, hermano. El sacramentalismo resultaba abrumadoramente tangible, la liturgia parecía una obra de teatro y la música vibraba sensual y gratificante. Con el tiempo, muchas de las imágenes religiosas quedaron ocultas en los sótanos de las catedrales. Sin embargo, mediante la investigación de los historiadores de arte, se está poniendo en evidencia la usanza más antigua: la todavía escandalosa tradición de la personificación de Dios.

 

Imagino que estarás pensando y sintiendo: “¡Este asunto es peligroso!”. Y sí, es peligroso, al igual que el mismísimo evangelio. Así como hemos domesticado el evangelio para convertirlo en un medio de control y orden social, hemos evitado también el escándalo de la encarnación para eludir a Dios en el mundo material o, como dijo la Madre Teresa, “en su disfraz más desconsolador”. Si piensas que nos estamos alejando de la ortodoxia, echa un vistazo al perenne punto de partida de tal ortodoxia, la Eucaristía. De nuevo: ¡una presencia real en el pan físico y en el embriagador vino! El “cuerpo de Cristo”, decimos, mientras colocamos el pan en manos o bocas de los creyentes. De modo intencional, el acto es impactante, sexual, oral, místico y trascendental. Sólo tras miles de “comuniones” caemos en la cuenta de su verdad, y el misterio de la encarnación de Dios en Cristo prosigue de forma consciente en esta tierra. Portamos el misterio de Dios.

 

Fuente original:

https://cac.org/bearing-the-mystery-of-god-2016-01-13/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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