ENCARNACIÓN: Semana 1, día 2. Potencial negativo.

ENCARNACIÓN: Semana 1, día 2. Potencial negativo.

La genialidad de la revelación bíblica es que vamos a Dios a través de “lo real”, el momento presente, o, simplemente, lo que es. Como dice Paula D’Arcy: “Dios viene a nosotros disfrazado de nuestra vida”. Pero para la mayoría de las personas religiosas esto, de hecho, resulta una decepción. Aparentemente, prefieren los servicios religiosos a la vida normal. La Biblia nos mueve de los lugares sagrados (por eso el templo debía desaparecer) o de las acciones sagradas (por eso la ley tuvo que relativizarse) o de los sistemas mentales de creencias (por eso Jesús no tenía prerrequisitos al respecto) y nos lleva hacia el tiempo en sí mismo como un tiempo sagrado.  “Estoy con ustedes siempre, sí, hasta el final mismo de los tiempos” es el último versículo del evangelio de Mateo (28:20). Y el espacio en sí mismo es un espacio sagrado, “el mundo entero está lleno de su gloria” (Salmos 72:19).

La vida no se trata tanto de convertirnos en seres espirituales sino, más bien, de convertirnos en seres humanos, siguiendo la iniciativa de Jesús en su encarnación. Ya somos seres espirituales, inherentemente; pero, como evidencia a diario el periódico, nos cuesta mucho ser en esencia humanos. Simplemente no sabemos, no honramos, o no reconocemos que desde el principio hemos estado “escondidos con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). La Biblia intenta transmitirnos el secreto, revelándonos lentamente, a Dios en lo más ordinario. Por eso es que gran parte del texto parece tan mundano, práctico, específico y, francamente, no espiritual. ¿No estás cansado de las guerras, adulterios, violaciones, asesinatos y maquinaciones de los reyes en la Biblia? Sin embargo, esta regresión puede crear un “potencial negativo” que nos empuja hacia respuestas positivas, a medida que buscamos un propósito y una presencia.

Hablando de ordinario o mundano, permíteme darte un ejemplo tonto, en apariencia, de mi propia vida. Hace algunos años estaba parado en el área de artículos de limpieza en el mercado local, contemplando unas cajas de jabón en polvo para lavarropas.  Algo me pasó y, de repente, todo era maravilloso. Por un momento, el velo se abrió y lo supe: “¡Esto es lo que vale! No hay nada mejor que esto”. Debo haber permanecido de pie al menos cinco minutos, sonriéndole a las cajas. Afortunadamente, no había nadie más en esa área. ¿Quién de nosotros pudiera pensar que una experiencia sagrada como esa podría suceder en un supermercado? Pero sí que puede. La división entre lo secular y lo sagrado se rompe cuando aprendemos a ver. Todo es bueno. Todo está bien. Y la vida resplandece y brilla a través de todas las cosas. Sólo por un momento, probé lo real. ¡En una caja de jabón!

Permíteme decirlo claramente: un avance central en la revelación bíblica es que Dios se manifiesta en lo ordinario cotidiano, en lo real, en lo diario, en el ahora, e incluso puede revelarse a través de lo pecaminoso y lo malvado. Esto es muy diferente de lo que se podría asumir, que Dios sólo nos ofrece lo puro, lo espiritual, la idea correcta, o lo ideal de cualquier cosa. Esta es la razón por la cual Jesús pone la religión de cabeza. Los católicos solemos hablar de “gracia real” en esta luz. Por eso digo que son nuestras experiencias las que nos transforman… si estamos dispuestos a experimentarlas constantemente, incluso y sobre todo aquellas experiencias difíciles e hirientes. Generan un “potencial negativo” al aumentar tanto nuestra interminable necesidad como nuestro imperioso deseo.

Fuente original:
https://cac.org/negative-capability-2016-01-11/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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