ENCARNACIÓN: Semana 1, día 1. Dios no está “allá afuera”.

ENCARNACIÓN: Semana 1, día 1. Dios no está “allá afuera”.

Con frecuencia digo que la encarnación es la carta ganadora del cristianismo. La superación de la brecha entre Dios y todo lo demás. La síntesis de la materia y el espíritu. Sin encarnación, Dios permanece separado de nosotros y de la creación. A causa de la encarnación podemos decir: “Dios está con nosotros”. De hecho, Dios está en nosotros, y en todo lo demás que creó. Todos portamos el ADN divino; todo lleva la huella de lo divino, si el misterio de la personificación es verdadero.

Dios, quien es amor, encarna en la forma del universo, comenzando con el Big Bang hace 13800 millones de años, aproximadamente. Luego, 2000 años atrás, se encarna como Jesús de Nazaret, cuando la humanidad estaba preparada para lo que Martin Buber llamaría la relación “yo-TÚ” y para comprender personalmente que este misterio podía abordarse, que podíamos participar en él e, incluso, amarlo. Así, la materia y el espíritu siempre han sido uno, desde que Dios decidió manifestarse a sí mismo en el primer acto de la creación. (Efesios 1:3-10; Colosenses 1:15-20).

Es crucial que comprendamos la importancia de la encarnación. Esto se tornó muy claro para mí durante un encuentro casual con un ermitaño cerca de la abadía de nuestra Señora de Getsemaní en Kentucky, cuando fui a un retiro a la Ermita de Thomas Merton, en 1985. Un ermitaño es un solitario entre solitarios. Los ermitaños solo aparecen en comunidad para navidad y pascua. El resto del tiempo se quedan en el bosque, ellos solos con Dios.

Iba caminando por un pequeño sendero cuando vi venir a este ermitaño. Como no quería interferir, hice una reverencia con la cabeza y me aparté a un lado del camino, con la intención de dejarlo pasar. Pero a medida que nos acercamos dijo: “¡Richard!”. Me sorprendió. Se supone que era un ermitaño. ¿Cómo supo que yo estaba allí o quién era?

Me dijo: “Richard, tienes la oportunidad de predicar y yo no. Cuando lo hagas, dile a la gente una sola cosa: ¡Dios no está ‘allá afuera’! Que Dios te bendiga”. Y, abruptamente, siguió su camino. Así que acabo de decirles justamente lo que me ordenó. ¡Dios no está allá afuera!

La creencia de que Dios está “allá afuera” es el dualismo básico que está destrozándonos. Nuestra visión de un Dios distante y separado ha dañado nuestro entendimiento de la sexualidad; nuestra relación con la comida, las posesiones y el dinero; y nuestra relación con los animales, la naturaleza y nuestro propio ser encarnado. Esta pérdida es fundamental para entender por qué vivimos vidas tan angustiadas y divididas. Jesús vino precisamente a ensamblar todas las cosas para nosotros y en nosotros. En efecto, lo que él decía era que “¡ser humanos es bueno! Se puede confiar y disfrutar de lo material y lo físico. Este mundo es el lugar secreto de Dios y de su revelación”.

¡La etapa final de la encarnación es la resurrección! Y no se trata de un milagro excepcional hecho únicamente en el cuerpo de Jesús. Este es el estado final y consumado de toda personificación. Ahora hasta la nueva física nos dice que la materia en sí misma es una manifestación del espíritu, y que el espíritu o la conciencia compartida es lo real. La materia, además, parece ser eterna. Decimos en el credo que creemos en “la resurrección del cuerpo”, mientras que muchos de nosotros —todavía seguidores de Platón más que de Jesús— sólo creemos en la naturaleza eterna del alma.

Fuente original:
https://cac.org/god-is-not-out-there-2016-01-10/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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