El gigante blanco sin rostro

El gigante blanco sin rostro

Las semillas de la teología de un Dios airado fueron sembradas en mí desde temprana edad, presentadas en forma de tratados, las infames historietas evangélicas de J.T Chick. Con títulos como estos: Está fue tu vida, Alguien ha metido la pata, Una terrible verdad, ¿Los católicos romanos son cristianos? Las historietas de Chick generalmente terminaban con todos, excepto con los cristianos fundamentalistas, siendo arrojados a las llamas ardientes de algo parecido al Monte del Destino [El Señor de los anillos] por un despiadado Dios representado como un gigante sin rostro.

Cuando tenía doce años, un maestro de escuela dominical bien intencionado, pero poco útil me dio una historieta de Chick, y esas imágenes chillonas de absurda teología quemaron mi imaginación adolescente. ¡Había conocido al Dios airado! Y tenía miedo de este Dios. ¿Quién no lo tendría? En el Evangelio según J.T. Chick, si no crees lo que es correcto, ¡un gigante omnipotente te entregará a la tortura eterna! 

Afortunadamente, tenía la opción de creer en Jesús y ser salvo de su Padre, el Dios airado. Pero fue entonces cuando escuché a un predicador hacer una inquietante pregunta: “¿Crees en Jesús con tu corazón o simplemente con tu cabeza?”, él continuó diciendo que, si creíamos en Jesús con la cabeza, pero no con nuestro corazón, nos faltarían unos centímetros para entrar al cielo y ¡terminaríamos en el infierno para siempre! ¡Más teología inducida por la ansiedad! Ahora tenía que decidir si tenía fe en mi corazón o si estaba camino al infierno porque solo creía en Jesús con mi cabeza. Esa era mucha presión para un niño de doce años… o para cualquiera.

Crecí creyendo en Jesús, pero ahora tenía que decidir si estaba creyendo con mi cabeza o con mi corazón. Mi destino eterno estaba en juego. Pero, ¿cómo podría saberlo? ¿Cómo podría estar seguro? Pensaba que creía en Jesús con mi corazón, pero ese pensamiento rondaba en mi cabeza, así que… ¡que comience la locura!

Lo que sí sabía es que me caía bien Jesús. Me interesaba Jesús, pero me daba miedo su padre. Ese gigante blanco sin rostro, con obvios problemas de ira, quién arrojaba a los católicos y a quienes no creían lo correcto a las llamas ardientes del Monte del Destino. Y probablemente también, algunas de esas desdichadas almas arrojadas al infierno fuesen niños bautistas que trataron de creer en Jesús con su corazón, pero en realidad creyeron en Jesús con su cabeza. ¡Este tipo de teología es una prescripción para la psicosis religiosa!

La imagen de un Dios enojado acechaba mi adolescencia. ¿El espectro de un Dios enojado me ayudo a seguir las reglas? Tal vez si, tal vez no. Pero esa no es la pregunta. La pregunta no es si el miedo hace que los niños caminen derechos, sino si es verdad. La verdadera pregunta tampoco es si motiva a la gente a decir la oración del pecador, sino si es fiel al Dios revelado en Jesús. ¿Dios está bien representado cuando se lo muestra como un gigante blanco sin rostro y sin remordimiento?

¡No!

Dios tiene un rostro y se parece al de Jesús. Dios tiene una disposición hacia los pecadores y es el espíritu de Jesús. Este es el hermoso evangelio. Dios no es el gigante blanco sin rostro de una historieta de Chick. Dios es como Jesús. Dios siempre ha sido como Jesús. No hubo tiempo en que Dios no haya sido como Jesús; no siempre lo hemos sabido, pero ahora sí. ¡Dios es como Jesús! Dios no es un monstruo sádico que, según el infame sermón de Jonathan Edward, aborrece a los pecadores y los tira dentro de un foso ardiente. Dios, es exactamente como Jesús lo describió en su parábola más famosa: un padre que corre para recibir, abrazar y restaurar a un hijo pródigo.

No es una historieta de Chick ni un sermón puritano lo que revela perfectamente la naturaleza de Dios, ¡es Jesús! Es por eso, que rechazo profundamente la imagen que nos han dado de un Dios airado y estereotipado. Entiendo cómo esta imagen de Dios puede ser justificada. Entiendo que podemos utilizar la Biblia como nuestra paleta para pintar un monstruoso retrato de Dios; pero para cuando terminemos, si la imagen no se parece a Jesús, ¡nos habremos equivocado! Es un retrato falso y distorsionado. Habiendo visto el rostro de Dios en Jesucristo, no puedo tolerar la imagen de J.T. Chick del gigante sin rostro o el Dios airado de Jonathan Edwards. Tampoco podría el gran George MacDonald.

George MacDonald fue un novelista, poeta, predicador, conferencista, místico y teólogo escocés del siglo XIX. Su influencia sobre los pensadores y escritores seminales excedió su fama entre el público en general. G.K. Chesterton, J.R.R. Tolkien y Lewis Carroll fueron enormemente influenciados por George MacDonald. C. S. Lewis dijo sobre él: “Nunca he ocultado el hecho de que lo consideraba como mi maestro; de hecho, creo que nunca he escrito un libro en el que no lo haya citado”. En cuanto al retrato de Dios encontrado en el sermón de Jonathan Edwards, “Un Dios airado”, George MacDonald dijo esto:

No deseo despertar ninguna disputa, no voy a discutir con ningún hombre, pero por el bien de aquellos creyentes que tienen ciertas dudas, he expresado mi opinión. Amo al único Dios visto en el rostro de Jesucristo. A todos los ejemplares del retrato de Dios de Jonathan Edwards, aunque se hayan desvanecido por el tiempo, aunque hayan sido moderados por la utilización de pinturas menos evidentes, los he aborrecido. No es respecto a tal Dios que Juan oyó de Jesús, que él es luz, y en él no hay tinieblas en lo absoluto.

George MacDonald tiene razón, así también el apóstol Juan. Nadie ha visto a Dios hasta que ha visto a Jesús. Cada otro retrato de Dios, de cualquier fuente, está subordinado a la revelación de Dios dada a nosotros en Jesucristo. Jesús es la palabra, el logos de Dios, la lógica de Dios en la forma de cuerpo humano. Los cristianos deben creer en la perfecta, infalible, inerrante Palabra de Dios, y su nombre es Jesús. Jesús es el icono del Dios invisible. Entonces, ya sea el sermón puritano de Jonathan Edwards, o la historieta fundamentalista de J.T. Chick, tenemos que preguntarnos, ¿este retrato se parece al de Jesús? ¿El gigante blanco sin rostro o el monstruo sádico y despiadado se parece a Jesús? ¡Por supuesto no! Así que somos libres de rechazar estas historietas difamatorias de Dios. ¡Debemos rechazarlas! Y yo lo he hecho.

Mi icono favorito.

Fuente original:

https://brianzahnd.com/2016/06/the-faceless-white-giant/#more-5649

Brian Zahnd

Brian Zahnd

Fundador y Pastor de Word of Life Church

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