El fin del mundo tal como lo conocemos – Parte 2: El Tiempo de Crisis

El fin del mundo tal como lo conocemos – Parte 2: El Tiempo de Crisis

En la primera parte de esta serie hablé de cómo podemos lidiar con la realidad de una Biblia imperfecta, e incluso de cómo podemos encontrar a Dios en ese libro imperfecto. Se trata de alejarse de sentir que siempre necesitamos encontrar una explicación para justificar las cosas (incluso los intelectuales evangélicos de izquierda tienden a esto), y de cuán difícil nos es aceptar que la Biblia, al igual que nosotros, es un recipiente imperfecto en el que Cristo mora. Así que en lugar de siempre estar buscando explicar por qué ese recipiente no es defectuoso, propongo que aprendamos cómo encontrar a Cristo en medio de la imperfección. ¿No es esa toda la idea de la encarnación?

El tema específico que fue el punto de partida para esta discusión fue la escatología, y enfrentémoslo… la escatología puede volverse muy extraña con todos sus dragones y demonios, realmente repugnante con toda su charla sobre sangre y tormento, y realmente problemática con todos los devotos del día del juicio. No es de extrañar que una gran cantidad de cristianos simplemente ignoren cortésmente todo el asunto.

Aunque podríamos desear que la escatología pudiese ser “dejada atrás” (tu tun tsss), creo que si nos esforzamos y miramos lo suficientemente profundo, encontraremos que el Evangelio de Mateo, con su enfoque apocalíptico, tiene algo que decir acerca del fin de los tiempos que, lejos de ser irrelevante, contiene un mensaje profundamente bueno y transformador que necesitamos escuchar desesperadamente en nuestro tiempo, justo ahora.

Mateo escribe en un tiempo de crisis, un tiempo donde toda la gente sentía que las cosas habían alcanzado una masa crítica y algo se tenía que dar. Muchos sienten que hoy estamos en un tiempo de crisis. La campaña de Trump saca provecho de esos sentimientos y temores. En la Convención Nacional Republicana (RNC) Trump inició su discurso de aceptación diciendo: “Nuestra Convención ocurre en un momento de crisis para nuestra nación”, antes de lanzarse a una larga letanía de señales del fin, de las que prometió rescatarnos a todos.

En estos tiempos de crisis, es común para la gente decir que la moralidad y los valores que sostendríamos comúnmente deberían ser abandonados con razón. Esto lo vemos a través de la historia, y podemos verlo ahora también. Este ha sido el argumento de aquellos evangélicos que apoyan a Trump. Ellos son conscientes de que es moralmente el polo opuesto a un padre de familia con valores, y aún más conscientes de que no es alguien que vaya a promover la paz o trabajar para resolver el conflicto. Muy por el contrario, él es alguien de quien se espera que utilice tácticas extremas de un hombre fuerte para “hacer grande a Estados Unidos”, como prohibir a todos los musulmanes del país, matar y torturar a las familias de los sospechosos de terrorismo, romper los acuerdos del tratado de la OTAN a menos que otros países nos “paguen”, usar más armas nucleares, revocar la libertad de la prensa a decir algo crítico de él, y una serie de otras cosas que se asocian comúnmente con el comportamiento de un demagogo o un dictador tiránico. Lo que se considera un mal necesario justificado ante la presente crisis. De hecho, estos evangélicos no lo ven como un problema a ser tolerado, sino como fuerza y virtud. Ellos ven a la violencia como buena y a la confianza en ella como el medio para ser “salvados” en la crisis.

Todo esto hace eco de las esperanzas mesiánicas que albergaba la gente en el tiempo de Jesús. Antes como ahora, en tiempos de crisis las personas buscan a un hombre fuerte, un salvador que nos rescate con su poderosa espada. Esa también fue la esperanza mesiánica. Ellos esperaban que el Mesías fuese un rey-guerrero que mataría a los enemigos gentiles. No esperaban un Señor-siervo que moriría por los pecadores y ofrecería salvación tanto a judíos como a los enemigos gentiles. Los líderes religiosos no esperaban a Jesús, y parece ser que hoy también muchos líderes evangélicos están buscando un tipo diferente de Mesías.

En tiempos de crisis, la respuesta común es sentir la necesidad de acciones extremas en respuesta a la crisis. Como Jerry Falwell Jr. dijo en su discurso en la RNC: “Estamos en una encrucijada donde nuestra prioridad debe ser salvar nuestra nación”. En consecuencia, como aclaró en una entrevista, los problemas sociales, la moralidad personal (por no hablar de la decencia humana básica), todo cae a “el último lugar de la lista, muy abajo”. La lógica básica aquí es que todas esas cosas que veríamos normalmente como inmorales e hirientes están bien en tiempos de crisis.

Lo que es único sobre el Evangelio de Mateo es que propone que nuestra respuesta a la crisis debería ser todo lo contrario, no debemos tratar de justificar respuestas extremas y violentas, no debemos encontrar una justificación para lanzar la decencia y la moralidad por la ventana en estado de emergencia. En vez de eso, Mateo subraya, una y otra vez, que la manera en que vamos a salvarnos de la crisis que se avecina es ejemplificando el camino del amor radical y el perdón frente a la maldad y la opresión. Tenemos que vencer el mal, no devolviendo daño por daño, sino amando a nuestros enemigos. Ese es el mensaje que encontramos que se repite una y otra vez en el Evangelio de Mateo. En la crisis no debemos justificar el ser menos buenos, más bien, debemos elevarnos para ser más buenos. Michelle Obama resumió bien esto cuando compartió el consejo que le da a sus hijas: “Cuando alguien es cruel o actúa como un matón, no te rebajes a su nivel. No, nuestro lema es: cuando ellos se rebajan, nosotros nos elevamos aún más”.

Victor Frankl tuvo la oportunidad de observar a las personas desde un lugar de profunda crisis -como prisionero dentro de un campo de concentración nazi-. Allí, el psicólogo observó que un momento de crisis tiene el potencial de sacar lo mejor en las personas, y lo peor. Fue testigo de personas convirtiéndose en ángeles y en demonios, personas comunes que en momentos de crisis mostrarían increíbles actos de amor desinteresado y bondad o exhibirían la crueldad más inhumana. Nos engañamos cuando pensamos que estos eran monstruos que hacían estas cosas malas. Una madre puede mostrar amor heroico y “elevarse más alto”, pero también puede justificar una crueldad atroz en nombre de la protección de su familia. Frankl observó ambas en Auschwitz. La naturaleza del mal es casi siempre una donde la persona que comete la atrocidad se siente justificada en sus acciones.

Realmente estamos en una encrucijada, una encrucijada del alma. En el momento de la crisis tenemos que tomar una decisión. ¿Nos hundiremos justificando herir para proteger nuestro propio interés, o nos elevaremos para mostrar gracia, misericordia y bondad en medio de toda la fealdad y el miedo? En ese sentido el evangelio es profundamente personal, pero no sólo es personal, sino también social y político. El mensaje central que predicaba Jesús era el “reino de Dios”, un término cuyo significado tal vez sea mejor comunicado hoy como “la política de Dios”, es decir, la manera de Dios de organizar la vida en común. Los valores y el camino que Jesús nos mostró no se detienen al llegar a la esfera política o pública. No se pretende que sean dejados de lado cuando las cosas se ponen difíciles. Cómo dice Jesús en el Sermón del Monte en el Evangelio de Mateo:

“Ustedes han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo’, y la frase implícita, ‘odia a tu enemigo’. Estoy desafiando esto. Yo les digo que amen a sus enemigos. Déjenlos sacar lo mejor de ustedes, no lo peor. Cuando alguien les dé un mal rato, respondan con las energías de la oración, porque entonces estarán ejercitando su verdadero ser, su ser creado por Dios.

Esto es lo que hace Dios. Él da lo mejor -el sol para calentar y la lluvia para nutrir- a todos, sin tener en cuenta: al bueno y al malo, al agradable y al repugnante. Si todo lo que haces es amar al amable, ¿esperas un beneficio? Cualquiera puede hacer eso. Si simplemente saludas a aquellos que te saludan, ¿esperas una condecoración? Cualquier pecador común y corriente hace eso.

En una palabra, lo que digo es: crezcan. Ustedes son sujetos del reino. Ahora vivan como eso. Vivan su identidad creada por Dios. Vivan con generosidad y amabilidad hacia los demás, del modo en que Dios vive para con ustedes”. (Mt 5:43-48, MSG)

Hablando él mismo desde un momento de crisis, Mateo tiene un mensaje importante que necesitamos escuchar hoy en nuestro tiempo de crisis. Él nos llama a responder a la manera de Jesús, un camino que se caracteriza por la gracia, el perdón y el amor a los enemigos. Cuando ellos se rebajan, nosotros nos elevamos aún más.

 

Fuente original:

http://www.therebelgod.com/2016/08/the-end-of-world-as-we-know-it-part-2.html

Derek Flood

Derek Flood

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