El escándalo de la particularidad

El escándalo de la particularidad

Cuando era joven, me preguntaba por qué Jesús no vino a la tierra como una mujer (me parecían más inteligentes). También me preguntaba por qué Jesús no había venido como irlandés (nuestra familia es parte irlandesa), o incluso como un perezoso de tres dedos (mi animal favorito). ¿Y por qué había venido solo una vez, hace tanto tiempo, en vez de venir hoy y todos los días para una visita? Jesús viniendo solo una vez, en un lugar, como una persona, en un momento de la historia, simplemente no me parecía “justo”.

Mi papá era un hombre amable, gracioso y sabio. A menudo lo acribillaba con mis preguntas extrañas y maravillosas, y él me ayudaría pacientemente a pensar en las posibles respuestas.

—“¿Por qué Jesús no vino como mujer?”. Le preguntaría.

“Podría haberlo hecho”, decía mi papá. “Dios puede hacer cualquier cosa. Pero los hombres eran la gente poderosa en esa cultura, como en la mayoría, y tal vez Jesús vino en esa forma para enseñar a la gente con poder cómo ser humildes. ¿Recuerdas cuando les enseñó a sus discípulos a lavar los pies? En esa cultura, un trabajo como ese estaba reservado para sirvientes o mujeres, que no tenían poder. Pero cuando Jesús lavó los pies a sus discípulos, ¡les dijo que necesitaban aprender a lavar los pies también!”.

—“¿Por qué no un irlandés?”. Indagué.

“Dios puede hacer cualquier cosa. Pero él ya había estado trabajando pacientemente con un grupo de personas, el pueblo judío, para enseñarles cómo ser la luz del mundo juntos. Cuando no estaban iluminando el mundo como Dios quería, Jesús vino específicamente a ellos, como uno de ellos”.

—“¿Por qué no un perezoso de tres dedos?”. Pregunté.

“Podría haberlo hecho”, diría mi papá, de alguna manera todavía paciente. “Dios puede hacer cualquier cosa. En los días de Moisés, Dios se convirtió en fuego en un arbusto y una columna de nube, así que estoy seguro de que podría convertirse en un perezoso de tres dedos si quisiera. Pero recuerda, de todas las criaturas, solo nosotros somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Fuimos puestos a cargo del planeta para cuidar de la creación. Piensa en ello, a través de nuestras elecciones, podemos cuidar de los perezosos de tres dedos o dañarlos dañando su ambiente. Nuestras decisiones los afectan de manera que sus decisiones nunca nos afectarán, al igual que nuestras decisiones ambientales afectan la vida de cada especie de una manera que sus decisiones no lo hacen. Somos los poderosos en la naturaleza. Pero, como aprendimos de Spider-Man, ‘con un gran poder viene una gran responsabilidad’. Fuimos hechos a semejanza de Dios, lo que significa que necesitamos aprender de Dios a cómo usar el poder para amar, cuidar y cultivar”.

—“¿Pero por qué entonces y no ahora?”. Yo diría.

“Él podría. Dios puede hacer cualquier cosa. Pero su tiempo parece perfecto. En aquel entonces, recién entonces los caminos romanos hicieron posible que el Evangelio viajara a lo largo y ancho con nueva efectividad. La Pax Romana (paz romana) hizo posible recorrer esas carreteras con seguridad razonable. Y un lenguaje común, el griego, empezó a hablarse entre diferentes grupos de personas, permitiéndoles comunicarse unos con otros como nunca antes. Y los romanos ejecutaban a la gente de una forma muy sangrienta —la crucifixión— lo cual le permitiría a Dios demostrar la llegada del Nuevo Pacto y el fin de todo sacrificio religioso a un pueblo que veía la sangre como el centro del sacrificio religioso. Una vez que todo estaba en su lugar, ¿por qué esperar otro día?”.

—¿Por qué no viene todos los días?

“Podría hacer eso”, diría mi padre, todavía con una paciente sonrisa. “Dios puede hacer cualquier cosa. De hecho, lo hace cada día y a cada momento a través de su Espíritu Santo. Pero Brux, si Dios realmente fuera a convertirse en Jesús a través de uno de nosotros —quiero decir, realmente ser humano— entonces eso significa que no vendría todos los días en todos los lugares. Los humanos no viven de esa manera. Los seres humanos viven una vida en un lugar a la vez. Y Dios decidió hacerse humano como nosotros”.

Mi papá, mi mamá y mis hermanas mayores, los maestros de la escuela dominical y los pastores jóvenes, todos ellos tuvieron que soportar mis muchas preguntas. Y su paciencia dio resultado. Finalmente lo entendí: Dios vino a nosotros como uno de nosotros. Esa es la encarnación, y es fundamental para el evangelio. Esta idea de encarnación tiene profundas implicaciones. Los teólogos llaman a esto “el escándalo de la particularidad”.

Al hacerse humano, Dios se hizo particular, un ser humano específico, no solo la humanidad como concepto generalizado. Y eso crea particularidad en el tiempo y el espacio, el género y la raza. Dios se convirtió en esto y no en eso. Dios se hizo hombre y no mujer. Dios se hizo judío y no gentil. Dios se hizo un israelita y no un canadiense. Dios se hizo pobre y no rico. Dios se convirtió en una persona del siglo primero y no en una persona del siglo XXI.

El apóstol Pablo escribió:

Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos.  Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios.

(Gálatas 4:4-7).

Cuando vino la plenitud del tiempo. Fue entonces cuando Jesús vino. Como uno “nacido bajo la ley”, Jesús vino como parte de una de las religiones del mundo que imponen reglas, observan rituales, construyen templos, sacrifican animales y derraman sangre, para acabar con todo, desde el interior hacia fuera. A través de Jesús, Dios vino a nosotros en el momento justo, de la manera correcta, para decir todo lo que Dios tenía que decirnos. Ahora, con la religión fuera del camino, Dios nos acerca, como sus hijos. (Somos llamados “hijos”, no para excluir a las mujeres, sino para enfatizar el estatus de igualdad que tienen las mujeres en la familia de Dios). En ese momento, las hijas no tenían derechos. Así que Dios les dice, a los hombres y a las mujeres, todos ustedes son mis “hijos”, para enfatizar que todos nosotros, varones y mujeres, somos herederos del amor y la bendición que Dios tiene para sus hijos).

Ya no somos esclavos. Antes de Jesús, e incluso ahora, apartados de Jesús, todos podemos llegar a ser esclavos de algo, de algún sistema de pertenencia, incluso y especialmente del sistema de la religión. Pero ya no somos esclavos. Ya no tenemos que servir a nuestros propios frágiles egos, siempre clamando subconscientemente por la afirmación y la aceptación que tan desesperadamente deseamos. Ahora somos hijos de Dios. Que penetre: somos hijos de Dios. Y, junto a Jesús, compartimos nuestra herencia: el gran amor de Dios por sus hijos, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

Sí, Jesús vino “una vez en un tiempo” y “una vez en un lugar”. Pero hoy, por medio del Espíritu Santo, no solo tenemos a Dios con nosotros, sino también dentro de nosotros, en todo tiempo y en todo lugar. Ahora que has terminado de leer esta publicación, tomate un momento para ser consciente de esto: Dios está contigo, dentro tuyo, y a todo tu alrededor. Respira profundamente, y recibe el amor infinito que es tu herencia.

 

Fuente original:

the scandal of particularity

 

Bruxy Cavey

Bruxy Cavey

Autor, Pastor de The Meeting House.

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