El diablo es real: Algunos pensamientos sobre duda, gracia y perdón de los pecados

El diablo es real: Algunos pensamientos sobre duda, gracia y perdón de los pecados

Es domingo de Pascua. Un día cuando muchos reflexionan sobre la resurrección y su relación con la aparentemente obscura noción del “perdón de los pecados”.

He explorado este tema de varias maneras a lo largo de los años, de hecho, mi último libro ofrece una lectura de lo que significa “perdón del pecado” sin ninguna mistificación ni el obscurantismo que viene desde la representación religiosa del cristianismo. Así que, aquí me gustaría expandir brevemente mi trabajo anterior diciendo algunas cosas acerca del Diablo y como su personaje diabólico encaja en el cuadro.

Para abordar el tema, necesitamos reflexionar brevemente sobre la ansiedad.

Tradicionalmente, la ansiedad ha sido vista como el miedo a nada. No una carencia de miedo, sino más bien un temor a la misma nada. Mientras que podríamos sentir miedo al dolor, por ejemplo, estaríamos ansiosos acerca de la muerte (la muerte como un privilegiado símbolo de la carencia). En una fobia tomamos algunas ansiedades generales y las comprimimos en miedo. Del mismo modo en que partícula sub-atómica superposicionada cruje hacia una posición cuando se mide, así nuestra ansiedad se compacta en un miedo concreto a las polillas, las mariposas o los ratones.

Aquellos que escriben sobre la ansiedad a menudo notan las variadas maneras en la que se manifiesta en nuestras vidas. Tillich, por ejemplo, escribe sobre 3 manifestaciones principales:

Culpa, falta de significado y muerte.

Esta profunda carencia se maneja con diferentes nombres. En psicoanálisis, es expresada en la Pulsión de Muerte; en el existencialismo asoma su cabeza bajo el nombre de Alienación; en el post-estructuralismo se conecta con la Différance (Diferencia); en teología la llamamos Pecado.

Sin embargo, la tradición cristiana complica el cuadro de ansiedad conectándolo simplemente a la carencia. Una idea oculta para la mayoría, pero visible para Lacan.

Uno de sus fenomenales puntos de vista es la idea de que la ansiedad tiene un objeto; aunque uno más bien extraño.

No entraré en detalles técnicos en este post, sino más bien intentaré expresar su idea con una analogía que podría ayudarnos a acercarnos a la idea de la resurrección.

Imagina que hemos comprado una casa que perdió su valor. El banco la ha tomado de nuevo y nos hemos quedado con una enorme deuda.

Deuda es el nombre económico para carencia. Una deuda es literalmente nada: una carencia que nos liga al banco, edificio, grupo o gobierno. Algo se ha perdido (en sí la representación material de la deuda, pero eso es tema para otro día), dinero que se requiere para cumplir con la deuda.

Técnicamente, la deuda no es lo que causa la ansiedad. No es más que la condición para la ansiedad. Si nos mudáramos a otro país, podríamos dejar la deuda atrás. Aun existiría, pero no recibiríamos ninguna carta o llamado telefónico, y nadie tocaría a nuestra puerta solicitando el pago.

La ansiedad es producto de que los otros nos siguen recordando nuestra deuda. Aquellos que envían las cartas, los textos y las personas a tocar nuestra puerta.

Sartre escribió la célebre frase acerca de cómo nuestro ser involucra a la nada. Como todos estamos habitados por una cierta duda.

El punto que hace Lacan es que la deuda es solo una causa de sufrimiento cuando un otro (el superego) continúa enviándonos cartas que nos recuerdan de ello.

Como niños, habitamos un mundo en donde las autoridades de diferentes rangos no dejan de decirnos lo que debemos y no debemos hacer. Estas autoridades externas son internalizadas gradualmente y continúan acechándonos diciéndonos que no somos suficientes, que no somos lo suficientemente ricos, atractivos, divertidos. En resumen, hay una carencia dentro nuestro que necesitamos llenar.

El problema, señala Freud, es que cuanto más tratamos de satisfacer las demandas de esta autoridad, en realidad más ansiosos nos volvemos. La bestia no puede ser satisfecha mediante nuestros logros, la bestia se alimenta de nuestra constante y creciente ansiedad por no alcanzar nuestros objetivos.

Para Lacan (al menos mi lectura de Lacan), la ansiedad por lo tanto se conecta a este otro que siempre nos está enviando cartas que nos dicen cuanto debemos.

En términos teológicos, puede ser llamado el Diablo. Es el otro dentro de nosotros que constantemente usa nuestra ansiedad/alienación/pecado contra nosotros. Sumergiéndonos en la desesperación al decirnos que no somos los suficientemente buenos.

En términos económicos, bancarrota es el nombre otorgado para la perdida de nuestra deuda. Es la vacía representación del vacío que nos esclaviza.

Por supuesto, en los Estados Unidos la bancarrota no es el perdón total de la deuda, y hay otros compromisos.

Pero es lo más cercano una a analogía que tenemos con la idea de perdonar una deuda en nuestro sistema económico. Cuando se perdona una deuda, uno no la paga, sino más bien la niega. Un ideal consagrado en el nunca realizado año del Jubileo.

Cuando uno está en bancarrota, las cartas, las llamadas telefónicas y las visitas se detienen. Y con ellas, la ansiedad que producen se disipa. Es la perdida de la perdida.

En una lectura religiosa del cristianismo, el Diablo puede por lo tanto describirse como la esclavización interna del otro que nos habita, causándonos real sufrimiento al recordarnos nuestra carencia.

El Diablo, por lo tanto, existe del mismo modo que la sociedad o el inconsciente. Por supuesto, si sacáramos a todos del mundo, no encontraríamos un objeto llamado “sociedad”. Sin embrago, la sociedad es una fuerza operativa que nos hace demandas reales. Esto es lo que se entiende por racismo estructural. Puede que los individuos no sean racistas, pero operan en un sistema que lo es. Un sistema que dicta a qué escuelas deberían enviar a sus hijos, dónde deberían comprar una casa, beber o socializar. Del mismo modo, el inconsciente no es algo que encontremos en el cerebro, los inconscientes designan a una estructura que emerge de los seres del deseo y el lenguaje. Sin embargo, tiene una existencia espectral, como vemos en deslices freudianos, y es objeto de estudio en el psicoanálisis. Su existencia, por lo tanto, es similar a la existencia de los números imaginarios en las matemáticas. Muchos de nosotros luchamos con el Diablo a diario, y el desafío consiste en vencerlo a través de experimentar las interconectadas realidades de la gracia y el perdón. Dos estructuras que drenan al diabólico otro de su poder.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2016/03/the-devil-is-real-some-thoughts-on-debt-grace-and-the-forgiveness-of-sin/

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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