¿El Capitalismo es compatible con el cristianismo?

¿El Capitalismo es compatible con el cristianismo?

Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos, interrumpió por completo sus vidas económicas. Simón y Andrés, Santiago y Juan estaban trabajando para su empresa familiar como se habían planteado hacer. Sus padres eran pescadores, al igual que los padres de sus padres, remontándose más allá de la memoria. La pesca era una manera de hacer dinero, pero también era mucho más que eso. La empresa familiar proveía un sentido de lugar, de significado. Era un orden social que permitía a cada miembro de la familia saber exactamente donde encajaba.

Sólo cuando entendemos esto podemos empezar a comprender la naturaleza radical de la invitación de Jesús a sus primeros seguidores y amigos: Síganme, y yo los haré pescadores de hombres. Jesús ofrecía un orden económico y social totalmente diferente. Su invitación era un salto al vacío, sin justificaciones o garantías. Los primeros discípulos de inmediato abandonaron sus redes, sus medios de vida, todo el orden social que les dio un punto de apoyo. Dejaron todo, incluso su propia visión del mundo, para seguir a Jesús.

Hoy, el desafío de Jesús no es menos serio. Él nos invita a una vida tan radicalmente diferente de nuestras suposiciones cotidianas que tenemos dificultades para comprenderla. El camino del discipulado de Jesús no nos permite simplemente incorporar sus enseñanzas a nuestro orden social preexistente. La buena noticia del reino de Dios -nuestra misión, la que deberíamos aceptar- nos jala fuera de nuestra zona de confort de la misma manera que lo hizo para los primeros seguidores de Jesús hace tantos años en el Mar de Galilea.

Por supuesto, la mayoría de nosotros no pesca para ganarse la vida. Y si lo hace, probablemente sea para la empresa familiar, transmitido como un oficio de generación en generación. No vivimos en las economías premodernas de campesinos y herreros, sacerdotes y gobernadores imperiales. Gracias a Dios.

Pero vivimos en un gran orden económico, en gran parte incuestionable, que define nuestra vida no menos que los oficios familiares y los lazos económicos que eran tan críticos para los primeros cristianos. Vivimos dentro de un nuevo orden mundial, uno tan penetrante y poderoso que la mayoría de las veces no nos damos cuenta de ello. Solo es la realidad.

Hoy en día, vivimos nuestras vidas incrustados en el orden económico y social del capitalismo global. Así como el poder de Roma y su economía imperial era una realidad prácticamente indiscutible en el mundo antiguo, la dominación moderna de la neoliberal economía global es la realidad para prácticamente cada persona que vive en la tierra hoy. Amala u ódiala, la vida es así.

¿Lo es? ¿Qué pasa si hay un poder mayor que el de Wall Street, el capitalismo de consumo, y el violento aparato requerido para sostenerlo?

Los cristianos pueden argumentar hasta que a las ranas les salgan pelos sobre cómo definir el capitalismo, y si es una bendición o una amenaza. Esa es una conversación que vale la pena tener, pero no golpea el corazón de la cuestión. El ministerio de Jesús no se centró en la formación de una sociedad de debate. El construyó un movimiento, una familia.

Él todavía nos está invitando a este nuevo orden social en la actualidad. La familia de Dios está en medio de nosotros y desafía todas nuestras suposiciones acerca de lo que es valioso, quien debe ser honrado, y cómo debemos vivir. Jesús sigue de pie en la orilla del mar, llamándonos a dejar las redes y seguirle.

¿Qué significa este llamado para nosotros en términos concretos? ¿Estamos siendo llamados a dejar nuestros puestos de trabajo? ¿Nuestros vínculos sociales? ¿Nuestra concepción de quién y lo que tiene valor? ¿Qué significa arrepentirnos (es decir cambiar toda nuestra manera de vivir en el mundo) en el contexto de un capitalismo global que amenaza con hacer nuestro precioso planeta rápidamente inhabitable? ¿Qué enredada red se nos está llamando a tirar, y cuál es el camino, la comunidad, la familia que la reemplaza?

Ha pasado el tiempo de un enfoque meramente religioso sobre estas preguntas. No es suficiente cambiar en nuestros corazones, cuando nuestras vidas siguen estando completamente arraigadas en las suposiciones y la economía del imperio global. Lo que necesitamos ahora es una firme determinación para volver a examinarlo todo, para cambiar toda nuestra vida en pos de la plena verdadera existencia que Jesús promete.

Pero lo primero es lo primero: Dejemos nuestras redes y sigámoslo.

 

Fuente original:

http://www.redletterchristians.org/is-capitalism-compatible-with-christianity/

Micah Bales

Micah Bales

Autor, Maestro.

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