¿Dios es único? ¿Dios es distinto? Parte 2

¿Dios es único? ¿Dios es distinto? Parte 2

En la primera parte de esta Pregunta que Acecha al Cristianismo, escribí acerca de Dios como creador. Hoy dirijo mi atención a la encarnación como algo que muestra la singularidad ontológica de Dios. Como recordatorio, la pregunta vino del lector Pat, y tiene que ver con una polémica publicación de Roger Olson de la semana pasada:

La semana pasada, leí el ataque de Roger Olson a La Teología del Proceso, y entonces vi tu tweet sobre la controversia:

 

@Toy_Adams @theBoSanders Estoy con Olson sobre la singularidad ontológica de Dios y la voluntaria autolimitación, pero él resume el proceso.

Tony Jones (@jonestony) 06 de diciembre de 2013

 

Yo también me siento atraído hacia la teología relacional y del proceso, pero lucho con la sensación que recibí del Proceso sobre que Dios en realidad no es muy especial, que Dios no es único. Es por eso que tu tuit me llamó la atención, por lo que mi pregunta es la siguiente: ¿Es Dios ontológicamente único del resto de la creación?

Para los cristianos, la encarnación de algún aspecto de la divinidad de Dios en la persona de Jesús de Nazaret ha sido siempre de suma importancia. Las implicaciones de esta encarnación afectan a casi todos los demás aspectos de la doctrina cristiana, y no menos importante, el significado de la muerte de Jesús en la cruz (de la que actualmente estoy escribiendo un libro).

Pero esta publicación no se refiere a las avanzadas obras de la encarnación, ni siquiera a la naturaleza de la encarnación, sino al mismo sentido de la encarnación.

Aquí está mi tesis: Si Dios no es ontológicamente distinto de la creación, entonces la encarnación no tiene sentido.

Desde los primeros días de la iglesia, la encarnación ha sido entendida como un puente entre lo inefable y lo mundano. Aquí está Juan Crisóstomo en el primer sermón de Navidad que alguna vez haya sido predicado, en el 386:

Aquí descansó la naturaleza, mientras que la Voluntad de Dios trabajó. ¡Oh inefable gracia! El Unigénito, que es antes de todas las edades, que no se puede tocar o percibir, que es simple, sin cuerpo, ahora se ha colocado en mi cuerpo, que es visible y susceptible de corrupción. ¿Por qué razón? Esa venida entre nosotros puede enseñarnos, y en la enseñanza, llevarnos de la mano a cosas que los hombres no pueden ver. Porque desde que los hombres creen que los ojos son más confiables que los oídos, dudan de lo que no ven, y por lo tanto Él ha dignado mostrarse a sí mismo en presencia corporal, que quite toda duda.

Y aquí, siglos más tarde, está Krista Tippett en una publicación sobre por qué ella ha renunciado básicamente a casi todos los aspectos de la Navidad, excepto a uno:

Esto es lo que tomo en serio. Hay algo audaz, misterioso y realístico en la aseveración -que se ha mantenido viva durante dos mil años- de que Dios adquirió ojos, oídos, manos y pies; hambre, lágrimas, risa, gripe, alegría, dolor, gratitud y nuestra terrible necesidad humana de redención uno con el otro. No es probable, pero es profundamente humanizante, concreto y espiritualmente exigente. Y no es menos racional -ni más loco- que los mitos económicos y políticos a los que entregamos de forma rutinaria nuestros destinos en esta cultura, y nuestros detrimentos individuales y colectivos.

En los 1627 años entre la composición de esas palabras, los cristianos han afirmado algo sobre la encarnación, que en la encarnación, sucedió algo que no había ocurrido antes. Que, en la encarnación, se realizó la unión del ser humano y lo divino.

Algunos lectores se preocuparán de que esto implique una distancia entre Dios y el ser humano, un abismo que trae malos recuerdos de tratados y sermones basados en el miedo y llamados al altar. Pero no es necesario retirarse hacia la errónea doctrina del pecado original para reconocer una brecha entre lo humano y lo divino. De hecho, permíteme sugerir que algunos de mis compañeros han reaccionado de manera exagerada en los últimos tiempos. Han traído a Dios tan bajo como para borrar toda distinción entre el Creador y la creación. Mientras que otros -penosamente muchos, en mi opinión- han matado a Dios por completo.

Sin embargo, habemos aquellos de nosotros, al igual que John y Krista Tippett Chyrsostom, que sostienen que algo único sucedió en esa humilde mañana, en algún lugar de Palestina, en algún momento durante el gobierno sirio de Quirino. Me cuento entre los que encuentran este evento lleno de esperanza mesiánica y promesa escatológica.

Porque es en el carácter singular de Dios que la encarnación tiene su poder.

Feliz Navidad.

 

Fuente original:

http://tonyj.net/blog/2013/12/23/gods-uniqueness-part-two-incarnation/#sthash.357cwbr5.dpbs

Tony Jones

Tony Jones

Teólogo, Autor.

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