De todos los tiempos y lugares, ¿por qué Dios vino en la Palestina del siglo I?

De todos los tiempos y lugares, ¿por qué Dios vino en la Palestina del siglo I?

La Pregunta que Acecha de esta semana proviene de Judy, y también tiene un tema navideño. Aborda la pregunta de ¿por qué (una encarnación)? desde un ángulo diferente:

Crecí en la iglesia, aunque no voy más. Siempre me he preguntado, de todos los tiempos y todos los lugares, ¿por qué Jesús? ¿Por qué la Palestina del primer siglo? Quiero decir, si Dios iba a encarnarse en sólo uno de los seres humanos de todos los miles de millones de seres humanos que han vivido, ¿por qué en un carpintero campesino del siglo I? Recuerdo a maestros de escuela dominical dándonos algunas respuestas a esto cuando era niño, pero siempre me parecieron poco satisfactorias. ¿Los cristianos creen que hubo algo único y especial acerca de ese tiempo y lugar?

Gracias Judy por esta pregunta, justo a tiempo para Navidad.

Es interesante que los comentarios de la publicación original derivaron inmediatamente hacia la cuestión de la encarnación. Pero esa en realidad no es la pregunta de Judy. La pregunta de Judy es teológica, pero no es una pregunta acerca de ¿por qué hay una encarnación?, es una pregunta de ¿por qué Dios prefirió ese tiempo y ese lugar para la importantísima encarnación de sí mismo? Esta es mi opinión.

Fui al Seminario Fuller para estudiar con Bob Guelich, un gran estudioso del Nuevo Testamento, y mejor aún como persona. Lamentablemente, murió después de mi primer año en Fuller, pero no antes de que llegara a tomar Nuevo Testamento 1 y 2 con él. En la introducción de su NT 1 sobre los Evangelios, Bob dio una conferencia sobre Alejandro Magno. Alejandro nació en el año 356 antes de Cristo, estuvo bajo la tutela de Aristóteles, y amasó el imperio más grande del mundo a los 30 años.

Alejandro murió en el 323 a la edad de 32, pero no antes de haber unido al mundo como nunca antes ―no conquistó la India debido a que sus tropas se negaron a ir más allá con él, y si hubiera vivido un poco más, seguramente habría conquistado Arabia también―. Al momento de su muerte, no sólo había construido muchas ciudades, también había establecido caminos hacia los confines del imperio que se convertirían en rutas comerciales y militares para las generaciones venideras.

El Imperio Romano, en el cual nació Jesús de Nazaret, fue literalmente construido en las espaldas de las conquistas de Alejandro. Sin Alejandro, argumentó Bob, no habría Imperio Romano, y sin el Imperio Romano, no habría expansión del evangelio.

El Imperio Romano, por supuesto, figura mucho en la historia de Jesús y la iglesia primitiva. La misma situación que dio lugar a los fariseos, principales rivales retóricos de Jesús, fue la ocupación romana del antiguo Cercano Oriente. En el clímax de la narración de Jesús, él rebotó entre un gobernador romano (Pilato) y un gobernante judío (Herodes). Los líderes judíos en Jerusalén querían silenciar a Jesús, necesitaban a los romanos para hacer el trabajo sucio de ejecución. La historia de Jesús es inseparable del Imperio Romano.

Lo mismo ocurre con Pablo, que se deleitaba en ser tanto “Judío de Judíos” como un ciudadano romano. Sus viajes misioneros simplemente no habrían sido posibles sin las rutas marítimas y las carreteras terrestres construidas por Alejandro y protegidas por las fuerzas romanas.

Pero todo esto son reflexiones históricas. La verdadera pregunta no es cómo se propagó el evangelio, sino por qué ese tiempo. Y, por lo tanto, nos metemos en un problema teológico con el que hemos estado luchando mucho últimamente aquí en este blog: ¿Cómo entender las preferencias de Dios?

Cuando se mira desde la perspectiva de Alejandro y de Roma, tiene bastante sentido común soltar un Mesías en (lo que ahora llamamos) el primer siglo. Cualquier momento antes de ese y el mensaje probablemente se habría perdido. Y es prácticamente imposible especular sobre lo que habría ocurrido si el Mesías hubiera llegado más tarde, debido a que la adopción del cristianismo por parte de Constantino como religión personal cambió el curso de la historia mundial. Hay un exceso de importancia histórica de Jesús que no puede ser superado por especulaciones hipotéticas.

Pero si tienes una concepción clásica de Dios (como yo, en la tradición platónico-aristotélica), entonces pensarás que Dios puede hacer lo que quiera. Es decir, Dios no está limitado por las convenciones humanas como los imperios y rutas comerciales. Si Dios hubiera querido que el Mesías hubiese venido en otra época, habría funcionado también. De hecho, si Dios hubiera querido ofrecer la salvación a la humanidad a través de un mecanismo distinto que la crucifixión de un hombre-Dios, entonces Dios podría haber hecho eso también.

Por lo tanto, es pura especulación aventurar una conjetura en cuanto a por qué Dios hizo lo que hizo en el momento en que lo hizo. Los caminos de Dios pueden ser totalmente arbitrarios, pero creo que no. Así que en casos como este, a menudo me apego a la estética de la situación. ¿Hubo algo tan hermoso sobre ese tiempo y ese lugar que atrajo a Dios? Creo que podría ser el caso. El Imperio Romano, aunque no es tan revolucionario en términos de arte o literatura como el Imperio Griego que lo precedió, exhibió belleza de una manera hasta ahora desconocida. La razón por la que todavía estudiamos a Roma y la visitamos, es que el Imperio recolectó y albergó mucho de la belleza del mundo. En última instancia, se fusionó con la teología cristiana, generando mucho de lo que atesoramos sobre nuestra tradición hoy en día. Por desgracia, el poder y la violencia de Roma finalmente bañaron a todo el cristianismo también.

Hay algo irresistible para mí como cristiano y teólogo en que Dios viniera en forma humana cuando lo hizo ―como un campesino judío, en medio del imperio romano―.

También creo que Dios podría haber hecho lo que hubiese querido, con efectos similares. Así que, en última instancia, parece una opción bastante arbitraria de Dios, y nos quedamos solo con nuestras especulaciones sobre el asunto.

 

Fuente original:

http://tonyj.net/blog/2012/12/21/god-must-have-preferred-the-roman-empire-questions-that-haunt/#sthash.zwkqrz6b.dpbs

Tony Jones

Tony Jones

Teólogo, Autor.

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