¿De qué somos salvados?

¿De qué somos salvados?

La pregunta de esta semana viene de un viejo comentarista, Charles, quien expuso durante el debate de la semana pasada. Es una buena, justo cuando muchos de nosotros estamos entrando en la temporada de Cuaresma:

Tony, ¿de qué somos salvados?

Hubo muchas grandes respuestas, como siempre, en la pregunta original. Ahora es mi turno.

Esta semana millones (¿miles de millones?) de cristianos de todo el mundo se acercaron a alguien con cenizas colocadas en sus frentes. Mientras esto ocurría, escucharon las palabras dirigidas a ellos: “Del polvo vienes y al polvo volveréis. Convertíos y creed en el evangelio”.

Cuando era pastor, Miércoles de Ceniza era, sin duda, la liturgia más conmovedora del año para mí. Piensa en esto: ¿cuándo fue la última vez que tocaste la cara de un miembro no familiar? No puedo pensar en la última vez. Nosotros no lo hacemos casi nunca. Y, sin embargo, ahí estaba yo, todos los años, tocando los rostros de amigos y extraños, entonando sombrías palabras sobre sus propias muertes. Muchas personas tenían lágrimas en los ojos cuando se acercaban.

He dejado claro en este espacio y en un libro electrónico que rechazo la doctrina del pecado original. Creo que se basa en dos ficciones filosóficas y fisiológicas. Pero la doctrina del pecado original no es lo mismo que “pecado”. Lo primero es una invención teológica, una interpretación de las fuentes bíblicas; lo último está fuertemente atestiguado a lo largo de ambos Testamentos.

Cuando miro a mi propia vida y a las vidas de los demás, es muy claro para mí que una característica fundamental de la existencia humana es la fragilidad. Todos los días, hay una docena de historias de balas que rasgan la frágil carne de víctimas inocentes. Todos los días, veo en mi muro de Facebook actualizaciones sobre frágiles células humanas siendo invadidas por agresivas células cancerígenas. Las bacterias y los virus, más pequeños que lo que el ojo puede ver, nos pueden matar en días.

La característica humana de la fragilidad nos deja solos. Cada uno de nosotros se ha sentido solo, separado de Dios y los demás. Cada uno de nosotros se ha sentido abandonado por el Divino Otro.

Eso, creo, es lo que impulsa a mucho -si no la mayoría, o la totalidad- de nuestro comportamiento humano malicioso. Eso, y la enfermedad mental. Arremetemos contra los demás porque nos sentimos desesperadamente solos. Llegamos a ser tanto destructivos como autodestructivos.

Así que nos sentimos frágiles, temporales, solos, y a veces desesperados.

Cuando estaba en Malasia el mes pasado, visité Cuevas Batu, un lugar hindú sagrado, en la víspera de la festividad de Thaipusam. Allí, bajo la lluvia, los peregrinos subían los 272 escalones llevando ollas de leche para presentar ante el altar de la cueva. Un hombre se arrastraba, paso a paso. Se arrastraba un paso, se detenía a orar, y se arrastraba otro paso. En la lluvia torrencial. Me crucé con él cuando ascendía, y solo había avanzado unos diez pasos cuando bajé.

Toda religión está llena de ritos y rituales similares, en los que los seres humanos intentan evitar la sensación de abandono de Dios y sentir una conexión, aunque temporal, con lo Divino. Solo el cristianismo da testimonio de un movimiento en la dirección contraria, Dios se unió a nosotros, brevemente, en la persona de Jesús de Nazaret. Al hacerlo, Dios experimentó la única cosa que te parecería imposible que Dios experimentara: la falta de Dios.

Si hay un Dios, tengo que pensar que la compasión es la característica Divina que es lo contrario de nuestro sentimiento de soledad.

Charles, preguntaste de qué somos salvados en la muerte de Jesús. Creo que somos salvados de una desesperada soledad que amenaza con tragarnos todos los días.

 

Fuente original:

http://tonyj.net/blog/2013/02/15/what-are-we-being-saved-from-ourselves-questions-that-haunt/#sthash.MqGkRqn6.dpbs

Tony Jones

Tony Jones

Teólogo, Autor.

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