Dando a luz ángeles y demonios: El fundamentalismo y la división (Mecanismos de defensa – Parte 1)

Dando a luz ángeles y demonios: El fundamentalismo y la división (Mecanismos de defensa – Parte 1)

El término “mecanismos de defensa” se refiere a una serie de estrategias que una persona emplea con el fin de protegerse de una dolorosa o desagradable verdad acerca de sí misma. Numerosos mecanismos de defensa se han identificado en los últimos años, y todos hemos participado en una variedad de ellos en diferentes momentos de nuestras vidas. Mientras que el término a menudo es utilizado de una manera negativa, es importante darse cuenta de que los mecanismos de defensa no son ni buenos ni malos en sí mismos. De hecho, proporcionan un servicio importante a nuestras vidas. Después de todo, hay momentos en los que no es posible o beneficioso para nosotros enfrentarnos a una realidad difícil.

Tomemos el ejemplo de una señora que tiene un jefe prepotente y poco razonable. Con el tiempo podría llegar a frustrarse y enojarse mucho con esta figura de autoridad, con una ira incapaz de expresar directamente en el trabajo por miedo a perderlo. En situaciones como esta, la ira puede que sea redirigida hacia una amiga. Esto es un ejemplo de desplazamiento, y es algo que la mayoría de nosotros hacemos de vez en cuando. Si la amiga de esta mujer es comprensiva, y la relación es fuerte, ella será capaz de absorber la ira hasta que la mujer sea capaz de reconocer que la explosión fue en realidad un reflejo de un ambiente de trabajo difícil. Cuando esto suceda, ella será capaz de pedir disculpas a su amiga y analizar la situación, tal vez buscando otro trabajo.

En este ejemplo, la amiga, quien se da cuenta de que la mujer se encuentra en una situación de estrés, se hace cargo de la ira, a sabiendas de que no es un indicio de algún problema en su relación, sino que deriva de otra cosa.

Este es un mecanismo de defensa perfectamente comprensible y aceptable, aunque requiere amistades estables que sean capaces de soportar el peso de los desplazamientos (sin tal estabilidad la ira puede ser reprimida y salir de manera aún más destructiva). Solo surge un grave problema si nos aferramos tan fuertemente a la defensa que nos negamos a ver la verdadera razón de nuestra ira y seguimos utilizando como chivo expiatorio a la persona equivocada. Con el tiempo esto va a destruir relaciones y aislarnos.

Todos los mecanismos de defensa no son iguales. Algunos generalmente son considerados más problemáticos (negación, regresión, disociación, etc.) y otros más saludables (sublimación, compensación, asertividad, etc.). Pero ninguno de ellos puede ser amortizado por completo y todos utilizamos varias combinaciones en diferentes momentos de nuestras vidas (aunque nos inclinaremos a usar los mismos).

Una de las cosas interesantes acerca de los mecanismos de defensa, es la forma en que las comunidades también los emplean. Tomemos el ejemplo de la división. En la división, una comunidad que no es capaz de hacer frente a su propia ansiedad y duda rompe el mundo en dos grandes campos: nosotros y ellos. Un lado es visto como bueno y el otro como malo, uno como correcto y el otro como equivocado.

La palabra “fundamentalista” se utiliza a menudo para describir las comunidades que emplean esta defensa de una manera fuerte e inflexible. Pero el problema es que el mismo término “fundamentalista” nos permite distanciarnos de los tiempos en que nuestras comunidades se dedican a la misma actividad (después de todo, rara vez se utiliza el término para describirnos a nosotros mismos).

Si nos encontramos en un grupo que regularmente crea un mundo de oposiciones simples, entonces hay una buena probabilidad de que estemos participando en una defensa contra una realidad interna desagradable y dolorosa. Esto no es siempre algo malo o inadecuado. Tomemos el ejemplo de un hombre que acaba de pasar por una ruptura difícil. Con el fin de protegerse del dolor de su propio involucramiento en la separación, él podría pintar una imagen bidimensional de la situación, en la cual él es una víctima inocente y ella es una mala y calculadora villana.

Como parte de su defensa, el hombre podría hablar con un amigo cercano de lo malvada que es su ex. Esta es una reacción comprensible dentro del período inmediatamente posterior a una ruptura, ya que proporciona una forma de evitar la fuerza del dolor que la división ha causado.

En situaciones como esta, un buen amigo podría permitir que el hombre ventile su ira sin desafiar o confirmar lo que dice. Entonces, en un momento apropiado, su amigo podría aventurarse a decir algo muy simple que cambie el tono de la conversación y ayude a que el hombre vea que su ira en realidad encubre una gama de sentimientos dolorosos a través de los que, en última instancia, tiene que trabajar.

Si esta intervención tiene éxito, el hombre poco a poco podría desarrollar una perspectiva más panorámica, aceptar lo que pasó y quizás ver las cosas desde el punto de vista de su expareja. Todo lo cual podría dar lugar a un tipo de reconciliación de mutuo beneficio. Sin embargo, si esto no sucede, es probable que permanezca amargado y tenga dificultades para forjar relaciones saludables en el futuro.

En este punto vale la pena tener en cuenta dos puntos adicionales. En primer lugar, el hombre en realidad podría tener razones legítimas para su ira, de manera que lo que parece ser una división en realidad sea una expresión perfectamente legítima de ira. O, por otro lado, podría tener una legítima razón para estar enojado y aun así participar en la división. En esta última situación puede ser difícil discernir al mecanismo de defensa del ruido de fondo de la queja legítima, porque cuando realmente una defensa es estrechamente coherente con la realidad de una situación se vuelve difícil de aislar.

Tomarse el tiempo para entender cómo funcionan los mecanismos de defensa es útil, no sólo por el interés del trabajo terapéutico individual, sino también por su participación en las comunidades. Sensibilizarse a cómo operan las defensas grupalmente, no sólo puede ayudarnos a desarrollar comunidades saludables, sino también a ser más sensibles a la forma en que otros pueden engancharse en cosmovisiones simplificadas, no porque ellos sean malos y estúpidos, sino porque están tratando de protegerse de realidades potencialmente difíciles.

Sensibilizándonos a cómo esto sucede en nuestros propios contextos, y aprendiendo formas que pueden ayudar a exponer lo que está siendo negado, podemos potencialmente estar mejor equipados para ayudar a otros en su lucha por evitar sus demonios internos. Un trabajo difícil, porque siempre es más fácil para nosotros imputar defensas sobre los demás en lugar de encontrarlas en nosotros mismos.

Como en el ejemplo anterior del joven, juzgar si nuestro grupo participa en una defensa divisoria puede ser difícil. Especialmente en situaciones en las que existe una queja legítima. Hay numerosas ocasiones en que la ira está justificada y fundada. De hecho, también hay ocasiones cuando la defensa de la división es útil. Sin embargo, la razón para intentar delatar a las defensas en nuestras comunidades se reduce a la comprensión de cómo, con el tiempo, el apego a la defensa se convierte en auto-destructivo y contraproducente.

Si estás interesado en leer más sobre cómo funcionan los mecanismos de defensa, te recomiendo ¿Por qué lo hago? de Joseph Burgo. Es una mirada accesible y reflexiva sobre el tema.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2014/11/giving-birth-to-angels-and-demons-on-fundamentalism-and-splitting/

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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