Cuando el patriarcado es el problema (no la solución)

Cuando el patriarcado es el problema (no la solución)

Los seres humanos tenemos un montón de problemas, y uno de ellos son los hombres.

Los seres humanos masculinos a veces se convierten en violentos rivales por estatus, prestigio, satisfacción sexual, dinero, tierra y poder. Alimentados por andrógenos, testosterona y condicionamiento social, los hombres forman y usan pandillas, partidos políticos, naciones, religiones e imperios para llevar a cabo sus agresiones, y tristemente, las mujeres y niños quedan atrapados en el fuego cruzado.

Hace muchos milenios, las sociedades idearon una respuesta para este problema de agresividad masculina. Elevaron un macho alfa a la posición de poder por encima de todos los machos betas y gama (y todas las mujeres, también), creando jerarquías de dominación y sumisión. Era un trato: a cambio de mantener a todos los hombres ingobernables bajo su control, una figura paterna dominante era recompensado con poder adicional, privilegio, prestigio y ventajas, incluyendo beneficios financieros y sexuales.

¿Qué clase de hombre sería elevado a tal posición? Para poder someter a cualquier posible rival, debía estar dispuesto a desplegar violencia y mentiras más rápido y más despiadadamente que cualquier otro. Y estar dispuesto a “mostrarla”, no solo una vez sino constantemente, para recordarles a todos los potenciales advenedizos su destreza física y sexual, su habilidad para violar los estándares éticos para mantener el poder, y su capacidad financiera, para que recordaran quién era el macho alfa.

El nombre de este sistema es patriarcado. Puede existir en una familia, un clan, una tribu, una nación o un imperio. Comenzando hace unos cinco siglos atrás, los patriarcas europeos (papas, reyes, y sus amigotes) extendieron sus regímenes patriarcales a nivel mundial, por lo que, desde el periodo colonial, el patriarcado se ha expresado globalmente como la supremacía masculina cristiana blanca.

Como los patriarcas inevitablemente envejecen, se debilitan y mueren, las transiciones deben suceder en cada generación. La sucesión padre-hijo no siempre funcionó bien, por lo que las transiciones a menudo fueron sangrientas. En respuesta, las sociedades desarrollaron una forma de patriarcado más amable y gentil llamada democracia, que otorgaba a los hombres privilegiados el derecho al voto para elegir a su próximo patriarca. Como resultado, los patriarcas podrían ascender al poder utilizando muestras de palabras, riqueza y encanto en lugar de armas.

Por supuesto, los hombres seguían a cargo del show, pero eso comenzó a cambiar significativamente en el siglo XX. El patriarcado democrático creó las condiciones en donde las mujeres lograron una mayor igualdad. En los EE. UU., por ejemplo, Walter Mondale, John McCain y Ted Cruz decidieron elegir mujeres como sus compañeras de carrera vicepresidenciales. Tal movimiento mantuvo al patriarca a la cabeza, pero reconoció el creciente poder de las mujeres. En 2016, las mujeres se postularon para presidente en las dos primarias del partido, y Hillary Clinton se convirtió en la primera mujer en ganar la mayoría de los votos para liderar la nación (aunque perdió las elecciones a través del colegio electoral).

Si Clinton hubiera ganado, habría hecho mucho más que romper un “techo de cristal”. Habría señalado un punto de inflexión en el cambio global más allá del patriarcado. Nos encontramos, podríamos decir, en el umbral de una cultura pospatriarcal, una cultura que busca nuevas cualidades en los líderes. Mientras la agresividad masculina se maneja con efectividad a través de normas culturales y profesionales, educación y leyes, los líderes pueden ir más allá de las exhibiciones patriarcales tradicionales e incorporar cualidades de liderazgo pospatriarcales tales como inteligencia, honestidad, honradez, autoridad moral, curiosidad, humildad, compasión, integridad personal, pensamiento a largo plazo, pensamiento sistémico, pensamiento dual y/o no dual, no violencia, construcción de coaliciones, servicio ejemplar, generosidad y colaboración.

Incluso esta breve descripción del patriarcado puede ayudarnos a comprender algunas de las dinámicas subyacentes de nuestra actual ansiedad política, desde Donald Trump a Roy Moore, Harvey Weinstein, Bill Cosby, Al Franken, etc., etc., etc.

En cierta manera, podríamos decir que es menos probable que las personas arriesguen algo nuevo cuando están bajo estrés, es mejor “malo conocido” que malo por conocer. Así que el riesgo de avanzar más en una dirección pospatriarcal resultó demasiado para el estresado electorado de los Estados Unidos en 2016. Puesto crónicamente ansioso a través de una mezcla de amenazas reales y ansiedades generadas por los medios, los votantes en estados claves eligieron al hombre fuerte que conocían.

Trump audicionó perfectamente para el papel de patriarca en jefe autoritario. En las primarias, estuvo dispuesto a usar amenazas de violencia, insultos escandalosos, muestras de riqueza (incluidas amenazas de demanda) para someter a sus rivales o expulsarlos del campo. Incluso empleó posturas físicas y fanfarronadas sobre su tamaño genital para demostrar, a nivel subconsciente, que era el macho alfa más apto en el que se podía confiar. Una de sus expresiones favoritas -casi mesiánicas-, “Crean en mí”, invitaba a la gente a dejar de lado las preocupaciones sobre el carácter moral y volver a confiar en un patriarcado más primario. Incluso su ridícula mentira engendra una retorcida confianza entre aquellos que han sido formados por el patriarcado para desear sobre todo el mantenimiento del orden a través del poder dominante. (Uno recuerda la pregunta de Pilato, “¿Qué es la verdad?” -con su complemento implícito- “en comparación con el poder bruto”).

Trump es muy consciente de apelar a los impulsos primarios, como explica en un libro de 2007. Después de alardear de haber “tenido” todo tipo de mujeres, “bellas, famosas, exitosas, casadas”, explica:

“Puede que vivamos en casas en los suburbios, pero nuestras mentes y emociones todavía están a un paso de la selva. En tiempos primitivos, las mujeres se aferraban a los machos más fuertes para protegerse. No corrían ningún riesgo con un don nadie; hombres de bajo estatus que no tenían los medios para alojarlas, protegerlas y alimentarlas a ellas y a su descendencia. Los hombres de alto estatus mostraban su destreza a través de sus ‘cojonudas’ actitudes. No tenían miedo de pensar por sí mismos y tomar sus propias decisiones. Les importaba una mierda lo que pensaban otras personas en la tribu. Ese tipo de actitud era y sigue estando asociada con el tipo de hombres que las mujeres encuentran atractivos.” (Piensa en grande)

Podríamos esperar que las fanfarronadas sexuales y las actitudes “cojonudas” alejaran a las personas religiosas, pero en realidad, la teología tradicional refuerza el atractivo primordial del patriarcado. Después de todo, a Dios en el monoteísmo tradicional se le suele ver como un súper-patriarca parecido a Zeus, listo para golpear con violencia a aquellos que desafían su omnipotencia. Con un patriarca todopoderoso en la cima de la gran cadena del ser, todo el universo es representado eterna y absolutamente patriarcal.

En este sentido, no debería sorprendernos que tantos protestantes y católicos blancos tradicionales, incluidas mujeres, hayan votado por Donald Trump y sigan siendo su base de apoyo. Su personalidad de hombre fuerte y sus patrones de demagogia se sintieron menos amenazantes y más familiares para los creyentes en un universo patriarcal. Su orientación patriarcal en realidad les hizo más fácil perdonar el sucio vocabulario de Trump, la violenta soberbia, la insinuación racial, la arrogancia inconsciente y la prevaricación habitual, siempre y cuando Trump desempeñara el familiar papel patriarcal. Después de todo, así son los niños patriarcales.

El patriarcado también explica por qué los cristianos progresistas como yo encontramos a Trump tan inaceptable. Para nosotros, la Navidad no es el nacimiento de un macho alfa que juega con el viejo conjunto de reglas patriarcales, sino que es la celebración del varón omega: el modelo de una nueva humanidad para hombres y mujeres. El camino de Cristo, tal como lo entendemos, no es un camino de venganza ojo por ojo, sino un camino de resistencia no violenta, perdón y reconciliación. No es un camino de dominación, sino de servicio. No es una manera de conducirse a través de exhibiciones de destreza física, sexual o financiera, sino a través de muestras de amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, gentileza, fidelidad, bondad y autocontrol.

Desde nuestro punto de vista, la mayoría de nuestras contrapartes cristianas blancas que votaron por Trump siguieron el ejemplo de aquellos en los evangelios que dijeron: “No tenemos más rey que César”. En otras palabras, el único liderazgo que pudieron reconocer y seguir fue modelado por el viejo camino del patriarcado.

A la luz de esto, un libro reciente de una valiente mujer evangélica adquiere un significado adicional.

Malestrom, de Carolyn C. James (una alusión a maelstrom, el gran remolino) demuestra cómo la Biblia, lejos de respaldar el patriarcado, en realidad lo subvierte y propone una mejor forma de ser humano para hombres y mujeres. “El patriarcado no es el mensaje de la Biblia”, dice ella. Más bien, es el telón de fondo cultural sombrío contra el cual brilla un mensaje pospatriarcal más brillante. La minoría de los votantes cristianos blancos que rechazaron a Trump en la cabina de votación haría bien en leer Malestrom y transmitirlo a sus familiares, amigos religiosos que apoyan a Trump.

El patriarcado puede haber abordado el problema de la agresividad masculina en tiempos de espadas y lanzas, pero en un mundo de armas nucleares, biológicas y químicas, el patriarcado no es la solución: es parte del problema.

Si creemos eso, aquellos de nosotros que asistimos a la iglesia encontraremos cada vez más difícil bañarnos exclusivamente en imágenes patriarcales de Dios domingo tras domingo. Es por eso por lo que una edición reciente del podcast de The Liturgists presentando a la teóloga Christena Cleveland es tan oportuno e importante. En una hora, lleva a los oyentes a profundizar en la reflexión sobre el poder de las metáforas teológicas y la necesidad desabsolutizar las metáforas patriarcales para Dios.

El podcast incluye un hermoso y poderoso poema de Allison Woodard, “Dios, nuestra madre”. Comienza así:

“Ser una Madre es sufrir;

hacer trabajo de parto en la oscuridad,

estirarse y desgarrarse,

exponerse a humillación medio desnuda,

someterse a indignidades por el bien de una nueva vida.

Ser una Madre es decir:

‘Este es mi cuerpo, roto para ti’.

Y, al siguiente instante, en respuesta a la primitiva hambre de la creación:

‘Este es mi cuerpo, tómalo y come’.”

No he encontrado una visión más poderosa sobre el significado de la Eucaristía, o la vida de Cristo, en muchos años, si no décadas.

Finalmente, hablando de Cristo, aunque con frecuencia se refiere a Dios como Padre, creo que Jesús es un deconstructor del patriarcado, no un defensor. Considera:

  • Su metáfora paternal descentra la metáfora de realeza dominante de su época, atenuando el patriarcado de realeza al patriarcado familiar.
  • El patriarcado familiar de sus parábolas y aforismos (si tú, siendo malvado, sabes cómo dar buenos regalos a tus hijos, ¿cuánto más…?) enfatiza la amabilidad, la compasión y el amor, no el poder, la dominación, el castigo y la venganza.
  • Expone la deshonestidad inherente del patriarcado con una poderosa visión política cuando dice: “No llames a nadie, Señor… No llames a nadie Padre” (Mateo 23).
  • Voltea el patriarcado patas arriba cuando lava los pies de sus discípulos. La reacción negativa de Pedro puede verse como la resistencia de Pedro (¿y la de la iglesia?) al rechazo radical de Jesús hacia el patriarcado.
  • Y como lo ilustra el poema de Allison Woodard, la entrega de Jesús en la cruz es el rechazo más poderoso del patriarcado imaginable. En lugar de tomar y mantener el poder matando a otros, Jesús entrega su vida y ofrece su cuerpo roto y desgarrado como un regalo que da vida, alimentando al mundo como con la leche de una madre. Jesús es, podríamos decir, el anti-César, la antítesis del patriarcado.

 

Fuente original: https://brianmclaren.net/when-patriarchy-is-the-problem-not-the-solution/

 

Brian McLaren

Brian McLaren

Pastor, Autor, Activista y Conferencista.

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