Cuando Dios deja de tener sentido (o mi parte favorita del Antiguo Testamento)

Cuando Dios deja de tener sentido (o mi parte favorita del Antiguo Testamento)

Entre más grande estoy, más me gustan los Salmos y los libros de sabiduría como Proverbios, Job y Eclesiastés.

Desde Génesis hasta Nehemías se cuenta una historia, la historia de Israel, desde Adán* hasta el retorno del exilio Babilónico.

Y la historia -aunque profunda, compleja y digna que mucho más que un resumen en un tuit- es algo así:

Dios creó un pueblo para sí, los libró de la esclavitud, y les regaló una tierra y la promesa de su presencia si permanecían fieles a su pacto, a la ley de Moisés. La obediencia aseguraba su perpetua existencia en la tierra (es decir, “vida”) y la desobediencia aseguraba el eventual exilio de la tierra (es decir, “muerte”).

La historia principal de Israel es bastante clara, una lección para aprender, una historia con una moral.

Pero en los Salmos y los libros de sabiduría, la vida no es todo en blanco y negro. La vida es desordenada, impredecible, y a menudo no tiene sentido.

Estos libros cuestionan la historia y su moral. Ponen en duda si todo es tan blanco y negro y concluyen diciendo “la vida no es tan simple”.

Job pierde todo excepto su vida. La escritura (por ejemplo, Deuteronomio) cuenta que tales calamidades son por la mano de Dios, en consecuencia de la desobediencia. Sin embargo, vemos que con Job este no sería el caso.

Eclesiastés cuestiona el “orden mundial” que Dios ha creado: Nada de lo que hacemos importa, ya que todos moriremos y esto nos lleva a la locura de pensar en nuestra inútil existencia.

Muchos Salmos lamentan la ausencia de Dios en el mundo. Como por ejemplo el Salmo73 donde el autor no puede entender cómo Dios permite que los malvados prosperen.

O el Salmo 89, donde Dios de hecho es llamado mentiroso por prometer a los descendientes del rey David que siempre estarían en el trono en Jerusalén, y luego permitir a los babilonios acabar hasta con el último del linaje real de David y tomar al pueblo cautivo.

Me gustan estas partes de la Biblia porque mientras más grande estoy, más vivo donde las Escrituras tienen menos sentido. Ha pasado mucho en la vida. Es demasiado complicada.

La experiencia de Job pone en peligro los cimientos de su mundo moral. Dios castiga a los malvados, y, aun así, Job no es malvado. ¿Entonces por qué Dios hace esto?

Job nunca obtiene una respuesta clara a esta pregunta, más que Dios diciéndole: “Yo soy Dios, tu creador. Y tú no lo eres”.

Eso no lo interpreto como Dios diciendo: “Haz silencio ante el supremo soberano, humano insignificante, ¿cómo te atreves a cuestionarme?”.

Lo interpreto como: “Tú eres humano, Job, estás aquí en la tierra por el momento. No podrás comprender del todo como trabaja el universo, o mi parte en él. La escritura de la sagrada historia está bien así como va, pero este mundo y mi lugar en él no está condicionado por ella. Job, no lo vas a entender”.

Ahora, para llegar a mi punto.

A mi entender, en lo que a mi mundo pequeño de pensamientos respecta, una de las razones más importantes para no creer en Dios en el sentido convencional es el universo que habitamos.

La moral -que discierne lo que constituye una conducta apropiada hacia los demás- es fundamental para la experiencia humana, y en la cual la gente de fe fundamenta la bondad de Dios y su justicia.

Sin embargo, el universo que habitamos es en gran parte sordo a nuestras preocupaciones morales. Es un espacio vacío, distante y frio, obligado a un aparente ciclo sin fin de destrucción y renacimiento.

Aquí en la tierra, los tsunamis destruyen costas y decenas de miles de vidas. Con poca o ninguna advertencia somos afectados con avalanchas, huracanes, tornados, volcanes. Nuestro ambiente es hostil, y sabemos, a pesar de lo que un ocasional predicador chiflado diga en TV, que Dios no ha provocado estos desastres porque Estados Unidos haya dejado de ser una “nación cristiana”.

Los seres humanos heridos matan y se comen unos a otros. El proceso evolutivo entero está alimentado por el sufrimiento y la muerte en una escala masiva.

Entonces, ¿qué tipo de Dios es este, el cual permanece en este choque de intereses? ¿Un Dios que es bueno y justo, que espera lo mismo que nosotros, pero cuyo universo opera por diferentes estándares?

No soy la primera persona en hacer estas preguntas, y no tengo el interés en responderlas. Pero creo que Job nos lleva en la dirección correcta.

La respuesta de Dios a Job, si se me permite traducir la respuesta en un lenguaje contemporáneo, es que “lo divino es trans-racional”.

Al final, el proceso del pensamiento humano sólo podrá llegar lejos cuando este se trata de Dios.

Y en algún momento, para la mayoría de nosotros, como lo fue para algunos de los autores de la Biblia, Dios dejará de tener sentido.

La pregunta entonces es si la falta de conocimiento lleva a descreer de Dios o este cuestionamiento se transforma en una invitación a buscarlo de una forma diferente; aún mediante la confrontación y el debate, como estos libros bíblicos nos enseñan.

Sé de personas que han respondido a esta pregunta de ambas maneras, como gente cercana a mí, a quienes admiro y quiero. No estoy juzgando a nadie y no estoy aquí para debatir este tema o intentar crear una discusión.

Solo digo que con el tiempo he llegado a responder a esta pregunta de la segunda forma. Como creo que Job, algunos de los salmistas y el autor de Eclesiastés lo hicieron.

Algunos llamaran a esta clase de fe “fideísmo”, una irracional creencia en Dios en lugar de basarse en un “sano juicio”. Pero creo que la carga de fideísmo se pierde la lección que la vida nos quiere dar, y también persiste en presumir en lo que los amigos de Job insistían, que en lo que respecta a Dios, las cosas tienen sentido.

El tema que veo aquí no es simplemente si tu fe es “razonable” o no.

“Razonable” es relativo.

La cuestión aquí es si somos capaces de aceptar que nuestro poder cognitivo -el cual puede ser limitado y engañoso como también liberador e iluminador- sirve para la tarea de captar lo divino.

Eso, creo, es lo que estos libros del Antiguo Testamento buscan en su propia forma, tiempo y lugar. Por eso me gustan.

 

 

* Veo la historia de Israel comenzando con Adán porque veo la historia de Adán como un panorama previo de la historia de Israel. Así como Adán fue colocado en un jardín paradisíaco y exiliado del mismo debido a su desobediencia, también Israel fue bendecido con la exuberante tierra de Canaán y el pueblo tuvo que ser exiliado a causa de su desobediencia, pero tal vez estoy divagando.

 

Fuente original:

http://www.peteenns.com/when-god-stops-making-sense-or-my-favorite-part-of-the-old-testament/

 

Peter Enns

Peter Enns

Teólogo, Autor.

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