¿Conservaremos nuestros recuerdos en el cielo?

¿Conservaremos nuestros recuerdos en el cielo?

La pregunta de esta semana provino de Angel:

Tengo una pregunta para la serie. Cuando era muy joven, solía pasear en la mañana por el estudio bíblico de mis padres. En un momento, me enteré de algo que realmente me molestó y me preocupa hasta hoy: cuando vayamos al cielo, no llevaremos ninguna posesión de valor, ni siquiera nuestros recuerdos. No quiero olvidar nada de lo que me pasó cuando estaba vivo. Mi pregunta es la siguiente: ¿Por qué tenemos que olvidar cuando vayamos al cielo? ¿Por qué Dios nos haría sufrir ese destino de olvido? ¿Hay alguna forma de evitar esto?

Soy reacio a responder cualquier pregunta sobre el más allá. Mucho sobre la teología es especulación. Hablar del cielo y el infierno es totalmente especulación. Como teólogo práctico, de profesión, estoy más interesado y soy más competente en el discurso teológico que tiene sus raíces en la experiencia humana, y, como he escrito antes, no creo que Don Piper haya pasado 90 minutos en el cielo. Sin embargo, Angel preguntó, así que voy a responder.

Un amigo mío tuvo un hijo que fue afectado por el Síndrome de Down. Este niño murió de intoxicación antes de cumplir los 10 años; él tenía un caso particularmente grave de Down, lo que significa que era incapaz de decir oraciones completas, y era hipersensible a la infección. Le pregunté a mi amigo si pensaba que su hijo sería curado de Síndrome de Down en el cielo, siendo que el conocimiento convencional de los cielos es que es ese lugar donde: “Él enjugará toda lágrima de sus ojos. No habrá más muerte ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron”. (Apocalipsis 21: 4).

“No”, respondió mi amigo, “Él tendrá Down. Eso es quién era. No reconocería ni a mi propio hijo si no tuviera Down”.

Teólogos bíblicos han señalado dos episodios en el Nuevo Testamento para hacer una afirmación similar. En primer lugar, en la Transfiguración, Elías y Moisés fueron reconocibles para Pedro, Santiago y Juan (lo cual también es un misterio, ya que no había fotos o iconos de los santos hebreos). Independientemente de la historicidad de esta escena, el punto teológico es que tanto Moisés y Elías fueron reconociblemente ellos mismos, a pesar de que habían muerto cientos de años antes (en el caso de Elías, fue escoltado fuera de la Tierra, en un carro de fuego).

Luego, después de su resurrección, Jesús se aparece a los discípulos en el Cenáculo, y sus cicatrices de la crucifixión son visibles, hasta el punto que desafía a Tomás a tocarlas con el fin de acabar con su incredulidad. Del mismo modo, los discípulos reconocieron a Jesús más tarde, cuando se estaba cocinando pescado en la playa. En ambos casos, Jesús es reconocible y lleva las cicatrices de su vida mortal.

Por extensión, podemos asumir que cada uno de nosotros, del mismo modo, seremos reconociblemente nosotros mismos en la otra vida, cualquiera sea la forma que tome la otra vida.

Y aquí hay un segundo punto. Es tanto gnóstico como anti-bíblico pensar que en nuestra existencia post-mortal seremos sólo seres espirituales, sin cuerpos. La iglesia primitiva dejó muy claro que la creencia cristiana ortodoxa afirma una “resurrección corporal”(referencia a los Apóstoles y al Símbolo Niceno).

Hay un aspecto moderno en esto también. Muchos de nosotros hemos rechazado la dicotomía gnóstico/platónica entre el cuerpo y el alma (a pesar de que Pablo parecía abrazar la misma). Somos lo que somos, somos uno. No hay una pared divisoria entre mi carne y alguna etérea esencia espiritual de mí mismo.

Otra forma de decir esto es que mi “mente” emana de mi cerebro, y mi cerebro es claramente un objeto material. Mi mente puede extenderse más allá de mi cerebro (a, por ejemplo, mis relaciones y mi iPhone), pero se origina en la materia gris y los impulsos eléctricos que componen mi cerebro.

Por lo tanto, ni siquiera parece posible la posibilidad de existir sin mi cerebro. Y mi cerebro, Angel, contiene mis recuerdos.

Angel, si hay una existencia post-mortal para los seres humanos, tendremos nuestros cuerpos en alguna forma; nuestros cuerpos contienen nuestros cerebros, que albergan nuestros recuerdos.

QEPD, tendremos nuestros recuerdos en el cielo.

 

Fuente original:

http://tonyj.net/blog/2013/03/15/you-will-be-you-in-heaven-questions-that-haunt/#sthash.i89YFQ8K.dpbs

Tony Jones

Tony Jones

Teólogo, Autor.

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