Cómo odiarte a ti mismo sin saberlo (Mecanismos de defensa – Parte 3)

Cómo odiarte a ti mismo sin saberlo (Mecanismos de defensa – Parte 3)

Como te habrás dado cuenta, hace poco he estado escribiendo sobre el tema de los mecanismos de defensa, como operan en los individuos y en los grupos. Quiero seguir esa trayectoria mirando otra defensa común (estoy entusiasmado de escribir sobre algunas de las defensas más productivas, en particular la sublimación, pero eso tendrá que esperar un poco más). En un documento titulado “El tabú de la virginidad”, Freud acuñó el término “narcisismo de las pequeñas diferencias”. Esto básicamente se refiere a la conocida experiencia de cuando nos enojamos y frustramos con los individuos o grupos que en realidad se parecen mucho a nosotros.

El ejemplo paradigmático, por supuesto, es la familia. De hecho, hay una larga lista de comedias que juegan de forma explícita con cómo el narcisismo de las pequeñas diferencias sucede entre padres e hijos o entre hermanos. Esto es un tropo popular porque la mayoría conocemos lo que es estar exageradamente enojado con algo tonto como la forma en que nuestro papá toma la sopa, o la forma en que nuestra mamá golpea ligeramente sus dedos. Pero en lugar de preguntarnos por qué nos enojamos profundamente por tales cosas, tendemos a ignorarlas lo más posible. Sin darnos cuenta de que podrían estar hablándonos sobre un tema que podría, si se trata, hacernos la vida un poco más soportable, y a esas relaciones un poco más profundas.

La palabra “narcisismo” se utiliza para describir este conflicto porque la persona que encontramos molesta opera como una imagen reflejada de nosotros mismos. En ellas nos enfrentamos/construimos/criticamos a nosotros mismos de alguna manera.

Esta defensa se insinúa cuando nos reservamos nuestro mayor enojo para lo que parece más cercano a nosotros. Por ejemplo, podríamos conocer a alguien que descarga ataque tras ataque contra lo que ellos mismos en realidad parecen ser (blanco, masculino, femenino, británico, americano, etc.). Ellos extrañamente atacan lo que más se asemeja a sus propias acciones, etnia y/o temperamento. A menudo lo que una persona ataca es tan parecido a lo que ellos mismos son o afirman que es casi imposible distinguir la diferencia entre ellos y lo que ridiculizan. Para cualquier persona que mira desde el exterior, no se ve como otra cosa que un tenso esfuerzo por buscar fallos o pequeñeces. Más si la diferencia fuese algo pequeño, el forastero se preguntará ¿por qué el atacante desperdicia energía preocupándose por ello?

Lo que queda en claro para los de fuera, es que estas escenas cómicas son evidencia de algo no resuelto en el atacante. Lo que se presenta es una situación en la que alguien proyecta en otro una ira que habla de una verdad reprimida e irresuelta de sí mismo.

Podemos ver este desarrollo en una conocida broma de Emo Philips. Teniendo en cuenta que las bromas a menudo son más divertidas cuando nos revelan una verdad evidente que sabemos, pero no reconocemos, es interesante observar que el sitio web Ship of Fools votó que es la broma religiosa más divertida de todos los tiempos:

Una vez vi a este tipo en un puente a punto de saltar.

Le dije: “¡No lo hagas!”.

Él dijo: “Nadie me quiere”.

Le dije: “Dios te ama. ¿Crees en Dios?”.

Él dijo: “Sí”.

Yo le dije: “¿Eres cristiano o judío?”.

Él dijo: “Cristiano”.

Yo dije: “¡Yo también! ¿Protestante o católico?”.

Él dijo: “protestante”. Yo dije: “¡Yo también! ¿Qué denominación?”.

Él dijo: “Bautista”.

Yo dije: “¡Yo también! ¿Bautista del Norte o Bautista del Sur?”.

Él dijo: “Bautista del Norte”. 

Yo dije: “¡Yo también! ¿Bautista del Norte Conservador o Bautista del Norte Liberal?”.

Él dijo: “Bautista del Norte Conservador”.

Yo dije: “¡Yo también! ¿Bautista del Norte Conservador de la Región de los Grandes Lagos o Bautista del Norte Conservador de la Región Oriental?”.

Él dijo: “Bautista del Norte Conservador de la Región de los Grandes Lagos”. 

Yo dije: “¡Yo también!”.

“¿Bautista del Norte Conservador de la Región de los Grandes Lagos del consejo de 1879 o Bautista del Norte Conservador de la Región de los Grandes Lagos del consejo de 1912?“. Él Dijo: “Bautista del Norte Conservador de la Región de los Grandes Lagos del consejo de 1912”. 

Yo le dije: “¡Muere, hereje!”. Y lo empujé.

Lo que vemos aquí es el narcisismo de las pequeñas diferencias expresadas de una manera extrema. Sin embargo, la realidad a menudo puede imitar a la sátira de manera inquietante. Después de todo, sabemos que muchas veces la gente muere por expresar diferencias religiosas insignificantes.

En Irlanda del Norte hay una gran variedad de iglesias presbiterianas resultantes de la división después de la división sobre el más pequeño de los desacuerdos. Hay presbiterianos no subscritos, presbiterianos libres, presbiterianos reformados y presbiterianos evangélicos, entre otros. Esta constante separación del hereje marca un tema dentro de la iglesia protestante en general. Algo que está en agudo contraste con la Iglesia Católica, que se ha mantenido prácticamente unida a través del tiempo. Un contraste que fue curiosamente replicado en los grupos paramilitares asociados al protestantismo y al catolicismo en Irlanda del Norte. Mientras que el IRA se mantuvo en gran medida unida a través de los problemas, los leales paramilitares “protestantes” se dividieron en varios grupos, a menudo antagónicos, (UDA, UVF, UFF, LVF etc.).

El narcisismo de las pequeñas diferencias también es algo frecuente, incluso endémico, en los grupos de izquierda. A menudo, una pequeña diferencia de énfasis, conceptualización o tono, explota en una cuestión que evoca un arrebato de ira desproporcionada, frustración, ridículo o actitud defensiva.

Esta frenética lucha/división de aquellos que sólo difieren de nosotros en pequeñas cosas puede hablar de una incapacidad para hacer frente a los conflictos internos. Como el comediante irlandés Dylan Moran dijo una vez: “la guerra es la incapacidad de tener conflictos”. En otras palabras, es lo que hacemos cuando no podemos hacer frente a sentarnos en la misma habitación con otro, enfrentar el antagonismo y trabajar a través de él.

La guerra y la “división” confesional están íntimamente entrelazadas. Por ejemplo, podríamos encontrarnos atacando a alguien en las redes sociales y entonces aislarnos de ellos, sólo para luego atacarlos de nuevo en un ciclo infinito de repetición Tanto la lucha como la separación están unidas por el hecho de que el objeto abordado es tan repulsivo como seductor para nosotros. Es el inquietante reflejo de un espejo que queremos romper, pero que encontramos fascinante. Esta defensa es eficaz en el corto plazo. Tanto el arrebato de ira como el acto de separación pueden hacernos sentir mejor con nosotros mismos, pero es, en última instancia, ineficaz, y por lo tanto debe ejecutarse una y otra vez, a menudo con efecto decreciente. Hacer de la gente un enemigo dimensional se siente muy bien por un tiempo, pero la recompensa de la amargura es efímera y, si no trabajamos a pesar de ella, al final se convierte en auto-destructiva.

Hay, por supuesto, todo un número de legítimas razones para la ira y para separarnos de otros grupos o individuos. En mi trabajo, a menudo trato con personas que tratan de discernir si deben dejar una determinada organización o quedarse, es decir, si su salida indica una incapacidad para hacer frente a los conflictos o si las diferencias son lo suficientemente importantes como para hacer su estancia realmente problemática (después todo, es común que las personas permanezcan en situaciones abusivas cuando sería mejor para ellos salir). Aquí es clave recordar el término “pequeñas diferencias”. Aquí hablamos de la situación en la que las personas se abocan a la conducta sintomática.

En términos religiosos, la diferencia entre la separación legítima e ilegítima podría ilustrarse en la diferencia entre la ruptura de Lutero con la Iglesia Católica en contraste con una pequeña división inter-denominacional que nos recuerda a la broma de Emo Philip.

La cuestión de si se debe permanecer en una situación dada o salir es muy real para muchos de nosotros. Ayer mismo intercambié mensajes con una amiga que trabaja en una organización religiosa que ella encuentra en conflicto consigo misma. Incluso se ha metido en problemas un par de veces por contemplar lo que la institución juzga que son ideas teológicamente peligrosas. En nuestra comunicación expresó un deseo de averiguar si se estaba quedando en una situación de abuso que al final la dañaría, o si lo que estaba experimentando podría ser un conflicto saludable que podría generar cambios institucionales positivos.

Por supuesto, en tales situaciones, la dirección a menudo la tomamos nosotros. Recientemente, otra amiga fue despedida de su trabajo en un seminario religioso. Había empezado a hacer preguntas acerca de la postura de la organización y estuvo leyendo libros juzgados como malos. Mientras que ella quería quedarse y operar dentro de la tensión, finalmente la dirigencia le “pidió” irse. Una de las cosas que le dijeron fue: “queremos liberarte a tu máximo potencial”. Esta mujer conocía bien a la institución y sospechaba que se trataba de una mentira similar a la que un gerente dice para sentirse mejor cuando despide a un empleado. Pero también era consciente de la idea psicoanalítica de que la verdad a menudo habla en una mentira. Si bien puede que sólo se hayan querido deshacer de ella, su acto bien podría ser lo que necesitaba para continuar su viaje con menos limitaciones.

Podemos ser una víctima de la defensa narcisista de otra persona, pero también podríamos hacer uso de la misma. Si a menudo nos encontramos en conflicto con las personas más cercanas a nosotros (en relaciones, movimientos políticos u organizaciones religiosas) podría ser útil pensar si en realidad esto refleja algo que estamos fallando en abordar dentro de nosotros mismos o en nuestra comunidad.

Al enfrentar los problemas subyacentes nos abrimos a la posibilidad de reconciliación o de participar en una separación sana. Pero no abordarlos significa estar condenados a un interminable ciclo agresivo de marchas y contramarchas.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2014/12/how-to-hate-yourself-without-knowing-it/

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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