Cómo el verdadero arte nos atrae a Dios

Cómo el verdadero arte nos atrae a Dios

Por siglos, en occidente, los cristianos fueron los líderes del mundo artístico, creando obras de teatro, arte visual y música de artistas talentosos.

Nombra cualquier artista que te hayan enseñado en la secundaria o en la universidad y él o ella probablemente tuvieron una gran influencia del cristianismo. De alguna manera, pasamos de hacer arte definitivo e innovador (como La Capilla Sixtina) al “arte cristiano” de hoy (piensa en los posters de las librerías cristianas).

El arte creado bajo la etiqueta “cristiana”, con frecuencia es una copia de alguna forma de comunicación “secular” o se apoya grandemente en un modo simplista de narración para dejar un mensaje. En este caso, los cristianos ven la búsqueda artística como herramientas prácticas que, si siguen la fórmula correcta, puede comunicar un mensaje directamente. Muchas veces, las motivaciones son válidas y buenas. Pero entre más nos esforzamos por hacer “arte cristiano” que explícitamente deletrea un valor moral, más parece una tarea evasiva.

Como consecuencia, el “arte cristiano” llega a ser más sentimental que profundo. El sentimentalismo intenta evocar la forma más barata de emoción con el mínimo esfuerzo, y esto no es suficiente. Tenemos que ir más profundo, ensuciarnos las manos y mejorar en contar las historias. Como señala N.T Wright en su libro Simply Christian: Why Christianity makes sence (Cristiano simple: Porque el cristianismo tiene sentido):

“Las artes no son pedacitos bonitos pero irrelevantes que se encuentran al costado de la realidad. Son las autopistas al centro de esa realidad que no puede ser observada, ni comprendida de ninguna otra manera”.

El centro de la realidad es un Dios que es Creador. Y como fuimos hechos a su imagen (Génesis 1), nosotros también somos creadores, capaces de aprovechar los aspectos necesarios y prácticos para hacer algo nuevo. Al crear        buen arte, somos capaces de imitar a aquel que creó todas las cosas, aquel que creó un universo y dijo: “Es bueno”. Entonces, creamos porque fuimos creados. Como dice Madeleine L’Engle: “Todo verdadero arte es encarnacional y por eso es religioso”.

Esto no quiere decir que toda cosa creada sea buena o que cabe perfectamente dentro del Evangelio. L’Engle señala que si estamos realmente creando arte que fluye de nuestras mentes y corazones, va a reflejar eso mismo que estamos adorando. Vemos esto en las representaciones de éxito de la sociedad y en el contenido que produce.

Como cristianos, tenemos que preguntarnos: cuando creamos, ¿realmente estamos sumergiéndonos en un acto de adoración que refleja aquello que ha creado el Dios vivo, o simplemente estamos copiando cosas que la sociedad ha confeccionado?

Cuando miramos la Palabra de Dios, vemos que Dios inspira la narración y el arte. Un gran porcentaje de la Biblia, particularmente el Antiguo Testamento, está escrito con detallada poesía. David fue músico y poeta, escribiendo canción tras canción a Dios en los Salmos para expresar la extensión más grande de la emoción humana. Jesús ni siquiera empezó el ministerio detallado en los evangelios hasta los 30 años, antes de eso, lo conocían como “el carpintero” o “el hijo del carpintero”. No ganó fama ni fortuna, sino que trabajó con sus manos.

La Biblia, aunque es clara con los aspectos más importantes de nuestra fe, no siempre ofrece soluciones fáciles para las preguntas más difíciles de la vida. Dios envió sueños proféticos a sus profetas y Jesús contó historias con extensas metáforas. El nombre mismo que se le dio al pueblo de Dios, el cual incluye a la iglesia, es Israel, que significa “lucha con Dios”. El arte bíblico no es ATP “apto para todo público” o simple. Por el contrario, está bien crear arte que no envuelva todo en una cajita y le ponga un lindo moño, arte que solo llegue a la redención después de un largo sufrimiento.

Aunque no sean historias “cristianas”, o historias acerca de cristianos, hay pistas del Evangelio en la imagen de Mad Max, perforado en ambas manos, donando su sangre para salvar una vida. Hay ecos de la lucha de los Salmos en la música de Typhoon. Dostoevsky, Caravaggio, Donne, Bach, todos ellos crearon arte que viene de la lucha de desafiar encasillamientos específicos.

La creación del arte, para el cristiano, es un llamado y un don genuino que no debería ser trivial. En Éxodo 31, Dios elige a “Bezalel… y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte… para trabajar en toda clase de labor”. Un templo funcional no era suficiente para ser hogar de la gloria de Dios, el tabernáculo también fue hecho detallado y hermoso.

Dios nos da la habilidad para hacer arte, pero el arte que es puesto para su uso. Dios llena a los trabajadores en Éxodo con el Espíritu Santo para construir el tabernáculo y el arca, y nosotros deberíamos modelar nuestro propio arte de este inspirado acto de creación. El arte creado por cristianos debería provocar lo que hizo Bezalel: crear un espacio en el que las personas encuentren a Dios. El arte es una personificación del lado de la producción y del lado de la recepción. Como el arca de Noé, también, el verdadero arte toma vida propia que está fuera de las manos del creador, una vida impregnada por Dios.

Es poner la vara alta, pero no podemos conformarnos con nada menos.

 

Fuente original:

http://www.relevantmagazine.com/god/worldview/how-true-art-points-god

Kristen O'neal

Kristen O'neal

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