Caos vs. Control

Caos vs. Control

El espacio entre el caos y el control:

“La belleza es misteriosa y terrible. Dios y el diablo luchan allí, y el campo de batalla es el corazón del hombre.”

— Fyodor Dostoevsky

Anoche, estaba tocando un solo en un club de las afueras de Cincinnati. Nos estábamos acercando al final de la noche cuando, de repente, las luces se apagaron. Fue extraño; no se nos cortaron los micrófonos o los sistemas de sonido, pero de alguna forma la consola de iluminación se había arruinado. En ese momento incierto algo hermoso sucedió: Toda la multitud empezó a iluminar el escenario con teléfonos celulares y encendedores. Fue realmente mágico, una multitud de extraños unidos en un momento de belleza pura y espontánea. Un improvisado instante de alegría naciendo del caos.

Mientras cantábamos juntos en la oscuridad, empecé a pensar en el caos y el control. Cerré los ojos y recordé la belleza de dejar ir. Ese increíble brillante destello de alegría y trascendencia había roto nuestros planes y algo mucho mejor había nacido. ¿Alguna vez has sentido lo inesperado de esa manera? Cuando tu corazón late más rápido, tus pulmones se contraen y te prepas hacia lo inesperado. Entonces, involuntariamente, comienzas a sonreír sin saber que estás sonriendo, sorprendido por la danza dentro del trastorno. Bueno, yo estaba sonriendo de esa manera, cantando en la oscuridad con los ojos cerrados cuando, de repente, las luces volvieron a encenderse. Fue como despertar de un sueño, la sensación de conexión desapareció. Bromeé que deberíamos apagarlas de nuevo, pero es imposible volver a esos momentos. El momento se había ido, pero es un recuerdo que no olvidaré, una canción realizada a partir del caos.

¿Por qué tenemos tanto miedo de estas interrupciones? La mayor parte de nuestras vidas la gastamos luchando contra caos. Creamos leyes, hacemos nuestros planes, ideamos planes “B”. Luchamos entrópicamente lo mejor que podemos. Pero me da la sensación de que a veces no tenemos tanto control como nos gustaría pensar. Y tal vez eso sea algo bueno. “En el caos hay fertilidad” dice Anaïs Nin. En la oscuridad de lo desconocido, ahí es donde la idea, la canción, la fe, el arte se concibe. Antes que lo estructuremos o le demos un nombre, en el misterio, en la terrible belleza de lo desconocido. Flotando sobre las aguas, en algún lugar entre el caos y el control, nace la belleza. ¿Pero no es ese espacio aterrador en donde nosotros nacemos también? A pesar de nuestros mejores esfuerzos por controlar el universo, estos bellos momentos de asombro y miedo nos hacen recobrar nuestros sentidos. ¿No están siempre la belleza y el dolor abriéndose paso a través de estos inútiles reglamentos humanos? Lo hemos visto con nuestros propios ojos, estas flores (¡siempre tan pequeñas!) penetrando a través de las grietas en el pavimento de nuestro control humano. Sí, y los pájaros cantan canciones que nunca podríamos dominar o predecir. Para que los que tienen oídos, oigan.

La belleza es el campo de batalla de Dios y el diablo… el miedo frente a la fe. ¿Pero cómo podría ser de otra manera? Este caótico, hermoso y aterrador lugar es en donde ocurre el arte. Aquí es donde sucede la humanidad. El día en que naciste, tu cuerpo salió del vientre de tu madre y tomó cautiva una pequeña parte del planeta. La piel y huesos lucharon duro para ocupar este espacio, empujando, alcanzando, anhelando la vida. Y el día en que naciste, te convertiste en el principio de lo que es posible. Eres un sueño hecho realidad, una imaginación en forma física. Eres la encarnación de lo que es posible. Tus pensamientos, tus palabras, tus canciones, tus pinturas, estas obras traen tu alma personal a la vida. Llaman a aquello que no está en existencia.

Tu mundo no está fijado o grabado en piedra. Y tampoco el mío. Tu y yo, somos creadores de la realidad. Tu configuras tu paisaje mental en luz u oscuridad. El universo detrás de tus ojos dice “Déjalo ser” y será. Eres poderoso más allá de lo que alguna vez has soñado posible. Y, sin embargo, en tu mismo frágil aliento, eres impotente. Vives en lo desconocido, sin promesas, donde nada es seguro. Tus esperanzas, tus sueños, incluso tu vida misma te será arrebatada algún día. Es en este hermoso y terrible misterio en donde nuestra historia toma lugar. Bailo con mi hija en mis brazos, explosiones resuenan en las calles de Palestina y un terremoto estalla al norte de la India. Este es el desprolijo lienzo de nuestra existencia, el caótico campo de batalla donde nuestros viajes se llevan a cabo.

Piensa en un árbol estirándose hacia el cielo. Extiende sus brazos y se apodera del espacio por encima. Se hace más grande para ocupar el cielo que una vez lo miraba de arriba. Esta a su alcance, para soñar, para esperar. El compositor crea un mundo que no estaba allí antes. El artista comienza a añadir color al lienzo -donde antes había solamente espacio negativo- y aparece un cuadro. Se forma un pensamiento en su mente. El pensamiento se convierte en una ciudad con familias y casas, tuberías, calles y líneas eléctricas. Toda esta ficción puede un día ser realizada. Soñar es el comienzo del mañana. En esta tierra es en donde ocurre el arte: entre quién eres y quién podrías ser.

En el contexto de nuestra propia creación, el caos no siempre es bienvenido. Pero es crucial para nuestra historia, es la interrupción de lo establecido, que despeja el camino para nuevas posibilidades. La entropía destruye nuestros planes y nos obliga a salir de nuestra zona de confort. Admitimos nuestra falta de control y de repente nuevos mundos extraños se convierten en posibles. Esta rendición no es fácil, sin embargo. El caos es la destrucción, la Entropía, Shiva, la discordia, la anarquía, como sea que lo llames, rara vez es apreciado en el momento. Sí, puede que despeje el camino para nuevas ideas, pero al hacerlo a menudo rompe nuestros confortables planes. “El caos era la ley de la naturaleza, el orden era el sueño del hombre”, escribe Henry Adams. Organizamos colores y palabras, soñamos una nueva pintura, una nueva canción. Construimos nuestras historias de los materiales que nos rodean. Irónicamente, estos sueños nacidos del caos actual construyen ciudades de orden futuro, que esperan ser anuladas por el caos una vez más. Y cuando nuestro mundo está al revés, comenzamos otra vez, creando orden de nuevo.

En este momento estoy varado en Dallas debido a que nuestro piloto se presentó con una hora y media de retraso (lo sé, esto es algo menor en comparación con las guerras, los genocidios, volcanes y terremotos, pero realmente quería ver a mi hija esta noche). Así que cuando el representante de la aerolínea nos dijo que las habitaciones de hotel estaban completas y que tratarían de encontrar algunos catres para dormir, tuve que reírme. Aquí estoy escribiendo sobre “apreciar el caos”, pero ponerlo en práctica puede ser una historia diferente. Y, sin embargo, cuando todo el mundo detrás mío en la cola comenzó a gritar, pelear y discutir con el agente de la puerta sobre lo que es justo, tuve que alejarme. Ninguna de sus acciones estaba haciendo que nuestra situación mejore. En todo caso, su actitud e ira sólo hacían nuestra situación aún más miserable.

Aquí es donde entra en juego la elección… ¿sacamos lo mejor de una mala situación o hacemos que una mala situación empeore? Sí, todos nos enojamos, frustramos, amargamos y deprimimos por las cosas en nuestras vidas que van mal. Pero cuando estamos en nuestro mejor momento, nos negamos a aterrizar allí. La mayor parte de este mundo no está en mi control, cuanto antes acepte ese hecho mejor. “El amigo que puede estar en silencio con nosotros en un momento de desesperación… que puede tolerar no saber, no curar, no sanar, y afronta con nosotros la realidad de nuestra impotencia, ese es un amigo que se preocupa”, dice Henri Nouwen. Hay humildad frente a lo desconocido. Cuando reconoces tus limitaciones es cuando el crecimiento comienza. Al aceptar la verdad de mis propios defectos y mi incapacidad para controlar, también soy capaz de comenzar a entender la verdad: que yo (¡aunque divino en mi capacidad de crear y planificar, construir y destruir!) no soy Dios. Soy, sin embargo, libre de responder al mundo a mi alrededor. Libre de crear con la creación misma. Me quito los zapatos en reverencia, este espacio caótico es tierra santa.

En la humildad de la maravilla empiezo a escuchar una canción en la discordia. En este aterrador punto medio entre lo que sé y lo que no sé, aflojo mis puños y me rindo. Me encuentro tensionado entre el poder y la impotencia, entre lo que es y lo que será. Al igual que una cuerda de guitarra que sólo puede cantar cuando se la tensiona, ahí es donde nace lo mejor de todos nosotros. Nuestro viaje de la vida es un estrecho río que se extiende entre las montañas del caos y el control, la predestinación y el libre albedrío. Me obligo a dejar de lado las cañas en la orilla del río y fluir en el espacio entre el sueño y la acción, entre lo que puedo controlar y lo que no. Aquí es donde la vida ocurre, donde las relaciones suben y bajan, donde los imperios triunfan o desaparecen. Estas son las aguas profundas: el glorioso terrible espacio entre el espejismo y los hechos, entre la vigilia y el sueño. Este es el lugar en donde vivimos, y donde nace nuestra canción. En algún lugar entre el caos y el control, estos son los países de las maravillas.

 

Fuente original:
http://www.huffingtonpost.com/jon-foreman/chaos-vs-control_b_7243662.html

 

Jon Foreman

Jon Foreman

Músico, líder de Switchfoot.

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