AMOR: Semana 2, día 4. Intimidad.

AMOR: Semana 2, día 4. Intimidad.

Al día de hoy se le llama el “Decimosegundo día de Navidad” [N. De LCC: la publicación original salió el 6 de enero de 2016, el día de la fiesta de la “Epifanía”], quizás porque a la autorevelación Divina le toma al menos doce días, y algo más, entrar de golpe en nuestra consciencia. Intimidad es otra palabra para la autorevelación confiada, afable y arriesgada.  Ninguno de nosotros puede alcanzarla sin dejar caer nuestros muros, manifestar nuestro ser más profundo al otro y dejarnos fluir. Muchas veces, esa vulnerabilidad evoca y permite una vulnerabilidad similar de la otra parte. Esa era la esperanza divina en la humilde revelación de Dios en el cuerpo humano de Jesús. Mi mente y mi boca tropiezan con sólo imaginarlo o atreverme a pensar que podría ser posible. Aun así, los cristianos se atreven a afirmar esta realidad.

Tal intimidad humana es poco común y muy difícil para todos nosotros, pero particularmente para los hombres y para todos los que se consideran importantes, es decir, aquellos que están entrenados para proteger sus límites, tomar la ofensiva y temer toda debilidad o necesidad. Dios parece haber comenzado a descongelar esta barrera glacial al venir precisamente en forma masculina, como Jesús, quien expone así a la misma masculinidad como desnuda, necesitada y vulnerable. La mayoría de culturas dirían que es alucinante, conmovedor y, sin duda, imposible. Así, la transmisión del secreto, el misterio profundo de Dios, continua en el espacio y el tiempo principalmente a través de los que Jesús llama una y otra vez “los más pequeños” y “los pobres de espíritu”, algo en lo que él mismo se convirtió.

Creo que muchos hombres, y los célibes aún más, tienen mucho miedo a la intimidad, a desnudar su identidad más profunda ante otro ser humano o, incluso, Dios. Sin embargo, las personas que corren el riesgo de la intimidad son invariablemente más felices y mucho más reales. Sienten que tienen muchas “manijas” que permiten que los demás se aferren a ellos y les permiten aferrarse a ellos mismos. Quienes evitan la intimidad están encerrados en un mundo pequeño y limitado. La intimidad es la única puerta de acceso al templo del amor humano o divino.

La sexualidad sana crea un contenedor evidente e ideal para la verdadera intimidad, al menos de vez en cuando. Por desgracia, el acto físico del sexo, destinado a ser un momento de intimidad en cuerpo y experiencia, con frecuencia no es íntimo en lo absoluto. Tanto el celibato saludable como el encuentro sexual demandan una profunda y verdadera intimidad; sin embargo, ambos pueden también ser la manera más efectiva de evitarla.

Creo que la intimidad vulnerable es la entrada y el eje de todo amor humano y divino. No importa qué venga primero; lo único importante es que atravesemos esta puerta de miedo y encontremos lo que vive en nuestro interior… y del otro lado de la puerta.

El amor íntimo es el verdadero templo que todos deseamos. Este anhelo parece estar programado en nuestro ser, a pesar de nuestros instintos de supervivencia. Tienes que desear muy intensamente amar y ser amado o nunca lograrás entrar a este extraño templo y nunca encontrarás tu verdadera identidad. Así que Dios se complace y te crea de esa manera, con una necesidad ilimitada e infinita de ser amado y amar. Hoy, se simboliza y representa la Fiesta de la Epifanía mediante tres hombres importantes que cayeron de rodillas, hallándose seducidos por la vulnerabilidad de Dios que dormía sobre la paja entre animales.

Fuente original:
https://cac.org/intimacy-2016-01-06/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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