AMOR: Semana 2, día 3. La Escritura como autorrevelación divina.

AMOR: Semana 2, día 3. La Escritura como autorrevelación divina.

Sólo aquellos que realmente conocen su necesidad por el Amado saben cómo recibir el don del Amado sin abusar de tal amor. Un vacío mutuamente aceptado es la red de seguridad de todo amor y, en las Escrituras, hasta Dios es presentado como “necesitado” de algún modo, e incluso “celoso”, de nuestro amor (Éxodo 20:5, 34:14). Básicamente, el amor sólo funciona dentro de la humildad. Mi padre, San Francisco, se enamoró de la “humildad” de Dios, una palabra que a la mayoría ni se nos ocurriría pensar que podía aplicarse a Dios.

La plenitud en una persona no puede permitir el amor porque no hay aperturas, oportunidades, tomas y dacas ni un hambre profunda. Es como tratar de atar dos globos inflados entre sí. La vulnerabilidad humana le da al alma una inmensa ventaja en su peregrinaje… quizás el único inicio posible para cualquier verdadero viaje espiritual. Por lo tanto, el Cristo Resucitado comienza en nosotros revelando las heridas humanas de Dios, la solidaridad de Dios con el sufrimiento humano. Dios comienza con la autorrevelación de la parte divina, que idealmente lleva a la autorrevelación de nuestra parte.

La Biblia me fue expuesta por primera vez en la década de 1960, cuando el Concilio Vaticano II dijo que la revelación divina no implicaba que Dios revelaba ideas acerca de sí, sino que en realidad era Dios mismo quien se revelaba. La Escritura y la religión en sí misma se transformaron para mí no en meras doctrinas o moralismos, sino en un acto de amor, un intercambio mutuo y real de existencia e intimidad.

Los místicos, y aquellos como Moisés (Éxodo 33:12-23), Jesús (Juan 5:19-20) y Juan (1 Juan 1:13), que afirmaron conocer personalmente a Dios, siempre fueron conscientes de que habían dejado entrar un secreto de amor grande y maravilloso. Cualquiera que no tenga consciencia de este diálogo interior, es decir, de una relación yo-TÚ, diría que estas personas son presuntuosas, emocionales, absurdas o, incluso, arrogantes. ¿Cómo se atreven a afirmar que tienen una unión real con la divinidad? Pero esto es, sin lugar a dudas: “el misterio de Dios, Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3). Como dice Juan: “Cualquiera que ama es nacido de Dios y conoce a Dios… porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8). Este increíble versículo , pero muy pocas veces citado, nos revela el gran secreto y además lo hace universal y al alcance de todos.

Fuente original:
https://cac.org/scripture-as-gods-self-disclosure-2016-01-05/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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