AMOR: Semana 2, día 1. Eres lo que buscas.

AMOR: Semana 2, día 1. Eres lo que buscas.

Cualquier auténtica espiritualidad enfatizará una mutua y real equivalencia entre quien observa y lo observado. Existe una simbiosis entre el corazón/mente del observador y lo observado. Puede decirse con razón que todo ser tiene “una voz”, como John Duns Scotus apuntó. Lo que yo soy, tú también lo eres, y así es también el mundo. La Creación es una gran sinfonía de correspondencia mutua. O, como a San Agustín le encantaba decir: “Al final, sólo estará Cristo amándose a sí mismo”.

Para entender esto, debo saber que yo soy, al menos en parte, la misma esencia de lo que busco. De hecho, ¡eso es lo que me hace buscar! Pero la mayoría no conoce esta buena noticia todavía. Dios no puede hallarse “afuera” si primero no lo hallamos “adentro”, en nosotros mismos, como San Agustín expresó en sus Confesiones con profundidad y de muchas maneras. Es entonces cuando podemos casi de manera natural ver a Dios en otros y en toda la creación. Lo que buscas es lo que eres. La búsqueda de Dios y la búsqueda de nuestra verdadera identidad es lo mismo. La oración de cada noche de San Francisco era: “¿Quién eres tú, oh Dios, y quién soy yo?”. Esta es probablemente una oración perfecta, pues es la oración más honesta que podemos ofrecer.

Un corazón transformado por reconocer esta unidad llega a conocer que sólo el amor de “adentro”, en mí, puede reconocer y disfrutar el amor de “afuera”. El miedo, la tristeza y el resentimiento son vistos por los maestros espirituales como una ceguera inherente que debe superarse. Esas emociones no te llevan a ningún lado, sin dudas a ningún lado bueno. Por lo tanto, todos los místicos son personas positivas… ¡o no serían místicos! Su batalla espiritual es precisamente la tarea de reconocer todo su miedo y negatividad interior para luego entregarlo a Dios. La gran paradoja es que esta victoria es en su totalidad un regalo de Dios y, a la vez, algo que de alguna manera debes de querer mucho (Filipenses 2:12-13).

La práctica central en el misticismo franciscano, por lo tanto, es permanecer en el amor (Juan 15:9). Sólo cuando estamos dispuesto a amar podemos ver el amor y la bondad en el mundo que nos rodea. Debemos permanecer en la paz, y luego encontraremos paz afuera. Permanecer en la belleza, y honraremos la belleza en todas partes. Este concepto de permanecer o de residir (Juan 15:4-5) saca a toda la religión de cualquier ámbito esotérico que implique un espacio doctrinal exterior, donde ha estado perdida por tanto tiempo. No hay un mandamiento moral secreto para conocer o agradar a Dios (o lo que algunos llaman “la salvación”) más allá de convertirnos en personas amorosas en mente, corazón, cuerpo y alma. Entonces, llegaremos a observar lo que necesitamos observar.

Fuente original:
https://cac.org/what-you-seek-is-what-you-are-2016-01-03/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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