Resurrección no es lo mismo que perfección

Resurrección no es lo mismo que perfección

Hace unos días fue Domingo de Pascua y mi mensaje para la iglesia se trató de algunos pensamientos sobre lo que la Pascua me ha enseñado. Uno de esos pensamientos tiene que ver con esta idea de que Resurrección no es lo mismo que Perfección.

En otras palabras, una vida que ha sido restaurada y renovada por el amor y poder transformador de Dios (resurrección) no será libre de algún signo o marca de haber sido golpeada en el pasado (perfección).

La historia de Jesús afirma esto para nosotros, ¿no? Al aparecer a sus amigos en su nueva forma resucitada, les dijo: “Pon tu dedo aquí. Mira mis manos. Pon tu mano en mi costado. No dudes más. ¡Cree!” (Juan 20:27).

Con el fin de demostrar que él era realmente Jesús, y que verdaderamente soportó la cruz, Jesús llamó la atención sobre el hecho de que sus manos todavía llevaban cicatrices y su lado todavía se encontraba mutilado por haber sido traspasado. Aunque derrotó a los poderes del pecado y la muerte, y aunque salió victorioso de una tumba que no pudo contenerlo, conservó las heridas y cicatrices de haber experimentado su noche oscura del alma.

Resurrección no es lo mismo que perfección.

 

Vívela bellamente

El otro día oí este jingle en la radio: “¡Es tu vida, vívela bellamente!”. Un buen mensaje, sin duda. Puedo estar de acuerdo con eso. Pero luego el anuncio siguió y descubrí que se trataba de una empresa en la ciudad que hacía liposucción y cirugía estética.

Ahora bien, esto no pretende de ninguna manera ser un juicio a la cirugía plástica o a cualquier persona que se haya realizado un trabajo de este tipo. Por favor, atiéndeme cuando digo eso.

Pero lo que me llamó la atención fue cómo esta compañía conectaba estos dos mensajes: “Es tu vida, así que vívela bellamente” con “pero si no te gusta cómo se ve tu cuerpo, entonces déjanos que te lo cambiemos”.

En otras palabras, obtener los brazos, los abdominales, los muslos, la barbilla o la espalda perfecta, para poder vivir maravillosamente. Borrar la evidencia de que solías ser esa persona, ¡y ahora emerger como nueva en esta persona!

Lo cual está todo bien. Siempre que sepamos que estamos hablando de perfección, lo cual tiene muy poco que ver con resurrección.

 

Un nuevo rostro

Me acordé del cuarto episodio de Unbreakable Kimmy Schmidt, “Kimmy Goes to the Doctor” [“Kimmy va al doctor”]. (Para los no iniciados, esta nueva serie de comedia de Netflix se trata de cómo una joven, Kimmy, regresa al mundo después de haber estado atrapada bajo tierra en un búnker por 15 años a manos de un líder de culto. El espectáculo sigue de manera cómica sus ingenuos intentos de establecerse en la ciudad de Nueva York). 

Kimmy, enojada por ser reconocida como una de las Mujeres Topo (una de las cuatro mujeres atrapadas bajo tierra) va a la oficina de un cirujano plástico y le dice: “¡Quiero un nuevo rostro!”. A lo cual el Dr. Franff le responde: “¡Tengo algunos!”.

Al desear una nueva vida, y con la esperanza de que esta no tuviera ninguna semejanza con su vieja vida, Kimmy buscó un rostro sin mancha. Uno que no tuviera conexión con los horrores que experimentó durante 15 años.

Y de nuevo, no estoy juzgando este enfoque, ni estoy sugiriendo que algunas personas no tengan una muy buena razón para querer dejar su pasado atrás de una manera real y concreta. Lo que busco es una distinción más clara entre resurrección y perfección.

 

La Cabaña

En 2007 WIlliam Paul Young escribió el best seller “La Cabaña”. La ficcional historia de Mack, un padre de cinco niños cuya hija menor, Missy, es secuestrada, llevada a una cabaña y asesinada. La vida de Mack cambia para siempre al entrar en su Gran Tristeza, negándose a vivir la vida sin su hija.

Un día Mack recibe una carta de Dios invitándolo a encontrarse con él en la cabaña donde fue descubierta la ropa ensangrentada de Missy años antes. Mack es invitado de vuelta al lugar de los horrores, de vuelta al lugar donde su vida tomaría un giro hacia el dolor para siempre. Él se presenta en la cabaña y descubre que Dios está allí esperando por él (brillantemente personificado por una mujer afroamericana, un carpintero de Medio Oriente y una mujer asiática). El fin de semana en la Cabaña le basta a Mack para eventualmente encontrar un camino hacia la sanación, la esperanza, el perdón y la restauración.

Podría decirse que Mack deja la Cabaña como un hombre nuevo, después de haber experimentado una resurrección de los poderes de las tinieblas que lo habían estado reteniendo.

Pero hace un tiempo atrás me encontré con una entrevista donde el autor, Young, decía que cometió un error al escribir “La Cabaña”, y tenía que ver con el final. Verás, al final del libro Mack regresa a la cabaña. Y regresa como alguien que ha surgido de su Gran Tristeza, alguien que ha experimentado el poder transformador y sanador del amor de Dios. Y cuando Mack abre la puerta de la cabaña una vez más mira y, donde anteriormente estaba la mancha de sangre de su hija en el suelo, ahora hay una superficie limpia muy bien pulida.

Pero Young se arrepiente de ese final.

Más bien, se da cuenta de que debería haber dejado la mancha de sangre allí.

¿Por qué? Porque como afirma la historia de Jesús, Resurrección no es lo mismo que Perfección.

 

Confundir ambos nos refrena

Para mí todo se resume a esto: Me pregunto cuántos de nosotros no experimentamos una nueva y abundante vida en Jesús porque esperamos un día cuando el dolor se detenga. Cuando las heridas ya no estén allí. Cuando ya no sintamos ni veamos la evidencia de las pruebas en nuestra vida.

¿Somos subconscientemente controlados por una narrativa que espera por la perfección, cuando en realidad nuestra invitación es a la Resurrección?

Porque así es la cosa, cuando el domingo finalmente llega, y nos encontramos al otro lado del sangriento viernes y del tedioso, oscuro, incierto y triste sábado, ¡no emergemos como si el viernes y el sábado no hubieran sucedido!

La resurrección consiste en tomar lo que pasó y transformarlo en algo más bello, verdadero y real. No se trata de borrarlo. No se trata de recibir un nuevo rostro. No se trata de un piso pulido que no muestre ningún rastro de lo que pasó.

Las manos, los pies y el lado de Jesús dan testimonio de su viernes. Y el domingo, ante la aparición de nueva vida, sus cicatrices permanecieron.

Dios quiere darnos una nueva historia. Una en la que podamos señalar las heridas del pasado y decir: “¿Ves esto? ¿Esta y esta otra? ¡Déjame contarte cómo las conseguí, y déjame contarte como esa ya no es mi historia!”.

¡Eso es resurrección!

Y cuando lo confundimos con perfección, me preocupa que nos perdamos la comprensión de que nueva vida, esperanza, alegría, significado y paz, ¡todas estas cosas están disponibles para nosotros ahora! No tienes que esperar hasta que las heridas desaparezcan y las cicatrices se hayan ido.

 

Ya lo tienes

¿Recuerdas la historia del Hijo Pródigo? ¿Recuerdas cómo el hermano mayor se negó a asistir a la fiesta que su padre estaba organizando en nombre del hermano menor?

Entonces el hijo mayor se enfureció y no quiso entrar; más su padre salió y le rogó. Y él respondió a su padre: Mira, te he servido todos estos años, y nunca he desobedecido tu instrucción. Sin embargo, nunca me has dado ni siquiera un cabrito para poder celebrar con mis amigos. Y cuando este hijo tuyo regresó, después de engullir tu hacienda con prostitutas, le mataste el becerro engordado. Entonces su padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. —Lucas 15:28-31

“Todo lo que tengo es tuyo”, te dice Dios.

“Yo siempre estoy con ustedes”, nos dice Jesús.

Gente, escuchen atentamente, pueden tener, vivir y participar de la Vida de Resurrección. AHORA. En serio. No es broma.

Puede que no se vea o se sienta como Vida de Resurrección (especialmente si estamos confundidos por las expectativas de Perfección), pero eso no lo hace menos real.

Así que tal vez hoy solo necesites oírme invitarte a despertar.

Sé que el viernes fue doloroso.

Sé que el sábado fue aterrador.

Pero amigo, el sol se ha levantado el domingo. Respira el aire fresco. Mira tus heridas y tus cicatrices que aún permanecen (algunas más frescas que otras) y di, como Pablo:

“[…] atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos”. —2 Corintios 4: 8-10

La paz sea contigo.

 

Fuente original:

https://www.colbymartinonline.com/blog/2015/04/08/resurrection-is-not-the-same-as-perfection?rq=perfection

 

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Colby Martin

Acerca de Colby Martin

Autor, Pastor de Sojourn Grace Collective.

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