Cortando las ramas sin fruto (parte 3)

Esta es la tercera y última parte de una mirada más cercana a Juan 15:1-2.

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía”.

Juan 15: 1-2 (NVI)

En la primera parte, abordé el problema tal como lo veo. Que una lectura tradicional de este pasaje implica que Dios cortará a las personas que no dan fruto, y les dará más a quienes lo hagan. Esto apesta a los ricos enriqueciéndose aún más y los pobres volviéndose aún más pobres. Lo cual es altamente anti-reino.

En la parte 2 ofrecí una vía que atravesara el problema, más en línea con las prácticas vitivinícolas del primer siglo fiel al griego original. Es decir, que Jesús estaba diciendo que las ramas que no dan fruto son levantadas, o elevadas por Dios, para que puedan llevar fruto. No se cortadas, descuidadas, eliminadas o abandonadas.

Hoy, un par de observaciones.

 

Un infructuoso adolescente impulsado por el ego

Cumplí 17 años el verano antes de mi último año de escuela secundaria. Poco después de mi cumpleaños fui con mi grupo de jóvenes a una conferencia en el sur de California llamada EEMP (Estudiantes Equipados para Ministrar a los Pares). Era una semana de largo entrenamiento para estudiantes de secundaria acerca cómo compartir su fe con amigos y extraños. Después del entrenamiento matutino nos mandaban a las playas, de a dos, para testificar a la gente.

Es cierto que los méritos de un emprendimiento de este tipo pueden ser debatidos, pero lo que no admite debate es cómo esa experiencia impactó mi vida.

Antes de esa semana, yo era el típico adolescente egocéntrico cuya única prioridad en la vida era asegurarse de que la gente pensara que yo era increíble. Todas mis energías eran gastadas en fortalecer mi imagen, captar la atención sobre mí mismo.

Si, y cuando, iba a la iglesia era simplemente para agregar un elemento más a mi insignia social, porque para algunos círculos ser el “chico de la iglesia” era bueno (nota: claro, esos círculos no eran grandes, pero sí existían). Y eso es lo que me importaba: ser genial.

Pero en EEMP, cuando volví de esa primera tarde de intentar salvar almas de extraños al azar (no creo haber tenido éxito, por cierto), mi cama se inundó con las lágrimas de un sorprendido chico de 17 años profundamente conmovido y perturbado por su día de testimonio.

Por primera vez me encontré cara a cara con la realidad de que realmente no estaba conectado con la Vid, no tenía ninguna relación real con Jesús. Aunque había crecido en la iglesia y hecho la oración del pecador a los 5 años de edad (como buen Bautista), en términos generales me encontraba ese día en la playa presumiendo de hablarle a la gente acerca de un Jesús que yo mismo ignoraba.

Ese día en mi cama, al sur de California, en un charco de lágrimas, sentí una Invitación Divina.

No hubo voz. No hubo persianas sacudiéndose. No sentí un frío sobre mi cuerpo.

Sólo un claro sentido que me encontraba de pie en una encrucijada. Creo que Dios estaba invitándome a tomar una decisión: continuar como había sido, o hacer un cambio radical y empezar a vivir por el bien del Reino. Seguir adelante en una vida donde Colby fuese el personaje principal, o saltar del barco y descubrir una nueva narrativa donde todo se tratase de Jesús.

Esa tarde, salté del barco.

Y el cambio fue total.

Esa semana fue cuando supe que quería ser Pastor, y nada más.


Un fructífero pastor de adoración y artes

Años después de ese encuentro, después de obtener una licenciatura en ministerio pastoral, y después de trabajar durante dos años como pastor asociado en Salem, Oregón, me encontré como el nuevo pastor de Adoración y Artes en una creciente iglesia en las afueras de Phoenix, Arizona.

He documentado el final de mis cinco años allí en otras publicaciones, así que, si no estás familiarizado con esa parte de mi historia, te animo a que la leas. Es fascinante.

Pero, por el bien de esta serie, lo traigo a colación porque en muchos sentidos veo ese momento en mi vida y puedo decir honestamente que fue un tiempo fructífero del ministerio. Tanto en el sentido exterior como interior. En otras palabras, mis esfuerzos ministeriales estaban tocando gente, y por lo general guiando a la gente más cerca de Jesús, me estaba convirtiendo poco a poco en una persona más paciente, amable, cariñosa y amorosa.

Esa es la razón por la que me dolió aún más el haber sido despedido abruptamente. ¡Porque fueron cinco años de producir delicioso fruto como una buena rama debe hacer!

 

Lo que glorifica a Dios

Al final del discurso sobre las vides, las ramas, la poda y el fruto, Jesús dice esto:

Mi Padre es glorificado cuando producen mucho fruto, y de esta manera prueban que ustedes son mis discípulos.

—Juan 15: 8

Dios es glorificado cuando producimos mucho fruto.

En otras palabras, podríamos decir que cuando nuestras vidas se caracterizan por los frutos del Espíritu, cuando despertamos a la plenitud de lo que somos, cuando mostramos amor hacia los demás, a nosotros mismos y a Dios, cuando realmente marcamos una diferencia en nuestros esfuerzos al hacer que suceda el Reino de Dios en la tierra, así como en el Cielo, entonces el Creador del cosmos es honrado y alabado. Y nosotros, a su vez, demostramos ser discípulos de Jesús.

Es decir, una vida fructífera da testimonio de cómo los caminos de Jesús conducen a la humanidad hacia el florecimiento. Hacia el Shalom. Hacia la forma en que las cosas deben ser.

Los esfuerzos de Dios por renovar la humanidad, reconciliar la Creación, son vindicados cuando nuestras vidas llevan mucho fruto.

Así pues, con ese fin, Dios está profundamente abocado en producir gran cantidad de fruto en nuestras vidas. Es un clásico escenario en el que todos ganan: nosotros experimentamos la vida abundante, y Dios le demuestra al mundo expectante como es ser un humano fructífero.

 

Hacia una mayor fructificación

Si Dios es alabado, honrado y vindicado cuando llevamos mucho fruto, y si nuestras propias vidas son mejores debido a ello, y si la mejor demostración de que seguimos a Jesús es una vida de gran fructificación, entonces no debería sorprendernos que el Viñador esté íntimamente involucrado con Sus ramas, ayudándoles a cada una a avanzar hacia una mayor fecundidad.

Ir a EEMP fue, para mí, un momento en que el Viñador me levantó del suelo donde yo no estaba dando fruto. Mi vida se encontraba en un curso de egoísmo y orgullo. Así que el Viñador me levantó amorosamente hasta un lugar donde yo podría recibir el aire adecuado y la luz del sol.

Y, por dolorosa que fuese, mi experiencia de haber sido despedido fue algo que me llevó de la fructificación a una mayor fructificación.

Es confuso, sí, y doloroso. Pero el Viñador conoce sus ramas tan profundamente que sabe de qué son verdaderamente capaces. El proceso de poda está diseñado para cortar las ramas que están haciendo exactamente lo que se supone que deben hacer (dar fruto) con el único propósito de participar en el futuro de una producción de fruto aún mayor.

Entonces, si volvemos una última vez a las palabras de Jesús:

Yo soy la Vid Verdadera, y mi padre es el Viñador. Él levanta cualquiera de mis ramas que no producen fruto, y poda cualquier rama que produce fruto para que produzca aún más fruto”

lo que descubrimos no es un sistema en el que Dios recompensa a las ramas fructíferas y desecha a las que luchan. El Reino de Dios no consiste en que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

No, el Reino de Dios se trata del movimiento divino para guiar e invitar a las personas a caminar por sendas de paz, amor, esperanza, misericordia y gracia. Invitar a la gente a vivir la vida al máximo, en todas las dimensiones.

Lo que hace de las palabras de Jesús acerca de un Viñador levantando las ramas que luchan y podando las exitosas, una hermosa ilustración de lo que es estar en las manos de un Dios amoroso, cariñoso y lleno de gracia.

 

Fuente original:

https://www.colbymartinonline.com/blog/2015/05/14/cutting-off-the-fruitless-branch-part-3?rq=FRUITS

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Colby Martin

Acerca de Colby Martin

Autor, Pastor de Sojourn Grace Collective.

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