Dios necesita mujeres

De vez en cuando, en las conversaciones sobre Dios y el género, alguien intentará concluir el asunto señalando que Jesús era un hombre, como si la encarnación probara algo sobre el género de Dios o la supremacía de la masculinidad sobre la feminidad.

Nunca he sabido cómo responder a eso, pero últimamente, al estar amamantando a un bebé de cinco meses, he estado pensando: Sí, en Jesús, Dios una vez fue un hombre. Pero también, en Jesús, Dios fue una vez un bebé; un bebé que se acurrucó en el vientre de una mujer, un bebé cuya vida dependió de una mujer para alimentarse, un bebé que durmió en el pecho de una mujer, un bebé cuya primera palabra pudo muy bien haber sido “mamá”.

Piénsalo. Dios dando patadas a través del vientre de una mujer embarazada, Dios alimentándose de los pechos de una mujer, Dios frunciendo su frente y concentrándose con todo su poder para formar la palabra “mamá”, Dios soltando una linda risa de bebé, Dios llorando hasta tarde en la noche.

El milagro de la encarnación no es que Dios se hizo hombre; es que Dios se hizo humano, con todas las debilidades, dependencias e interrelaciones de un ser humano. En cualquier caso, la encarnación nos recuerda cuánto nos pertenecemos unos a otros y necesitamos unos de otros, cómo nuestra humanidad compartida significa que nadie es más importante en virtud de género o estatus.

Claro, cuando Dios se hizo carne, Dios se hizo hombre. Pero ese hombre fue una vez un bebé que necesitó a su mamá. Y ese bebé se convirtió en un hombre que se rodeó de mujeres que fueron sus estudiantes, sus compañeras de ministerio y sus amigas. Y cuando ese hombre fue crucificado, enterrado y abandonado por los hombres, fueron las mujeres las que vinieron con las especias, fueron las mujeres las que obtuvieron la primera vislumbre de la resurrección.

Nos guste o no, Dios necesita a las mujeres; para la comida, para la amistad, para el trabajo de redención.

Sojourner Truth lo expresó de manera mucho más contundente cuando dijo (según se dice): “¡Entonces, ese pequeño hombre de negro dice que las mujeres no pueden tener tanto derecho como los hombres, porque Cristo no era una mujer! ¿De dónde viene tu Cristo? ¿De dónde vino Cristo? ¡De Dios y de una mujer! El hombre no tuvo nada que ver con él”.

 

Fuente original:

https://rachelheldevans.com/blog/god-women-incarnation

 

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Rachel Held Evans

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