El costo

Dicen que he tomado la salida fácil.

Dicen que he cedido a la cultura en un esfuerzo por ser bienvenida y querida por mis pares. Me dicen que he calculado el costo de seguir a Jesús y lo consideré demasiado, así que he saltado sobre el movimiento liberal -abrazando la evolución, el feminismo, la igualdad LGBT y las visiones teológicas que se desvían de la norma evangélica- porque es lo fácil, lo conveniente de hacer.

Quiero sacudir sus hombros y preguntar, ¿de qué cultura crees que vengo? ¿Quién crees que son mis pares? Esta iglesia, esta comunidad, una vez fue todo mi mundo hasta que tomó las preguntas que ofrecí con manos temblorosas y las estrelló contra la pared. ¿Cómo te atreves a decir que tomé la salida fácil cuando estas preguntas me han costado relaciones, reputación, estatus y seguridad? ¿Cómo te atreves a decir que tomé la salida fácil cuando este camino ha sido tan solitario y traicionero?

Ha habido un costo: profesores que una vez rebosaban de orgullo por mi escritura me castigaron por no dedicarme a vocaciones femeninas más dignas. Una comunidad que una vez celebró y alentó mis dones me ha pedido que guarde distancia. Cuentan chismes sobre mí en el pasillo del supermercado y soy un tema para la discusión crítica en la escuela dominical. Amigos me han comparado a una adicta y me han dicho que necesitaban alejarse.

Oh, esto ha llegado con un costo.

Aun así, el mío ha sido un viaje relativamente fácil. Mis padres me apoyan y tengo muchos amigos fieles. He encontrado el éxito y la solidaridad en mi escritura, y mi marido nunca ha dejado mi lado. Pero hay maestros de ciencias que han perdido sus empleos por enseñar que la tierra tiene más de 6000 años de antigüedad y eruditos bíblicos que han sido etiquetados como herejes por sugerir que Génesis 1 no es un texto científico. Hay adolescentes que se han enfrentado a que los echen de casa después de salir del closet con sus padres, y padres que han enfrentado la excomunión de su iglesia por apoyar a sus hijos gay. Conozco a mujeres que pueden recordar la forma en que sus corazones se hundieron cuando una fila de hombres se levantó y se fue cuando se acercaron al pulpito para hablar. Conozco escritores que han perdido ofertas de libros y pastores que han sido corridos de la ciudad.

No estamos “cediendo” a la cultura; nuestra cultura es el cristianismo evangélico. Estamos luchando con esa cultura, y hacerlo tiene un costo.

***

Ustedes son los que toman la salida fácil.

Eso es lo que le digo a mis detractores.

Ustedes son los que han cedido a la cultura en un esfuerzo por ser bienvenidos y apreciados por sus pares.

Estoy convencida de que las personas con las que no estoy de acuerdo sostienen sus convicciones porque no han pensado realmente en ellas o porque temen cuestionar el statu quo. Ellos han elegido la ignorancia voluntaria sobre la investigación cuidadosa, digo, la seguridad del fundamentalismo sobre el riesgo del amor inclusivo. Ellos han calculado el costo de seguir realmente a Jesús y lo consideraron demasiado. Son ellos los que toman la salida fácil, no yo.

Y logro vindicarme y justificarme por alrededor de unos siete minutos antes de que el peso de la viga en mi ojo comience a bajar mi cabeza.

Porque la verdad es que sus convicciones vienen con un costo también.

Es doloroso ver tus creencias burladas en los medios de comunicación y satirizadas en la televisión. Hay un costo inherente en tus valores cuando otros los atacan como pasados de moda o extraños. Duele muchísimo ser el blanco de todas las bromas en tu oficina o que te llamen “fanático” o “extremista” en tu universidad cuando nada podría estar más lejos de la verdad. Se necesita coraje para levantar la mano y desafiar al profesor en un aula secular o alejarse de una situación comprometedora cuando podría significar perder relaciones que han sido duramente ganadas. Y tiene que aguijonear ser llamado fundamentalista por otros cristianos (como yo) cuando apenas estás intentando hacer las cosas bien y en amor. Debe doler ver cómo te ponen los ojos en blanco y la actitud de “lo sé todo” que nosotros los progresistas podemos aplicar tanto como cualquiera.

He hecho suposiciones acerca de mis hermanos y hermanas en la fe, sólo para aprender que ellos también han luchado con grandes preguntas, solo que han arribado a diferentes respuestas. He hablado con veinteañeros cuyas familias los ridiculizaban cuando se hicieron cristianos y con mujeres cuyos profesores se burlaban de ellas cuando desafiaban las enseñanzas feministas. Una vez, después de que le dije a alguien que seguramente nunca había conocido a una persona gay en su vida, respondió que su ex-esposa era lesbiana y que él luchaba con la forma de criar a sus hijos con ella de una manera amable y amorosa.

Cuan poco sé de las historias de otras personas. Lo rápido que soy para juzgar basada en qué parte nos encontramos en el camino sin molestarme en preguntar de dónde han venido.

***

He estado pensando…

Luchamos como hermanos y hermanas porque lo somos. Todos hemos sido adoptados en la familia de Dios.

Tal vez no tengamos que cambiar las mentes de los demás para aligerar su carga al no asumir motivos, dándonos el beneficio de la duda de que llegamos a nuestras creencias a través de una búsqueda honesta.

Hay un costo para cada convicción.

Mi costo puede que sea diferente al tuyo, pero la sensación de pérdida es la misma. Y así lo es la esperanza que viene con partir el pan juntos a pesar de nuestras diferencias teológicas y políticas y descansar en la dulce certeza de que seguir a Jesús no tiene que costarnos esto. No tiene que costarnos nuestro amor el uno al otro.

No si no lo queremos.

 

Fuente original:

https://rachelheldevans.com/blog/the-cost

 

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Rachel Held Evans

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