¿Amar a Dios o amar a tu esposa?

Hace más o menos un mes recibí esta pregunta de un estudiante universitario:

«¿Amas a Dios más de lo que amas a tu esposa? Y si es así, ¿cómo lo haces?».

Mi suposición es que él se encontraba en algún tipo de relación, y que estaba luchando con la forma de alinear y priorizar apropiadamente su amor por su Dios y su amor por su novia. Y esta es una lucha que recuerdo bien de los días de mi juventud. De vez en cuando reviso viejos diarios que guardo de la escuela y la universidad, y el tema principal en muchos de ellos era las luchas que tenía con «poner primero a Dios» cuando se trataba de cualquier tipo de relación en la que estuviera.

Como plantea la pregunta de arriba, ¿cómo asegurarnos que nuestro amor por Dios es mayor (porque se nos ha dicho que así debe ser) que nuestro amor por los demás, incluso por encima de la persona que más amamos en nuestra vida? O, ¿quizás hemos entendido todo mal?

Aquí mi respuesta:

Tu preguntaste: «¿Amas a Dios más de lo que amas a tu esposa? Y si es así, ¿cómo lo haces?».

Interesante pregunta.

Responderé con una pregunta: ¿Por qué supones que las dos (amar a Dios y amar a una esposa) son mutuamente exclusivas?

O, para decirlo de otra manera, tu pregunta pareciera incorporar la suposición de que hay dos entidades diferentes (Dios y la esposa) y que el acto de amar a esas dos entidades es de alguna manera comparable.

Pero, ¿y si no están en contraste? ¿Y si se alimentan mutuamente?

Me refiero, ¿y si cada vez que «amo» a mi esposa estoy simultáneamente amando a Dios?

Si Dios es amor (y Juan nos enseña eso), ¿eso también podría significar que el «amor es Dios»? Y si ESE es el caso, entonces cada vez que actúo para con mi esposa de una manera amorosa, cada vez que pienso en ella de manera amorosa, cada día que elijo continuar honrando nuestros votos, cuidarla y adorarla, también expreso (en el mismo acto de amar) continuamente amor por y hacia Dios.

Tal vez, si lo viéramos así, estaríamos menos inclinados a sentir culpa y vergüenza ante pensamientos como: «¿estoy amando a mi esposa/esposo/novio/novia más que a Dios?», «¿eso me hace un mal cristiano?», «¿estoy poniendo a esta persona en vida primero que a Dios?».

Creo que este tipo de voces se desvanecen cuando redefinimos lo que es el amor, quien es Dios, y como en realidad AMAMOS A DIOS cuando AMAMOS A LAS PERSONAS…la mayoría de nosotros, a nuestras esposas.

O, en realidad, más que nada: a nuestros enemigos. Cuando los amamos a ELLOS probablemente estemos amando a Dios aún MÁS. Pero ese es otro tema.

 

Visto de esta manera, se hace relativamente imposible que amemos a alguien más que a Dios, ya que cada vez que promulgamos el sagrado acto de dar amor a alguien, estamos simultáneamente amando al amor. En cierto sentido, invocamos a Dios a través de nuestro acto de amar mientras que también demostramos nuestro amor por y hacia Dios.

Más temprano me encontré con un blog, donde Richard Beck conversa también con un estudiante universitario. En el mismo, Richard se pregunta si hemos creado una especie de cristianismo de marketing. Y mientras leía su mensaje, me recordó a mi correspondencia anterior con este estudiante universitario. En lugar de preocuparnos tanto por «mejorar nuestra relación con Dios» (como en la conversación de Richard), o «asegurarnos que amamos a Dios más que a otros» (como en mi conversación), nuestro tiempo y energía sería mejor invertido reparando relaciones rotas, dando de nosotros mismos a los demás, haciendo tiempo en nuestro día para un viejo amigo o miembro familiar, mostrando amabilidad a los extraños, etc.

Porque cuando elegimos amar, elegimos a Dios.

O, como dijo un comentarista en la publicación de Richard:

Cuanto más cerca estás de Dios, más cerca estás de las personas.

Cuanto más cerca de las personas, más cerca de Dios.

Cuanto más amas a Dios, más amas a las personas.

Cuanto más amas a las personas, más amas a Dios.

 

Fuente original:

https://www.colbymartinonline.com/blog/2015/03/13/from-the-archives-love-god-or-love-spouse?rq=wife

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Autor, Pastor de Sojourn Grace Collective.

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