No se trata de conformarse al mundo

Estos llamados ‘evangélicos progresistas’ creen que la Iglesia debe conformarse al mundo o morir. Nos dicen que los millennials se irán si no entramos al programa e imitamos la cultura cuando se trata de género, sexualidad y ciencia. Pero debemos permanecer fieles al Evangelio y a la Palabra de Dios frente a esta presión o arriesgarnos a perder nuestra identidad. No podemos simplemente ceder ante el mundo por la presión de ser cool”.

 

Escucho alguna versión de este argumento por lo menos una vez a la semana -más recientemente de Russell Moore de la Convención Bautista del Sur- y creo que es bastante común (y razonable) garantizar una breve respuesta aquí, extendida con nada más que gracia, paz, y buena voluntad para mis hermanos y hermanas en Cristo con los que discrepo respetuosamente.

Hay una suposición comprensible entre muchos cristianos conservadores de que aquellos que abogamos por el cambio en cómo la Iglesia se acerca a cosas como el género, la sexualidad y la ciencia tomamos nuestros apuntes de la cultura, sin tener en cuenta la Escritura o la tradición, en un esfuerzo por “hacer la iglesia más cool”. Básicamente, parecen asumir que tomamos algunos episodios del show de TV “Familia Moderna” y luego decidimos desafiar puntos de vista tradicionales sobre el matrimonio.

Si bien esto puede ser el caso con algunos, ciertamente no es el caso conmigo o con la mayoría de las personas cuyas historias tengo el privilegio de escuchar cada día. La mayoría de las personas que conozco mientras viajo por el país son personas que crecieron en la Iglesia y que anhelan, con cada onza de su ser, permanecer fieles a la Iglesia y a las Escrituras mientras trabajan a través de estos difíciles temas.

A la luz de esto, tengo dos puntos de aclaración que espero sean recibidos con la gracia con la que los ofrezco:

En primer lugar, ciertamente no me encontrarás gritando “adaptarse o morir” cuando se trata de la Iglesia. Jesús dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, ¡así que estoy bastante segura de que sobrevivirá a la era de Internet! Estoy de acuerdo con mis hermanos y hermanas más conservadores en que no hay necesidad de diluir el Evangelio en un esfuerzo por hacerlo más relevante. El Evangelio -la buena noticia de que Jesucristo es el Señor- siempre será relevante. Mientras haya cristianos bautizándose unos a otros, confesándose unos a otros, compartiendo el pan y predicando la Palabra, la Iglesia perdurará. Sospecho que todos podemos estar de acuerdo con eso.

En segundo lugar, cuando se trata de desafiar las narrativas comunes en torno al género, la sexualidad y la ciencia (entre otras cosas), no se trata de rechazar las Escrituras y conformarse con el mundo, se trata de dar sentido a la Escritura a la luz de nueva información, basada en experiencias de vida, y muchas veces en la misma Escritura.

No tomo mis apuntes acerca de lo que escribir de la cultura secular; tomo mis apuntes de compañeros cristianos. Los tomo de hombres y mujeres cuyo estudio de la Escritura los llevó a apoyar la igualdad de género en la Iglesia y la sumisión mutua en el matrimonio. Los tomo de los cristianos gays y lesbianas que más probablemente sean vistos sentados en los bancos de la iglesia que marchando en un desfile. Los tomo de las personas que están dejando la Iglesia, no por el costo del discipulado, sino por el costo de los fundamentos falsos, los impedimentos hechos por el hombre creados a partir de doctrinas no esenciales y reglas legalistas.

No se trata de “conformarse al mundo”. Se trata de confrontar la verdad.

Se trata del chico cristiano que se encuentra despierto cada noche pidiendo a Dios que lo “cure” de su orientación sexual porque su pastor de jóvenes denunció la homosexualidad como un pecado que requiere arrepentimiento.

Se trata de la mujer con un doctorado en hebreo, a quien se le prohíbe hablar desde el púlpito a su iglesia, no porque no esté cualificada, y no porque no sea llamada, sino porque es mujer.

Se trata del joven que creció amando la Biblia y la ciencia, pero a quien se le dijo que la fidelidad a las Escrituras requería una interpretación literalista de Génesis 1 y 2 y un rechazo del consenso científico que rodea a la teoría evolutiva. A quien una clase de biología en la universidad le reveló que los profesores bien intencionados de su escuela secundaria cristiana no le habían contado toda la verdad sobre la evidencia. Y a causa de un sentimiento de traición, creyó en la mentira de que tenía que elegir entre su integridad intelectual y su fe y por eso se alejó de la Iglesia para siempre.

Se trata de la adolescente que contempla el suicidio porque tuvo relaciones sexuales con su novio y su iglesia le dijo que una vez que perdía su virginidad, ella era “mercadería dañada”, que ningún buen chico cristiano alguna vez la querría.

Se trata del padre que se queda en casa y que es llamado “un hombre fallado” por los líderes cristianos que miden la masculinidad en relación al poder.

Se trata de la niña a quien la junta de ancianos le dijo que necesitaba perdonar a su abusador y no denunciar sus crímenes a la policía porque podría “dañar la reputación de Cristo”.

…Y si piensas que estas historias son exageraciones, solo necesito mirar mi bandeja de entrada para saber que cada una de ellas es verdadera.

No es el “mundo exterior” lo que conduce a muchos de nosotros a repensar las cosas; es el “mundo interior” de la Iglesia. Es Cristo, quien nos obliga a responder a estas historias con compasión, arrepentimiento y compromiso de cambio.

Estoy de acuerdo en que la Iglesia no debe sacrificar el Evangelio en un esfuerzo por obtener aceptación en nuestra cultura, pero mi afirmación es que cualquier presentación evangélica que conduzca al hambre, buscando que las personas crean que deben ignorar su vocación o elegir entre la ciencia y la fe, o mentirse a sí mismos y a otros acerca de su orientación sexual, o guardar silencio acerca de su abuso no es, de hecho, el Evangelio.

Podemos no estar de acuerdo en cómo responder a las diversas situaciones que he descrito, pero por favor, sepan que no hablo de esto porque quiero que la Iglesia se parezca más al mundo. Hablo sobre esto porque quiero que la Iglesia sea más parecida a Cristo.
Peter Enns, recientemente compartió esta cita de Oswald Chambers que resuena con la verdad del mensaje de Jesús en Mateo 11:28-30:

Siempre mide tu vida únicamente por los estándares de Jesús. Sométete a su yugo, y solo a Él; y siempre ten cuidado de no poner un yugo sobre otros que no sea el de Jesucristo”.

Me preocupa que pongamos un yugo en otras personas que no sea el de Jesucristo. Me preocupa que estemos cerrando la puerta del Reino en la cara de la gente y atando cargas pesadas sobre sus espaldas. Me preocupa que estemos colando mosquitos y tragando camellos. Me preocupa que estemos expulsando a las mismas personas a las que Jesús les dio la bienvenida: los pobres, los marginados, los inadaptados, los quebrantados, los “rechazados”, los “pecadores”, los perturbadores, los misericordiosos y los pacificadores.

Y me preocupa que la Iglesia esté, de hecho, ajustándose al mundo cada vez que predica la violencia como una manera de lograr la justicia, cada vez que glorifica la celebridad y el éxito, cada vez que reduce la feminidad a la subordinación y la hombría al poder, cada vez que justifica la crueldad o la maldad con tal de probar un punto.

Si los millennials abandonan el cristianismo, que sea por el costo del discipulado o por la falta de fe sincera, no porque ponemos obstáculos innecesarios en su camino.

En conclusión, espero que esta publicación no sea usada como palanca entre los cristianos que no están de acuerdo con los difíciles y complejos temas involucrados. Mi objetivo no es atacar, sino simplemente aclarar mis propias motivaciones, tan confusas como sean a causa de mi pecado, en un esfuerzo por encontrar un terreno en común.

Sospecho que estamos de acuerdo en más de lo que nos damos cuenta. Y eso es una buena noticia.

 

Fuente original:

https://rachelheldevans.com/blog/conforming-to-world

 

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Rachel Held Evans

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