Qué nos enseña The Walking Dead sobre el cristianismo progresista

Este artículo es algo más extenso que lo habitual, pero si te interesa el mundo del cristianismo progresista o sientes alguna curiosidad por el futuro de la iglesia, espero que me acompañes hasta el final.

Hace un tiempo, participé en un evento de una semana de duración en Marco Island, Florida, EE. UU., organizado por Brian McLaren y Convergence. Se llamó Encuentro junto al mar y, en parte, estuvo diseñado para ayudar a que las diversas iglesias y movimientos del cristianismo progresista comiencen a confluir entre sí y a trabajar en pos de una expresión más justa y generosa de la fe cristiana.

Una mañana, Brian habló sobre las diferencias entre movimientos e instituciones. Argumentó que, en una situación ideal, ambas entidades se necesitan una a otra para llegar a ser más fuertes y eficaces.

Como alguien que en el pasado se ha identificado con ciertos aspectos del pensamiento posmoderno, al escuchar esto sentí crecer cierta tensión en mi interior. Después de todo, todo buen posmoderno se apresurará a expresar su desconfianza hacia la institución. Y creo que es esta clase de mentalidad contraria a la institución y en favor del movimiento la que jugó un papel importante en moldear a muchos de quienes escuchaban en esa sala de Marco Island.

Con todo, lo que Brian decía tenía mucho sentido… en cierto modo.

Sin embargo, no fue sino hasta ver un episodio reciente de The Walking Dead que caí en la cuenta y comprendí verdaderamente la dinámica entre movimientos e instituciones y la necesaria interacción entre ambos.

Permítanme explicarlo.

Los movimientos y las instituciones

En pocas palabras, los movimientos y las instituciones se necesitan mutuamente.

Una forma simple de plantearlo es que una institución es una organización que preserva el progreso que ya se ha logrado, mientras que un movimiento es una organización que formula nuevas propuestas y demandas a una institución existente para avanzar en pos de nuevos logros.

Según lo veo, la colisión entre movimientos e instituciones tiene tres resultados posibles. No soy sociólogo, así que seré breve y, probablemente, no del todo preciso. Pero ténganme paciencia.

En primer lugar, un movimiento puede tener éxito en su esfuerzo por ejercer presión sobre la institución y llegar a causar cambios reales y duraderos. Tomemos como ejemplo  el movimiento por los derechos civiles de los años sesenta en los Estados Unidos. Comenzó como un movimiento de gente con líderes como Martin Luther King y Malcom X, quienes no aceptaron la segregación institucional de entonces. El movimiento hizo demandas y propuestas por las que instó a la institución a adoptar nuevos valores y sistemas más justos y equitativos. En última instancia, tuvo éxito en muchas maneras y, como resultado, la institución cambió y comenzó a moverse en otra dirección.

En segundo lugar, un movimiento puede resultar infructuoso en su esfuerzo por presionar a la institución para, a la larga, desaparecer sin haberla afectado demasiado. Tomemos como ejemplo al movimiento Occupy Wall Street (la Toma de Wall Street): si bien ayudó a sensibilizar acerca de algunos temas importantes relativos a la inequidad económica, y aunque ayudó a incorporar a nuestro vocabulario cuestiones como «el 99 por ciento y el 1 por ciento», en última instancia no prosperó en lograr que la institución avanzara hacia nuevas metas.

Por último, el tercer resultado posible es cuando un movimiento no logra cambiar la institución, pero tiene éxito en la medida en que da origen a una nueva, que asume el papel de preservar el avance por el que luchó el movimiento. Un ejemplo es la reforma protestante del siglo XVI: comenzó como un movimiento encabezado por Martín Lutero, quien no estaba conforme con aquello en que la institución (la Iglesia) se había convertido. Sus famosas 95 tesis clavadas en la puerta de una iglesia fueron sus propuestas y demandas destinadas a lograr una mejoría. Si bien la Iglesia no accedió al movimiento, este no se extinguió; en cambio, el evolucionó hasta formar su propia institución, la cual, a la larga, llegó a ser lo que hoy conocemos como cristianismo protestante.

Uno no es mejor que la otra

Esto es lo que me abrió la mente cuando Brian enseñó sobre los movimientos y las instituciones: los primeros no son intrínsecamente mejores que las segundas (ni al revés), al contrario de lo que yo había creído y vivido estos últimos 7 años.

En mis tres iglesias anteriores, hablábamos mucho sobre que éramos (o, al menos, queríamos ser) un movimiento más que una «iglesia» (es decir, una institución). En cierta forma, esta idea parecía más… cómo decirlo… ¿espiritual?

Creo que sentía que reflejaba más el Reino de Dios, el cual, según mi modo de ver, era un movimiento. Y claro que lo era: Jesús no estableció una nueva institución, sino que presionó a las de entonces con toda clase de alborotos. Planteó nuevas exigencias a los sistemas religiosos, se sublevó contra los sistemas políticos y demandó avances en los sistemas familiares y en las costumbres comunitarias.predica-de-pe-munte

Si se topaba con una institución, sin dudas denunciaba sus falencias y la invitaba a intentar algo nuevo, algo mejor.

Esta es una cuestión que a mí siempre me resultó como una declaración de valores en contra de las instituciones.

Si Jesús estaba en contra de las instituciones, es claro que las instituciones son el problema, ¿verdad?

Pues no, creo que no.

Las instituciones son algo bueno y necesario

He leído más de una explicación sobre que Jesús nunca planeó establecer una iglesia.

Jesús buscaba el movimiento, se afirma, no montar una institución. 

Pero la cuestión es, como indiqué antes al hablar sobre las tres situaciones posibles, si la institución no reacciona y no se forma alguna clase de sistema, estructura o intencionalidad que adopte las nuevas propuestas del movimiento para preservarlas, entonces tales ideas caerán en el olvido.

Dicho de otro modo, el movimiento de Jesús fracasó en cuanto a modificar la institución. O sea, por el amor de Dios, el hombre murió a manos de las dos instituciones contra las que más protestó: la religiosa y la política. Pero de esa muerte surgió una nueva comunidad religiosa centrada en torno al movimiento de Jesús que, 2000 años más tarde, resulta ser la mayor religión del mundo. ¿Cómo sucedió esto? Convirtiéndose en una institución para preservar los logros de Jesús y sus seguidores.

¿Eres mujer? ¿Eres negro? Hoy puedes votar en nuestro país gracias a un movimiento, por un lado, pero gracias también a la institución que preservó esos avances y no permitió que desaparecieran al perder fuerza el movimiento.

¿Te has beneficiado alguna vez de la asistencia gubernamental con alimentos o atención médica? Pues te han ayudado gracias a un movimiento, pero también gracias a la institución que preservó las demandas del movimiento.

¿Diriges una organización sin fines de lucro? Gracias a un movimiento, es posible deducir los donativos del pago de impuestos, lo que te permite recaudar dinero y respaldar tu visión, pero gracias también a la institución que adoptó ese avance y lo protegió.

Resulta demasiado simplista e ingenuo protestar contra las instituciones por ser malvadas o por ser el problema. Pueden necesitar cambiar en ciertos contextos, sin duda, pero si llegan a hacerlo, desearemos que la institución siga existiendo para preservar esos cambios.

Rick Grimes, zombis y una comunidad protegida

El título de este artículo es «Qué nos enseña The Walking Dead sobre el cristianismo progresista», así que mejor ya entro en tema. Pero espero que tu percepción sobre los movimientos, las instituciones y la dinámica entre ambos sea ahora algo más amplia y sólida. A modo de ayuda, quiero usar una ilustración de The Walking Dead que puede ayudar.

Por si has estado viviendo bajo tierra desde el año 2010, te cuento que The Walking Dead es una serie televisiva estadounidense sobre cómo queda el mundo tras un apocalipsis zombi. El personaje principal, Rick Grimes, dirige un grupo de harapientos sobrevivientes que resisten una trama mortal tras otra. Muy pronto, los zombis pasan a ser la menor de las amenazas, frente al inmenso desafío de sobrevivir a los demás humanos que también buscan mantenerse con vida. La serie es brillante y, si bien detesto todo lo que sea espeluznante, me ha llegado a encantar.

Resulta que a Rick y a su grupo los investiga y recluta un grupo de personas que han sobrevivido a la catástrofe gracias a una combinación de buena suerte y un muro gigante. Esta comunidad protegida, llamada Alejandría (o sea, la institución), casi no se ha visto afectada por los zombis ni por el clamor de los vivos en su lucha por mantenerse así. Viven en un complejo residencial que aún no se había inaugurado, por lo que, cuando el mundo llega a su fin, estos refugiados se encuentran con una urbanización perfectamente mantenida y casi intacta. Erigen una muralla descomunal en todo el perímetro de su paraíso residencial y continúan con sus vidas como si el resto del planeta no se hubiera detenido estrepitosamente.

Y aquí llegan Rick, Darryl, Carol, Michone y los demás (es decir, el movimiento). Estos guerreros han luchado con uñas y dientes para sobrevivir un desastre tras otro, superando incontables hordas de caminantes (como llaman a los zombis) y enemigos humanos tales como el Gobernador o los caníbales de Términus. Saben bien cómo sobrevivir en este nuevo mundo.

El penúltimo episodio de la 5.ª temporada es testigo de la inevitable confrontación entre el movimiento y la institución. Rick y Carol (esta en especial) observan la institución que los rodea y advierten que no están preparados para enfrentar la realidad. Deben mejorar, o no tendrán chances de sobrevivir.

En una de las escenas clave, Rick confronta a la líder de Alejandría, Deanna, acerca de alguien en la comunidad que ha estado golpeando a su esposa. Para Rick, en este nuevo mundo, una persona así representa una amenaza para todo el grupo y debe ser detenida. Y, desde la perspectiva de Rick, si el golpeador no se detiene, la consecuencia debería ser una ejecución.

La reacción de Deanna es «Aquí no matamos a la gente. Esto es la civilización».

A lo que Rick responde: «Advertirle que se detenga o que enfrente la muerte: eso es civilizado hoy en día».

Se trata del movimiento que presiona a la institución y le exige que evolucione, cambie y avance.

El episodio final desarrolla de forma dramática el choque ineludible entre las dos entidades, pero hasta la próxima temporada no sabremos cuál de los tres resultados tendrá lugar. ¿Podrán Rick y su banda provocar los cambios necesarios en Alejandría? ¿Fallarán y serán desterrados? ¿O terminarán, por así decirlo, formando su propia Alejandría, empleando los recursos de la institución actual para fusionarlos con los valores del movimiento y crear así una nueva comunidad?

El cristianismo progresista

Nuestra iglesia, Sojourn Grace, está guarecida en este nicho de (por falta de una expresión más certera) cristianismo progresista. Si bien estamos firmemente arraigados en la tradición cristiana, muchos de nuestros valores y creencias entran dentro de lo que podría definirse como «progresista».

Para dejar las cosas en claro, el cristianismo progresista es un movimiento.

Uno de los retos para quienes nos identificamos como cristianos progresistas dentro del movimiento más amplio es ser conscientes de esta dinámica entre movimientos e instituciones, de forma tal que no lleguemos a demonizar o temer a la institución. Es tentador llevar encima este resentimiento cínico hacia las «instituciones religiosas» sin llegar a comprender la realidad de que, si no logramos cambiar la institución, debemos estar preparados para crear una o arriesgarnos a perder lo que hemos logrado en los últimos 10-20 años de cristianismo progresista/emergente.

Y el tema es este: no creo que hayamos tenido éxito en modificar la institución, ni creo que lo logremos alguna vez.

El cristianismo conservador (y aún más, el fundamentalismo) se ha resistido de tal manera a diversos temas que, simplemente, no veo que esté cambiando de opinión, más allá de los intentos de los diversos movimientos. Por mucho que lo intentemos, no pienso que el cristianismo progresista esté logrando un cambio en los rasgos distintivos y las estructuras de valores de organizaciones tales como Enfoque a la Familia, Trinity Broadcast Network o The Gospel Coalition, por mencionar algunas.

De manera que se nos presentan dos opciones: desvanecernos como el movimiento Occupy Wall Street y ser recordados como un interesante parpadeo en la pantalla del cristianismo del siglo XXI o superar nuestros problemas con la institución (sin sugerir con esto que muchos o la mayoría de nosotros no tengamos buenas razones para esos problemas) y emprender el arduo esfuerzo de garantizar la preservación de lo que hemos ganado.

Convergence

Y este es precisamente el motivo por el que Brian McLaren, Cameron Trimble, Doug Pagitt y otros crearon Convergence: es su esfuerzo conjunto por despertar a esta realidad. Lo cierto es que el mejor rumbo que tenemos por delante es trabajar duro para instaurar alguna clase de institución amplia que preserve los beneficios del cristianismo emergente y progresista.

Es una tarea penosa y, como dije, contraria al sentir de muchos cristianos emergentes/progresistas como nosotros, debido a nuestra desconfianza hacia las instituciones. Pero estos sabios hombres y mujeres han llegado a convencerse de la necesidad de contar tanto con movimientos como con instituciones.

Su carta orgánica comienza así:

Un número cada vez mayor de líderes cristianos de diversas tradiciones —protestantes tradicionales, católicos progresistas, evangélicos progresistas y carismáticos, entre otros— están arribando a convicciones compartidas que suenan a la vez radicales y emocionantes:

– El futuro de la iglesia no será una mera réplica del pasado.
– Es hora de que emerjan nuevas y vitales expresiones de una fe cristiana justa y generosa.

Si tienen éxito en su misión de establecer una red, un sistema, un colectivo, una asociación, una institución que pueda conservar lo logrado por el cristianismo progresista y expresar y concretar las demandas que el movimiento ha planteado al cristianismo tradicional, para mí sería lo mejor del mundo.

Es que creo demasiado en algunas de las cosas que planteamos y estoy demasiado convencido de que aportamos valores del Reino muy necesarios como para dejar que este movimiento disminuya hasta morir.

Los movimientos pueden sentirse como algo divertido, emocionante y sensual.
Las instituciones pueden percibirse como sosas, tediosas e irrelevantes.

Con todo, la realidad es que ambos son necesarios para que la sociedad tenga las mayores probabilidades de florecer.

Y lo mismo es cierto, creo yo, para la iglesia.

 

Fuente original:

https://www.colbymartinonline.com/blog/2015/04/20/what-the-walking-dead-can-teach-us-about-progressive-christianity?rq=walking%20dead

 

La pobreza es malvada
Colby Martin

Acerca de Colby Martin

Autor, Pastor de Sojourn Grace Collective.

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