Ante una controversia, evita los dos extremos…

En la “vida real”, cuando invitas nuevos amigos a cenar, normalmente no comienzas pasando las patatas y preguntando sobre sus opiniones sobre el matrimonio gay. (Si estás en mi casa, ¡por lo menos esperas hasta el postre!).

Pero en internet, vamos directo al hueso. Ya sea a través de un estado de Facebook, una publicación en un blog o un tweet, gritamos nuestros pensamientos desde los tejados virtuales, donde se encuentran con preguntas, afirmaciones, rechazos o indignación.

Creo que ambas formas de comunicación son importantes y pueden cambiar la vida. En mis viajes, como he conocido a tantos de ustedes cara a cara, he llegado a ver que la “vida real” y la “vida en línea” no deben considerarse esferas separadas, sino como conectadas. Nunca olvidaré la iglesia que maravillosamente integró palabras de mis publicaciones del blog en su liturgia un domingo por la mañana, o el pintor que transformó un capítulo de mi libro en arte, o el joven que compuso una canción alrededor de una publicación, o el pastor que hizo ajustes de última hora en su servicio de Pascua para asegurar que las mujeres tuvieran una voz para proclamar la resurrección, o la iglesia que cambió sus políticas de abuso debido a nuestra serie sobre el tema, o aquellos de ustedes que han patrocinado niños, aplicado la bendición “¡eshet chayil!” [mujer virtuosa] en su vida de maneras creativas, o finalmente tenido esa conversación positiva con su hijo o hija gay, todo por las conversaciones que hemos tenido aquí en el blog. Estoy especialmente agradecida por las formas en que el diálogo en línea ha ayudado a poner el tema de la igualdad de género en la iglesia de nuevo a la vanguardia, provocando una ola de nuevos escritores, nuevos acuerdos de publicación y nuevas perspectivas cada día.

Es precisamente porque las palabras tienen consecuencias en la vida real que, a veces, una publicación, un discurso o incluso un tweet es considerado como controversial entre los cristianos. Puesto que escribo bastante a menudo sobre los temas de género, acerca de la duda, la Iglesia y la interpretación bíblica, he atravesado mi justa cuota de controversia dentro de los círculos cristianos, y en esas experiencias, he notado dos respuestas extremas que creo se deben evitar:

 

  1. “Esto es controversial, así que DEBE estar equivocado”.

Esta respuesta a menudo se genera en nombre de preservar la unidad cristiana.

Según mi experiencia, es algo así: Alguien escribe algo en Gospel Coalition o Desiring God acerca de la importancia de preservar los roles jerárquicos de género en la Iglesia. Yo escribo una publicación describiendo mis desacuerdos con esa posición. Gente de ambos lados pesa, y las cosas se calientan un poco. Recibo un montón de furiosos o llorosos correos electrónicos acerca de cómo estoy sembrando la desunión en la Iglesia y de cómo “El Enemigo” debe estar amando cada minuto de esto porque toda esta controversia está arruinando nuestro testimonio cristiano al mundo. Creo que lo resumí bastante bien.

Ahora, creo absolutamente que la unidad de los cristianos es importante, y yo compartiría el pan de la comunión sin dudarlo con gente como Mark Driscoll o John Piper a cuyas opiniones sobre los roles de género me opongo. Pero unidad no significa uniformidad. Y mientras que algunas controversias pueden de hecho indicar fricción malsana; es común que la controversia indique el tipo de fricción saludable que emerge de un cambio positivo.

La Iglesia primitiva no estuvo exenta de controversia, precisamente por el incómodo cambio asociado a reunir judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, ricos y pobres como socios para experimentar y compartir el Evangelio. Una cosa que me encanta de las epístolas de las Escrituras es la forma en que los escritores negocian estas tensiones sin pedir un acuerdo absoluto, sino que piden un amor absoluto en medio del desacuerdo.

Una breve reseña de la historia revela que la controversia dentro de la Iglesia surge a menudo en tiempos de cambio social, político y científico. ¿Martin Luther King Jr. “sembró la desunión” cuando escribió su poderosa y penetrante carta al clérigo de la cárcel de Birmingham?

He encontrado que la respuesta: “esto es controversial por lo que debe estar equivocado” es mayormente invocada por aquellos con un interés en preservar el statu quo.

Los más amenazados por los llamados a cambiar son aquellos que se benefician de que las cosas permanezcan como son, así que presta atención a las personas en posiciones de poder que rechazan cualquier tipo de disentimiento o desacuerdo como problemático. (A veces las cosas realmente necesitan permanecer como están, pero a veces necesitan cambiar).

Por supuesto, para que la controversia sea útil y productiva, debe surgir de conversaciones que sean justas, razonables, caritativas y reflexivas, no de conversaciones que impliquen acusaciones vagas o ataques personales. (Más sobre esto al final de la publicación). Pero la controversia no indica necesariamente una ausencia del Espíritu. De hecho, a veces indica la presencia del Espíritu.

 

  1. “Esto es polémico, por lo que DEBE ser cierto”.

Por otra parte, la gente enredada en constante controversia puede también caer en la trampa de la confianza excesiva.

A veces la gente me anima diciendo: “Has generado mucha controversia; ¡debes estar haciendo algo bien!”. Aunque ciertamente hay algo de verdad en esto (si tomas una posición sobre cualquier cosa, es probable que te enfrentes a la crítica), tenemos que tener cuidado de ir demasiado lejos asumiendo que cualquier rechazo o desacuerdo que recibamos es una indicación de nuestra razón.

Los cristianos a menudo enmarcan esto en términos de persecución. Un pastor asumirá que las respuestas negativas a una declaración polémica que hizo en un sermón o a través de un estado de Facebook no pueden ser críticas validas de su posición, sino más bien el tipo de “persecución” que los cristianos pueden esperar recibir por decir y hacer lo correcto. (Nota: ¡Ser molesto no es lo mismo que ser perseguido, pero eso es un tema para otro día!). Así que se niega a contemplar la idea de que cualquiera de sus críticos podría tener un punto, y en vez de eso interpreta cualquier rechazo como una confirmación de su justicia.

Esta es una actitud malsana hacia la controversia porque nos cierra a la crítica constructiva. La realidad es que una reacción abrumadoramente negativa de los lectores/feligreses/amigos puede de hecho indicar un paso en falso o un error. Esta es la razón por la que he creado una sección entera de mi blog para disculpas y correcciones. Porque a veces me equivoco, ¡y a menudo ustedes son los primeros en corregirme!

Esto no quiere decir que haya dominado el arte de responder bien a la crítica sana y constructiva. No lo he hecho. Pero estoy aprendiendo, por experiencia, que al igual que el rechazo no significa automáticamente que esté equivocada, tampoco significa automáticamente que esté en lo cierto.

Algunas guías:

Entonces, ¿cómo sabemos cuándo la controversia que estamos generando es saludable y cuando no es saludable?

No hay fórmula, pero hay algunas buenas guías para ayudarnos mientras navegamos por estas aguas:

En primer lugar, recomiendo rodearse de un grupo de amigos y familiares a los que respetes y en quienes confíes, y cuando te encuentres envuelto en una controversia, pídeles consejo y orientación. Aquellos que te conozcan mejor sabrán cuándo te has desviado del curso. Y si alguien que realmente respetas (incluyendo un lector o un compañero escritor) te ofrece su crítica, lo mejor es aspires tu orgullo y lo escuches porque probablemente tenga un punto.

En segundo lugar, comprueba tus privilegios. Si me encuentro escribiendo sobre la homosexualidad, por ejemplo, hago un esfuerzo para consultar a la gente LGBT antes de tiempo, e intento permanecer especialmente abierta a su consejo, perspectiva y críticas cuando me aventuro a un territorio en el cual ellos están mucho más familiarizados que yo. Como mujer blanca, occidental, de clase media, disfruto de algunos privilegios que otros no, y a menudo soy cegada por mis propias suposiciones y prejuicios culturales. Darme cuenta de esto me ha convencido de escuchar con más atención las opiniones y críticas de aquellos cuya etnicidad, orientación, antecedentes o experiencias de vida son diferentes de las mías… especialmente si estas voces vienen de los márgenes, de los “excluidos”. Si eres bloguero, permanece especialmente abierto a los mensajes de los invitados, entrevistas y discusiones de libros cuando aborden temas como abuso, enfermedades mentales, cuestiones de género, homosexualidad, pobreza e injusticia… porque algunas historias simplemente no te corresponde contarlas. Pero puedes usar tu plataforma para darle a otra persona la oportunidad de contar la suya. Además, si eres un hombre que escribe acerca del rol de la mujer en el hogar y en la Iglesia, por favor, por amor, al menos contempla la idea de que podrías no saber exactamente lo que es ser una mujer.

En tercer lugar, pelea limpiamente. Para sugerencias sobre esto, recomiendo revisar una antigua publicación: “Cómo escribir un blog controvertido sin culpa”. Allí hablo sobre la importancia de mantener las críticas específicas, evitando ataques personales, observando tu tono y esperando antes de responder a una conversación que provoca una respuesta emocional. Todavía estoy aprendiendo, y todavía me equivoco, pero estos principios han ayudado mucho.

No hay duda de que tú has experimentado uno o ambos de estos extremos: “¡Esto es controversial, por lo que DEBE estar equivocado” o “¡Esto es controversial, por lo que DEBE ser cierto!”. ¿Cómo has respondido a ellos? ¿Cómo has sido cómplice en ellos? ¿Cómo podemos evitarlos mejor?

 

Fuente original:

https://rachelheldevans.com/blog/when-it-comes-to-controversy-avoid-these-two-extremes

Traducción: RSV

La Biblia decía claramente…
Rachel Held Evans

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