08 En LCC creemos que las Escrituras son inspiradas por Dios

Hola,soy un pastor joven en México. He leído bastante de su contenido y aunque me considero tradicional, admiro la forma amorosa en la que transmiten lo que creen, veo que esto es algo que a las iglesias dogmáticas se nos ha escapado ya la vez destruido, pues no funcionamos dentro de la sociedad. Gracias por su ejemplo. No estoy aquí para condenarlos ni para debatir sobre qué diferimos.

Sin embargo, sí tengo una sincera duda: Sé que ustedes no creen que la Biblia sea total inspiración divina, sino que contiene la palabra de Dios (pero no lo es), ¿cuál es el parámetro por el que ustedes deducen qué es inspirado por Dios y qué no? Es decir, entre tantas palabras subjetivas de personas, ¿cómo llegan a saber que una parte de la Biblia es inspirada?

Les agradeceré muchísimo, ya que soy una persona que diario estoy replanteando mi fe. Un abrazo. Gracias, Nain.

Apreciado Nain,

En primer lugar quiero agradecer en nombre propio y en el de todo el equipo de La Conversación en Curso también, por la amabilidad y amor expresados en tu carta. La verdad es que nos resulta inspirador encontrar personas que aunque difieren con mucho del contenido de este sitio, tienen la suficiente madurez como para entablar un diálogo. Es nuestra oración que cada vez más cristianos entendamos que a pesar de las diferencias doctrinales, debemos aprender a construir puentes de entendimiento.

Esto no quiere decir en ningún momento que homogeneicemos nuestro pensamiento, sino que en medio de la diversidad, podamos convivir, e insisto, dialogar para construir nuestras expresiones de fe basados en el respeto y el amor. Así como lo mencionas, nuestro interés toma cada vez más distancia de las violencias que suelen suscitarse por lo acaloradas que en determinado momento pueden resultar algunas discusiones teológicas en redes sociales. Por eso, nos hemos propuesto facilitar este espacio, en el cual proponemos algunos postulados que al final de cuentas, se refieren a temas relevantes de la fe cristiana contemporánea.

No tenemos tiempo para entrar en una pelea, pero sí toda nuestra disposición a aportar al debate con algunas ideas, relecturas, acercamientos teológicos y postulados pastorales. Así que tu actitud, estimado Nain, es más que bienvenida y ejemplar.

Ya entrando un poco en el tema que propones, tocas un punto sensible que ha sido objeto de quiebre en medio de muchas teologías. Yo sé que puede resultar un poco grosero responder a un interrogante con otro, pero justamente muchas de las búsquedas en la vida de fe, son el resultado de preguntas sin responder o con respuestas poco satisfactorias. En ese sentido, yo podría, por ejemplo, preguntarle al dispensacionalismo en dónde trazamos la línea de la lectura literal bíblica del Apocalipsis. Es decir, ¿por qué la de la bestia es literalmente una marca (llámese sello, chip, tatuaje, etc. —Y perdón por la redundancia—) y el monstruo de las siete cabezas no lo es? Es más, ¿Por qué las siete cabezas son siete naciones o siete lo que sea, es decir, ese número siete sí es literal, en vez de figurado, representando por ejemplo la plenitud de algo, lo cual suele ser la interpretación del siete en el resto de la Biblia, pero es una combinación literal-figurado? ¿Y si la bestia es metafórica, por qué el arrebatamiento, por ejemplo tendría que ser literal? Ahí nomás ya tenemos un montón de posibilidades hermenéuticas y podría gastar aquí un sinnúmero de líneas proponiendo preguntas.

Puede que a esta altura alguien me acuse de estar usando alguna falacia argumentativa como el hombre de paja, el ad ridiculum o la falsa disyuntiva, pero a decir verdad hay muchas personas que genuinamente están pensando en estas preguntas que te acabo de formular y que no han encontrado respuestas. Otras, como en mi caso, hemos buscado acercamientos a los textos bíblicos para poder hacernos alguna idea de dónde justamente trazar esta línea de lectura.

Ahora quisiera añadir a nuestra sopa, algunos ingredientes más. El biblista dominicano Héctor Benjamín Oleda presenta una obra exegética en la que explica que la Biblia no afirma de sí misma ser la Palabra de Dios o inspirada, con todas las connotaciones epistemológicas que este último concepto trae consigo. Sin embargo, las Escrituras sí afirman explícitamente que Jesús es la Palabra de Dios. Interesante.

En ese orden de ideas, hay ahí una discusión alrededor de 2 Timoteo 3:16, en el que el autor afirma que Toda la Escritura es inspirada por Dios… Subrayo la palabra ‘la’, porque algunos estudiosos exegetas como el teólogo puertoriqueño Julio Álvarez o la biblista uruguaya Cristina Conti están cuestionándose sobre si en el texto más antiguo disponible esta conjunción se encuentra presente o no. Según algunas conclusiones a las que han llegado estos investigadores textuales, y para no hacerte el cuento mucho más largo, pero animándote a que te acerques a sus trabajos exegéticos al respecto,  este bien podría traducirse como “toda Escritura es inspirada por Dios…”, o incluso, “Toda escritura que es inspirada por Dios…”.

Ahora, asumiendo que estos señores están equivocados y nuestra traducción bíblica tradicional es correcta, los curiosos preguntones comienzan a hacer ruido con sus imprudentes e incómodos cuestionamientos. Te voy a citar algunos de ellos.

Si el texto dice que Toda la Escritura es inspirada por Dios, ¿A qué escritura se refiere? ¿Al versículo únicamente? ¿A todo el capítulo únicamente? ¿A toda esa carta únicamente? ¿A todas las cartas paulinas únicamente? ¿Al Nuevo Testamento únicamente? ¿Al Antiguo Testamento únicamente? ¿A toda la Biblia únicamente? ¿Al canon Evangélico o protestante únicamente o entra también el católico? ¿O quizá se refiere a literalmente toda la escritura del mundo, incluyendo los cien años de soledad de García Márquez y Hamlet de Shakespeare?

Yo sé que la respuesta para nosotros ya está clara. Obviamente nuestro canon, no el católico, el cual incluyó los libros “apócrifos”, y para esto tenemos unos estudios históricos sobre los cónclaves, los cismas y los concilios vaticanos, en donde se llegaron a acuerdos al respecto; los cuales, vale la pena subrayar, fueron realizados por seres humanos. Es decir, los humanos decidieron cuáles eran los libros inspirados por Dios y cuáles no. Baia, baia…

En todo caso, los judíos no están muy de acuerdo con que nuestro Nuevo Testamento haya sido inspirado y sea la Palabra de Dios, y a los católicos de Roma les parece que nos quedaron faltando los libros que ellos sí incluyeron; pero lo más chistoso de todo este asunto, es que ni siquiera Lutero estaba convencido y de acuerdo que la Biblia que tenemos en nuestras manos sea la apropiada, pues para el reformador, el libro de Apocalipsis y la epístola de Santiago no deberían estar ahí, dentro del canon.

Ahora yo te pregunto a ti, apreciado Nain, ¿meterías tus manos al fuego por la Biblia que lees todos los días? Pues muchas personas sí y lo hacen desde la fe, desde la creencia que lo que ellos piensan de las Escrituras es la verdad completa e incuestionable. Aún sin enterarse o ignorando deliberadamente, no solo estos cuestionamientos, sino el trabajo exegético y hermenéutico desde la crítica bíblica.

¿Entonces desechamos la Biblia y la arrojamos por el retrete? Una pregunta que nace desde nuestro ya natural pensamiento binario extremista, pues aunque suene a pleonasmo, es una actitud bastante común en medio de nuestras comunidades de fe. Si no es blanco, es negro; si no es bueno, es malo, si no es de Dios, entonces es del Sata. Sin embargo, los matices existen, las escalas de grises, la gama de colores, etc.

Hay un autor muy amigo de la casa LCC, quien en su obra “¿Qué es la Biblia?”, nos regala unas letras que nos pueden brindar bastante luz al respecto. Rob Bell subraya la declaración bíblica que manifiesta que todo lo bueno y lo perfecto viene del cielo, del Padre de las luces (Santiago 1:17). En ese sentido es que creemos que sí, toda la Escritura es inspirada por Dios.

Y desde esa creencia nos sumamos a quienes deciden aceptar que todo, absolutamente todo lo bueno viene de Dios. Esto quiere decir que no hay nada bueno que provenga del mal o no hay nada malo que provenga del cielo. En ese sentido, sí. Las Escrituras son inspiradas y útiles… ¿Cómo es posible que todos aquellos quienes dejaron consignadas sus historias y experiencias con Dios, hayan sido inspirados por el mal o por otra entidad antagónica? Cuando lo que encontramos en las líneas son sabiduría, vida, amor, lecciones, honestidad, revolución, responsabilidad social, etc.

El problema no es el libro o lo que haya escrito en él, sino cómo se lo lee. Muchos han usado las Escrituras inspiradas para hacer el mal, para sembrar miedo, para subyugar, para imponer dogmas o religiones. Pero el libro promete que si conocemos la verdad, esta nos hará libres.

Así que las Escrituras son inspiradas. Todas ellas. No sólo las del canon evangélico, sino las del católico, las de las crónicas deuterocanónicas o protocanónicas, las de la sabiduría popular, las de la ciencia, las de las humanidades, las fábulas que les contamos a nuestros niños para enseñarles principios éticos. Las crónicas de nuestra historia latinoamericana también son inspiradas, la poesía, las obras teatrales en sus guiones. Las letras de las canciones, las líneas de las instrucciones de seguridad de los barcos o los aviones. Las de los libros de educación primaria, media y alta. Todas las escrituras que sean útiles para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia con el fin que el hombre sea perfecto, equipado para toda buena obra.

Incluso, según palabras de las teorías comunicativas, todo es texto. Nosotros, nuestras circunstancias, nuestras expresiones, los seres, lo que existe. Así que estos textos también son inspirados. Esa es la razón por la que muchas personas pueden encontrarse con Dios a través de la risa de sus hijos, disfrutando un hermoso atardecer, dando un bocado de pan al necesitado o encontrándose en el abrazo de su compañero o compañera de vida. Todo esto lo inspira Dios, no hay nada bueno que no provenga de él.

Entonces, ¿qué escrituras no son inspiradas por nuestro buen Dios? Todas aquellas que no edifican, que no tienen el sello del amor, del bien propio del comunitario. Aquellas escrituras que van en detrimento del otro, las egoístas, segregacionistas, aquellas que infunden miedo, que engañan, que destruyen. Las llenas de envidia, de concupiscencia, esas que para encontrar el surgimiento propio, inspiran comportamientos en detrimento de los demás. Las que tratan de reivindicar el chisme, las contiendas, las mentiras, la discriminación, el odio.

Por eso es que Jesús advertía que lo que contamina al hombre no es lo que viene de afuera, sino lo que sale de adentro, del corazón. Nosotros podemos tener el más puro y limpio libro frente a nosotros y leer en él aberraciones que nos den permiso a mantener nuestra propia maldad a flor de piel, así como en medio de la obra más oscura, podemos encontrar una luz que nos inspire a amar más, entregarnos más, creer más, vivir más. ¿Con qué ojos estamos leyendo los textos?

David A. Gaitan
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