13 Él no murió por vos (Sustitución Penal) Parte 4

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ACLARACIONES SALUDABLES

Hoy, última entrega de esta desafiante miniserie sobre la Sustitución Penal. Por eso mismo, antes de comenzar, nos parece pertinente realizar algunas aclaraciones sobre la consolidación de la misma.

Se vino diciendo –constantemente- que esta doctrina se inicia en San Anselmo y se consolida a partir de los reformadores. Lo cual es correcto. Sin embargo, es justo destacar que en San Anselmo se conoce como teoría de la Satisfacción, dónde -como ya dijimos- Dios necesita una satisfacción por nuestra ofensa. Cuestión que recae en Jesús; el Dios-Hombre mencionado por el teólogo medieval y, en consecuencia, sustituto nuestro.

Así, la Sustitución penal, recibe de Anselmo la impronta de un Dios sumamente honorable y en consecuencia ofendido e insatisfecho con el hombre. Y por eso mismo, un Dios-hombre (ejemplar) tendrá que venir a satisfacer nuestra falta. Mientras que el énfasis, en la penalidad, en la deuda y en la transferencia de pecado viene por parte de los reformadores. Por lo tanto, es imposible hablar de la Sustitución Penal solo desde Anselmo o solo desde la Reforma. Es más, solo para agregar intensidad a esta historia, recordemos que no son menos importantes, las elaboraciones del filósofo y teólogo Santo Tomás y el factor Concilio de Trento, en el desarrollo de esta teología.

Produciéndose así, un fenómeno curioso de “des-conversión” histórica de las categorías de la redención. Enviando al olvido, el hecho de que la muerte de Jesús en la cruz es obra de los hombres pecadores, que no pudieron tolerar la santidad del justo y lo exterminaron violentamente. [1]

PROBLEMA ONTOLÓGICO

Un problema ontológico, refiere a un problema en el orden del ser de las cosas. En el orden de lo prioritario o de lo que es primero. Y nos referimos en este caso a la cuestión de la justicia.

En el orden del ser, nuestra justicia responde a una lógica humana. No sabemos cómo es la lógica de divina. A lo sumo, lo que podemos saber de tal “lógica” es lo que nos llega a través de los recuerdos de las experiencias de Jesús. Sin embargo, sobran los tomos de teología dogmática y las predicas de predicadores furiosos donde se habla (y también se exige) con mucha seguridad de cómo es la “santidad” y la “justicia” de Dios.

Al final de la edad media, en el siglo XVI, y a lo largo de los tiempos modernos, se fue degradando progresivamente la doctrina de la Satisfacción, para ir dando paso cada vez más a la idea de una justicia conmutativa e incluso vindicativa. La Satisfacción se comprendió como una Compensación, lo más exacta posible del pecado cometido, mediante un castigo expiatorio. [2]

Este esquema, que a menudo apoyaba el funcionamiento de la justicia humana, se proyectó espontáneamente a las relaciones del hombre con Dios. Así pues, la compensación penal encierra la idea de que Dios tiene que “ser vengado” en sus derechos sobre el hombre e incluso que él mismo “se venga”, infligiendo una pena a medida de la ofensa recibida. [3]

Mientras que la idea bíblica de expiación expresaba, ante todo, la intersección en el acto de Cristo orando con todo su ser por sus hermanos, algunas teologías se empeñaron en fundamentar en la escritura la idea de una venganza divina.

La teología de la salvación se aventuró entonces, por el terreno de lo jurídico. La redención se llevó a cabo según la idea de un “pacto sacrificial”, en donde el Padre exige de manera inmediata la prestación doliente de Jesús a fin de compensar la gravedad infinita del pecado del hombre.[4]

CURIOSIDADES

¿En qué consistió desde los evangelios el anuncio de Jesús? ¿Anunció que él se estaba arrepintiendo de tus pecados y de los pecados del pueblo?

¿En qué se centró más su mensaje? ¿En él? ¿En su muerte? ¿O en el reino de Dios como una nueva manera de vivir la vida y de conectarse con lo espiritual?

El NT no presenta a Cristo como arrepintiéndose por los pecados de los demás.[5] SÍ presenta a Cristo desafiándonos a tomar consciencia de nuestra realidad y a realizar un cambio radical de actitud, honesto a un arrepentimiento.

La revelación del Reino de Dios pone al descubierto nuestras incoherencias y complicidades con el mal y nos confronta a un cambio de actitud.

CULTURA HELENO-ROMANO-YANQUI EVANGELICAL

Jesús no está preocupado por tu salvación, está más ocupado en el Reino como comunidad que en salvar almas individuales. La salvación individual es una preocupación helenista, [6]griega. Bueno, y en la actualidad, del mercado evangelical.

GIRO TEO-COPERNICANO

A partir de Anselmo, se produce un giro. Un cambio de enfoque. Los padres apostólicos, comprendían la soteriología como un movimiento descendente, que inicia en Dios hacia los hombres. Es decir, comienza en la condición de amor y de misericordia de Dios. Con Anselmo ese movimiento pasa a ser ascendente. Dado que el hombre es cautivo de una deuda, respecto de la justicia de Dios. Ya no se debía pagar el rescate al Diablo (cómo en la teoría clásica de redención, ampliaremos en el apéndice) sino que ahora el rescate debía ser pagado a Dios. [7] La justicia precede a la misericordia. No es un don, sino un deber.

La teoría clásica, finalmente daba un exacerbado poder al “diablo”, la teoría de la Satisfacción y luego Sustitución, feudalizó la imagen familiar y paternal que Jesús presentó de Dios.

Finalmente, de las diversas teorías, maneras, metáforas y maneras de explicar la vida y obra de Jesús, la sustitución es de las más morbosas.

 NECESIDAD O CONSECUENCIA, LA PREGUNTA CORRECTA, LA RESPUESTA PERTINENTE.

Entonces, ¿es necesaria la muerte de Jesús? Para la lógica Anselmo, sí. Para la manera radical de vivir de Jesús, la muerte no solo era inevitable, sino consecuente, cada acción de su vida, molestó e incomodó a todo un sistema opresivo y anti reino.

¿Murió por vos? ¿Por mí? ¡No! Murió por que vivió de una manera que vos y yo aún no logramos encarnar en su totalidad.

Entonces, más que preguntarnos si Jesús murió por nosotros, tendríamos que preguntarnos si estamos dispuestos a vivir cómo él. ¡El error está en la pregunta!

En esta época, lo necesario, lo pertinente, es cambiar el enfoque, es una especie de un nuevo giro copernicano o hermenéutico. Dejar de preguntar, una pregunta que no lleva a nada más que a un placebo personal y a callejones sin salida. Dejar de preguntar si murió por mí y preguntarnos si podemos vivir la vida que él nos propone. Esa vida que es a todo o nada en defensa de la vida, aunque su paradoja sea la muerte. Que es a todo o nada por la comunidad, aunque su contradicción sea morir en soledad.

 

Yoe De simone

 

 

 MARCO TEÓRICO DE TODA LA SERIE

Mencionamos a continuación algunas de las bibliografías consultadas para el desarrollo de la miniserie “El no murió por vos”.

 

  • Iniciación a la práctica de la teología. T. II Dogmática I. Lauret y Refoule. Ediciones Cristiandad. Madrid 1984
  • Historia de los Dogmas, Tomo I, Descleé. París 1994
  • Teología sistemática. James Leo Garret H., Tomo 2. Casa Bautista Publicaciones. Canadá, 2000
  • Diccionario dogmatica teológica, Wolfgang Beinert. Editorial Herder. Barcelona 1990
  • Rob Bell, ¿Qué es la Biblia? Parte 72: La pregunta que sigue llegando.
  • Diccionario manual griego VOX. España 2005

[1] Historia de los Dogmas, Tomo I, Descleé. París 1994. Pág. 388

[2] Ibídem, Pág. 387

[3] Ibídem

[4] Ibídem, Pág. 388

[5] Teología sistemática. James Leo Garret H., Tomo 2. Casa Bautista Publicaciones. Canadá, 2000 Pág. 39

[6] Iniciación a la práctica de la teología. T. II Dogmática I. Lauret y Refoule. Ediciones Cristiandad. Madrid 1984 Pág. 253

[7] Historia de los Dogmas, Tomo I, Descleé. París 1994, Pág. 386

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