08 Dogma

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ENTRE DOGMAS, DOCTRINAS Y HEREJÍAS

CONOCER

Hay una constante en la historia de la humanidad y es su persistente deseo por conocer. Hablamos entonces de la evolución del conocimiento y de cómo nos relacionamos con lo que conocemos. Así, a lo largo de la historia, la humanidad fue descubriendo, modificando, añadiendo, reelaborando, confirmando o renovando y resignificando lo aprendido.

Peeeeroooo, ¿es así en el ámbito de la fe? ¿Podemos tener esa libertad de aprender y reaprender tan fácilmente? ¿Se puede salir ileso de esta actitud? ¿Se puede silenciar esta disposición humana en lo que refiere a la fe?

Bueno, todo depende de la actitud que tomemos hacia el conocimiento y hacia nuestra relación con la dinámica multiplicidad de lo real. (Lo sé, eso sonó muy MATRIX).

LA INEVITABLE RECURRENCIA AL MUNDO GRIEGO.

Es que Dogma proviene de ahí, no es algo que dependa de mí. Lo curioso es que antes de la “cristianocatoevangelicalización” (sí, con eso resumí, cristianismo católico y evangélico) del mundo, dogma significaba simplemente un punto de vista, una opinión, un parecer. Más que un conjunto de verdades reveladas e inalterables.

Si bien en la historia de la filosofía refiere a una opinión filosófica o a un conjunto de principios filosóficos o sistema filosófico a diferencia del cristianismo, quien lo interpreta como ese conjunto de verdades ya mencionadas, hay algo que en el devenir de la filosofía y en el devenir del cristianismo los termina uniendo y emparentando.

Este “algo” es la actitud hacia el conocimiento, una actitud acrítica, radicalmente anti-duda, anti-cuestionamiento y acatadora de todo sistema. Convirtiendo en dogmático tanto al filósofo como al cristiano. Ambos comparten la misma actitud hacia el conocimiento y hacia el mundo: la incapacidad, ausencia y negación de la sospecha, o sea, de la duda.

El dogmático, cosifica, objetiviza, empaqueta, cierra y sobre todo “vende” el producto de su interpretación. En el caso del religioso dogmático, siempre con la intervención del miedo convierte a Dios en un paquete, en su paquete pseudo indestructible de verdades inalterables. Que, por supuesto, incluyen un montón de medidas de seguridad para que ante cualquier intento decodificador (de pensar) “muera” en el mismo.

Por último, la ausencia de duda para cuestionar la capacidad de conocer de la razón humana. Dar por hecho la posibilidad y la realidad del contacto (totalitario) entre el sujeto y el objeto. No ver una relación (dialógica y constructiva) entre sujeto y objeto. Es lo característico del dogmático, quien exclusivamente se rige por dogmas.

CRONICAS CRISTINAS

Cuenta la historia que fue recién en el concilio de Trento, allá por el 1545-1563, donde el término dogma, pasó de ser un parecer o una opinión fundada en principios, a un conjunto de verdades reveladas directamente por Dios y reconocidas por la Iglesia. (Bueno y teniendo en cuenta los artículos de las semanas anteriores, ya sabes que las cuestiones de “inspiración” y de lo que comúnmente se dice como “Palabra de Dios” merecen algunos cuestionamientos…).

De hecho, la mayoría de los concilios en la historia de la iglesia, tienen que ver con ir definiendo algunas verdades inalterables frente a los que pensaban distinto, frente a quienes experimentaban la espiritualidad de otra manera o quizás simplemente se permitían vivir la fe como un proceso creativo y no como algo completamente inmutable.

¿DOGMA O DOCTRINA?

Doctrina, literalmente significa enseñanza, por eso es posible escuchar cosas como tal o cual “doctrina económica, jurídica, política, militar, etc.”.  Según el diccionario teológico de Justo González, tiene tres niveles de aplicación.

Enseñanza u opinión, en nivel básico, de una persona sobre algún tema. En segunda instancia, cuando refiere a un sistema de ideas, como, por ejemplo, la doctrina platónica de la inmortalidad del alma o en el caso del ámbito teológico, la doctrina de la salvación. En tercer lugar, en un sentido más estricto, refiere a enseñanzas de los diversos grupos que han surgido a lo largo de la historia de la iglesia, ej. “doctrina de la predestinación” entre otras. Por último, es una enseñanza de tal autoridad que rechazarla es sobrepasar y violar la ortodoxia. González sostiene que en este punto es sinónimo de dogma.

Entonces, ¿en qué se diferencian?

Bueno, siguiendo a Justo González, en que si bien se pueden utilizar como sinónimos (y de acuerdo a lo que vimos es inevitable y se distinguen solo por el contexto del tal o cual discurso), lo distintivo del dogma -al menos en el ámbito teológico- es ser el producto de un sector oficial y autorizado de la Iglesia.

De hecho, añade que la mayoría de iglesias evangélicas tienen en común numerosos dogmas con la iglesia católica, dogmas que surgen de los primeros concilios de la historia del cristianismo. (Y pensar que hay tanto evangélico dando vuelta defenestrando, demonizando lo que ni sabe…).

ALGUNAS REALIDADES

Hay una realidad, la Iglesia católica es terminante en cuanto el tema del dogma, interpreta que hay verdades que siempre han existido y que contradecirlas es herético. Por eso la hoguera, cruzadas, etc. Aunque luego del concilio II (1959) diluyó un poco la cuestión.

Hay otra realidad, los evangélicos, además de compartir un corpus doctrinal en común con el catolicismo, tenemos una serie de dogmas menos visibles que se presentan muchas veces como incuestionables. Ej., matrimonio, “El diseño de Dios para la familia”, “sexo pre-matrimonial”, “sustitución penal”, “pecado original”, entre otros… Y cuando se cuestionan, bueno, no la pasas muy bien. Como verás, indiqué solo algunos conocidos y otros que pasan más automatizados.

Hay más realidades, y es que los dogmas de los primeros concilios fueron surgiendo como respuestas -a veces finales- a dudas de otros grupos cristianos, muchas veces demonizados. Otras veces fueron producto del miedo, de la ausencia del diálogo y como no puede faltar, por cuestiones de poder y de política.

Y hay realidades actuales, la humanidad con el paso del tiempo ha ido incorporando las nociones del diálogo, de la búsqueda de la paz, de la tolerancia, de la democracia, del bien común. Que las posturas totalitarias solo excluyen y dividen. Que muy poco tienen que ver con el amor. Que la duda es parte del proceso y no necesariamente una mala actitud o rechazo total.

RECALCULANDO…

Lo polémico de la doctrina y lo doctrinario, es lo inevitable: Si hay doctrina, hay adoctrinamiento. Y el adoctrinamiento, que es la total sumisión, el total acatamiento, la fe ciega a un líder y la ausencia del pensamiento crítico: desconoce el proceso educativo, que, a diferencia de la pedagogía dictatorial, el proceso educativo, reconoce la autonomía y creatividad del individuo.

Por otro lado, el adoctrinamiento hoy en día se da por propagandas televisivas, por internet, mediante materiales didácticos, mediante el marketing ministerial, mediante “células”, o por “escuelitas de” o mediante “manuales de liderazgo”, entre otras doctrinas del momento, que no dejan de ser consciente o inconscientemente técnicas de lavado y vaciamiento cerebral. Lo reconozco, esto último fue duro.

RIGIDEZ ES MUERTE

Los dogmas, en tanto elaboración humana, quizás sean inevitables, ya que todos necesitamos definir algunas cuestiones para seguir avanzando, la cuestión es cuando el dogma nos enajena, se nos escapa y nos subleva. Cuando el dogma deja de estar al servicio de la humanidad y la humanidad pasa a estar cautiva, limitada y reducida por la normativa.

Hay personas que pretendiendo tener todas las respuestas, no se bancan todas las preguntas. Entonces, dogmas. Fin a las preguntas.

No en vano Paul Tillich (1886-1965) interpreta, que los términos dogma y dogmático adquirieron con el paso del tiempo una connotación tan peyorativa que los convierte en algo inútil para el tiempo de hoy, de ahí que él prefiera hablar de teología sistemática, más que de dogmas. Y por supuesto, que esto sea en lenguaje contemporáneo.

Finalmente, hubo alguien en la historia de la humanidad que sí supo proponer criterios de interpretación sobre los dogmas, sobre las normativas, sobre las leyes y en consecuencia sobre las construcciones teológicas de su tiempo. Llegando a decir cosas como que el sábado es para el descanso del hombre, para su bienestar, que todo se debe interpretar desde el amor al prójimo… Sí, nos referimos a Jesús.

Hay algo que el teólogo Karl Barth, en su emérita y monumental obra sobre la dogmática deja bien en claro, y es que “el principio y el fin de de todo dogma es Jesucristo”, de ahí que cada dogma deba ser cristológico. Obvio, el tema de la cristología es para otro artículo. Al igual que HEREJÍA, ¡con el que seguiremos la próxima semana!

 

Yoe De simone

 

MARCO TEÓRICO/BIBLIOGRAFÍA

 

Diccionario filosófico, Ferrater Mora, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1964

Diccionario teológico, Justo González, editorial Clie, Barcelona 2010

Diccionario de teología contemporánea, Bernard Ramm, Editorial Mundo hispano.

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