14 Tu cicatriz en mi

Hablemos un poco de transgresiones tolerables y sus contrapartes inaceptables.

¿Eh?

Más fácil: Se puede poner en duda la existencia del infierno, se puede aceptar el matrimonio igualitario, incluso es posible rechazar por completo la comprensión popular de la Sustitución Penal (la doctrina que enseña que Jesús murió en la cruz para salvarnos del castigo de Dios), se puede desafiar todo eso y, a pesar de todo, seguir sentándose aunque sea al final de la fila de sillas en la conferencia del cristianismo.

Pero hay algo que puede sacarte completamente de la habitación:

cuestionar la resurrección corporal de Jesús.

Con eso no se juega, dicen incluso algunos de los más liberales. Ese es el final de la línea.

Mi propósito aquí no es cuestionar la resurrección (no tiene sentido intentar probar o refutar algo de lo cual no tenemos pruebas empíricas, palpables y que sucedió hace miles de años). Mi propósito es cuestionar si la creencia en la resurrección es lo que define la naturaleza de un cristiano.

En otras palabras: ¿Se puede ser cristiano y no creer en la resurrección?

Para muchos, el cristianismo pareciera funcionar sin necesidad de creer en ella (la resurrección), y, para mí, aunque importante, no es algo central en mi vida como cristiano.

Ante esta declaración, he recibido respuestas como:

“Si la resurrección no fue real, el cristianismo no tiene sentido”.

Suena adecuado, pero, ¿en serio? ¿No tendría sentido seguir las enseñanzas de Jesús? ¿El cristianismo aun no seguiría siendo una buena manera de vivir en este mundo?

Cuando escucho de alguien una respuesta tan categórica como la de arriba, me surgen serias preguntas acerca de por qué esa persona decidió ser un cristiano. Casi siempre esa clase de creencia pareciera realizar una conexión obligatoria entre resurrección-salvación-cielo-infierno. Por lo que su meta pareciera ser más la recompensa celestial (o la salvación de un destino infernal) que la justicia terrenal, la cual fue la misión de Jesús.

No digo que aquellos cristianos que creen en la resurrección no sean cristianos comprometidos con el Shalom, con un mundo mejor. No digo eso. Pero lamentablemente, en el imaginario popular, la idea de resurrección suele relacionarse con una visión de Jesús más legendaria que histórica.

Lo que digo, a lo que me refiero, es a una realidad que debería ofender a los cristianos mucho más que la declaración de “no creo en la resurrección” por parte de algún hermano:

por lo general, aquellos cristianos que no creen en la resurrección suelen vivir un cristianismo mucho más genuino que aquellos que sí creen, ya que no hay especulación. Sus razones para ser cristianos suelen tener que ver con algo mucho más orgánico, humano y actual. Mucho más parecido a lo que Jesús enseñó. Debido a que su compromiso con este mundo, no responde a una especulación (soy bueno acá para recibir algo en el más allá), sino a una preocupación.

Cuando escucho a alguien decir que ser cristiano no tiene sentido si Jesús no resucitó, me suena a que, en el hipotético caso (prácticamente imposible) de que la ciencia de alguna manera descubriese que en realidad no sucedió, dejaría de ser cristiano en un abrir y cerrar de ojos.

¿Por qué demonios no valdría la pena aun ser cristiano?

¿Por qué pareciera que para muchos la muerte de Jesús fuera más importante que su vida?

Si sólo sigues a Jesús por lo que puedes obtener después de la muerte, eso no se llama fidelidad, se llama interés.

Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos, el creer en la resurrección no se encontraba como requisito en el formulario de inscripción. ¿Interesante no?

El punto no es si crees en la resurrección o no. El punto es cómo vives tu cristianismo, y a quienes dejas afuera por no pensar como tú en el proceso.

 

Dominic Crossan dice algo muy interesante al respecto:

“[…]cuando hablaban de la resurrección, lo que estaba en juego no era mi supervivencia, sino la justicia de Dios. Cuando un cristiano judío del siglo I, como Pablo, por ejemplo, decía que Dios levantó a Jesús de los muertos, hacía la afirmación más asombrosa de todas; no que Jesús salió de la tumba y ascendió a Dios, eso no era algo asombroso en el siglo I, solo es asombroso para nosotros los racionalistas. En el siglo I era así:

‘Jesús salió de la tumba y ascendió a Dios. Qué bueno por Jesús. Tengo una moneda que muestra a Julio César ascender a los dioses como un meteoro’.

Al declarar que Dios levantó de los muertos a Jesús decían que había comenzado la resurrección general… Es una afirmación asombrosa porque hay que tener alguna prueba, si dices que la resurrección general sucederá pronto, puedes decirlo todo lo que quieras porque está en el futuro, no te puedes equivocar a menos que seas tan estúpido como para ponerle fecha, pero si dices que ya comenzó… tienes que poder demostrar cómo está cambiando el mundo.

¿Cómo hacía eso Pablo?

Imaginen a Pablo conversando con paganos de mente abierta, para quienes las resurrecciones, nacimientos virginales y curaciones milagrosas eran parte de su cultura. Conocían las historias, así que no le dirían a Pablo: ‘No creemos esas cosas, somos ilustrados’. Dirían: ‘Es muy interesante Pablo, dices que el mundo está cambiando porque Dios por fin está empezando a justificarlo. ¿Podrías mostrarme donde está pasando esto? Porque no lo veo’.

Y Pablo estaría obligado a decir: ‘Ven a ver nuestras comunidades. Tenemos una comunidad de 10 o 12 personas que se reúne en la esquina. Nos comprometemos a compartir la mitad de nuestra comida. Creemos que la tierra le pertenece a Dios, la tierra tiene que ver con la comida, así que la comida le pertenece a Dios. Compartimos nuestra comida unos con otros. Ven y ve tú mismo si acaso el mundo no se está volviendo más justo. Ven a nuestra sociedad y dinos si nuestro grupo, lo llamamos iglesia, crees que es más justo o no. Y tenemos uno de estos en cada ciudad del imperio. Por eso siempre estoy viajando’.

—‘¿Y cuanta gente tienen?’.

—‘No se trata de que tengamos mil. Sino de que tenemos diez en cien ciudades’.

La resurrección tiene que ver con si el mundo está siendo transformado en un mundo más justo o no.” *

 

¿A Jesús le importa más que tengamos el credo correcto o que sigamos sus enseñanzas de forma práctica y real?

¿Es esta una brecha que no puede ser cubierta o podemos llamar “hermanos” a aquellos que tienen una motivación para su cristianismo distinta a la nuestra?

¿Su razón para ser cristianos vale menos que la nuestra? ¿Por qué?

Esta es una conversación que deberíamos tener, antes de aventurarnos a dar respuestas absolutas.

Lo que sí sé es esto: la vida de Jesús es lo más importante, porque ni la muerte ni la resurrección de Jesús tendrían sentido sin la vida que tuvo Jesús. Es esa vida la que hace dramática su muerte y gloriosa resurrección para los que contemplamos un cristianismo funcional a la realidad. De hecho, como afirma Crossan, Jesús no es la primera deidad a la que se le adjudica resucitar. Ya en Egipto, siglos antes, contaban con deidades que morían y resucitaban. Había cierta mitología ya formada alrededor del poder de trascender la muerte. Creo que con la resurrección se puede volver a aplicar lo que propone Rob Bell con muchos de los relatos del AT (las historias comenzando de manera familiar o conocida para la audiencia y luego dando un giro sorpresivo), por ejemplo, con el diluvio: no era la primera vez que un dios enojado inundaba todo y empezaba de nuevo. Pero la gran diferencia en la historia de Noé no es el principio sino el final: un Dios que asegura que los días de la religión agobiante (esa vieja manera de relacionarse y comprender a Dios) habían terminado.

Creo en la resurrección, aunque no sea exclusividad del cristianismo. No es importante eso, ni creo que le quite divinidad a Jesús. Lo verdaderamente importante es la práctica del amor que vivió Jesús. El amor, el perdón, la justicia. La resurrección no aparece por primera vez con Jesús, pero sí aparece de una manera única y definitiva: el amor llevado hasta las últimas consecuencias, un corazón completamente entregado.

No tenemos pruebas empíricas de la resurrección, lo único que sabemos con seguridad es lo que ha provocado en miles de vidas a lo largo de la historia, y lo que provocó para que un grupo de fracasados dispersos se volvieran a juntar y se animaran a enfrentar a todo un imperio.

Muchos que creen en una resurrección física solo se han enfocado en vivir una vida plena en el más allá, pero también muchos que piensan que la resurrección es alguna clase de parábola, se han sumergido en su racionalismo con aires de cinismo y cerrado la puerta a la maravilla de lo inexplicable. Ambos fallan en la lectura del evangelio.

Si el relato de la resurrección no te enciende para iluminar este mundo en sombras, entonces simplemente cae al mismo nivel de una leyenda, casi de un cuento de hadas.

Y si no crees en la resurrección, pero te consideras un cristiano y tu luz disipa cada día un poco más la oscuridad que habita en este planeta, no podría llamarte nunca un hereje, para mí, eres mi hermano.

 

RSV/Dani Aramayo

Dibujo: Jony López

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