13 ¡Es la mística! (Ella se mueve de maneras misteriosas)

Hace algunas semanas estábamos hablando con uno de los diseñadores del blog acerca de un proyecto a corto plazo, y entonces, unos dos días después, alguien nos envía un mensaje proponiéndonos llevar a cabo… lo mismo.

Esto nos sucede bastante seguido. Y de seguro les sucede a muchos de ustedes.

Alguien te llama y te comenta algo acerca de lo que habías estado pensando. Te encuentras con alguien que tiene para ofrecer lo que tú andas necesitando. Lees a la mañana algo que, en un contexto completamente diferente, alguien te repite a la tarde.

Sientes que hay algo más que la casualidad involucrado en los eventos. Algo trabajando dentro de ti y en los demás. Algo que te rodea, te atraviesa y te acompaña. No me refiero a algún tipo de amuleto espiritual, sino a una especie de energía/presencia interior/exterior que produce una sensación de conexión con otras vidas y tu propia consciencia.

A esto en la tradición cristiana se le llama el Espíritu Santo. Mi amigo Dani Aramayo, ante una situación como la que les conté en el primer párrafo, usa otra expresión para referirse a lo mismo: “¡Es la Mística!“.

La Mística. El misterio. Lo humano haciendo contacto con lo Divino. Ese algo invisible pero presente. Esa llama interior que nos quema cuando dañamos a otros y nos abriga cuando abrazamos.

El Espíritu Santo.

La Mística.

Dios mismo.

***

Hace aproximadamente un año y medio atrás, publicamos en el blog un video de Rob Bell titulado “El Universo está a tu favor”. Hubo algunas críticas. A algunas personas no les gustó que Rob Bell usara la palabra “Universo” para referirse a Dios. Este “celo santo”, más que velar por una adecuada comprensión de lo Divino (una que funcione), pareciera ser un intento más por proyectar la propia sobre las demás. Como si fuera la única valida y posible. Como si Dios pudiera ofenderse porque alguien lo llamase de otra forma que no sea su nombre de pila (como si Dios tuviera una partida de nacimiento…).

Dios.

El Universo.

El Creador.

La Vida misma.

***

Hace varios años, en una de sus conferencias sobre modas, tatuajes y aros (sí, esas eran las preocupaciones existenciales de esa época en el ministerio juvenil) el Dr. Jeffrey de León contó una pequeña historia: una mujer se le había acercado para pedirle un consejo acerca de qué hacer con su hija adolescente, más precisamente, para saber cómo convencerla de que teñirse el pelo de azul como lo había hecho, no era algo propio de una chica “cristiana”.

Jeffrey miró detenidamente a la madre preocupada, que no tendría más de 50 años, y le dijo:

—Así que el problema es que su hija se haya teñido el pelo de azul…

—¡Claro!

—Dígame… usted tiene canas ¿no? ¿O ese castaño oscuro que lleva es natural?

—Sí, claro. Me tiño para que no se noten. No me gusta.

—Ah, o sea que entonces el problema es el color…

Jeffrey finaliza diciendo que, entonces, “la mujer se detuvo un momento y por fin pensó”.

Esta pequeña anécdota me hace acordar a la reacción que tienen muchos de los Guardianes del Evangelio. No se dan cuenta, pero al final todo el escándalo lo resumen a un tema de “color”. ¡Dios es Dios! Es una falta de respeto referirse a Él con uno de esos nombres modernos que muchos usan ahora. Bueno…

no lo creo.

La palabra DIOS fue una invención moderna que se volvió clásica con el tiempo (en algún momento alguien articuló la palabra por primera vez), cuatro letras del alfabeto latino para referirnos a eso que creemos que nos excede y no podemos terminar de explicar. Pero no es el nombre que le hemos dado (en el idioma que sea) lo que termina definiendo nuestra comprensión de Dios, sino los atributos que creemos que exhibe y manifiesta, por lo tanto, no creo que Dios se ofenda por una simple cuestión de semántica. Lo importante no es como le llamemos, lo importante es como le veamos, debido a que nuestra relación con los demás seres humanos es el eco de nuestra relación con Dios. Y nuestro trato hacia la Tierra el reflejo de esa teología.

“Dios amoroso” puede sonar muy piadoso, pero bien puede estar relacionado con una comprensión que involucra castigos eternos, infiernos y a un bipolar Ser supremo; la cual, lamentablemente, es una imagen muy habitual en la mente de muchos cristianos.

Irónicamente, Dios es una palabra que en sí misma termina definiendo aquello que es indefinible. Creo que necesitamos otra metáfora de Dios, como diría Darío Sztajnszrajber.

Y coincido con lo que Peter Enns escribió hace poco en un artículo titulado: “Estoy cansado de llamar a Dios Dios”, de hecho, me gustaría citar unos párrafos:

“Dios” es un término que encontramos en toda la Biblia. En el Antiguo Testamento es la forma de referirse a la palabra hebrea “Elohim”.

La cosa es que Elohim era una palabra genérica en el antiguo mundo de la Biblia, una gran cantidad de culturas la utilizaba de alguna forma.

El Nuevo Testamento incurre en el mismo tipo de problema.

La palabra griega “theos” significa “dios”, y es casi tan genérica como se puede ser. Se refiere a los seres divinos en general y a los dioses del mundo greco-romano. Razón por la cual, en 2 Corintios 4:4 incluso es utilizada en otro ser divino, el diablo.

En resumen, los escritores bíblicos, cuando hablaban de Dios, adoptaban antiguos títulos y metáforas de las culturas circundantes. No hay nada especial acerca de estas palabras.

Se me ocurre que, para nosotros ser verdaderamente “bíblicos” en la forma en que nos referimos a Dios, nos podría ser más productivo seguir la práctica bíblica más que las palabras bíblicas.

Así que me pregunto: ¿cuáles son algunos de los posibles términos, títulos, descripciones, metáforas de nuestra propia cultura que podríamos adaptar y transformar para hablar de nuestro Dios en nuestro tiempo y lugar en vez de utilizar términos que esencialmente carecen de significado —como “Dios” o “Señor”— en la cultura poscristiana?

…si estás desconcertado por la idea de usar un lenguaje alternativo para Dios, especialmente términos que suenan muy anti-bíblicos, incluso paganos o “de moda”… bueno… recuerda que la misma práctica se encuentra esculpida en nuestra propia Biblia.

 

Así que no tengo problemas con mi amigo Dany refiriéndose a la Mística que nos rodea o con Rob Bell diciendo que El Universo está de nuestro lado. Creo que es cierto. Es más, desde hace un tiempo y al igual que muchos otros autores, empecé a sistemáticamente, referirme a Dios con el pronombre Ella. ¿Quién dijo que Dios es masculino? Y si no es hombre ni mujer, pero sin embargo usamos el pronombre Él invariablemente, ¿por qué no usar el de Ella? ¿Acaso incluso en la Biblia no se lo referencia con la figura de una mama gallina?

Ella. Suena raro. Inusual. Pero puede llegar a ser desintoxicante.

Y no, no creo que Dios se ofenda.

También hay un nombre usado para Dios que me gusta mucho: Madre Naturaleza. Sí, lo sé, este dentro de todo es bastante habitual (y hasta puede que nos recuerde a Spinoza), y venimos hablando de usar nuevas metáforas de Dios… Bueno, supongo soy un poco selectivo acerca de cuáles son obsoletas y cuáles no, pero de hecho de eso se trata: de lo que funcione para ti. De lo que te haga relacionarte mejor con los demás y contigo mismo. De lo que evoque esperanza en vez de miedo.

Madre Naturaleza funciona para mí.

También Ella.

Y claro, también DIOS. Después de todo, los clásicos nunca pasan de moda, así que lo seguiré usando;

pero no me cierro a la comprensión de La Mística que puedan tener otras personas, después de todo,

Ella se mueve de formas misteriosas.

 

RSV

 

Dibujo: Jony López
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