12 Sigue girando (la fe no es un monólogo)

Recientemente, la NASA reveló el descubrimiento de 7 exoplanetas (planetas que no se encuentran dentro de nuestro sistema solar).
7 gigantescas masas rocosas de tamaño similar a la Tierra.
3 de estos planetas se encuentran en la “zona habitable”, es decir, aquella capaz de poseer agua.
La distancia, de 39 años luz, no puede ser saldada con la tecnología actual (el viaje más lejano ha sido a Plutón, que se encuentra a 5 horas luz, así que ya nos vamos dando una idea), pero no me cabe ninguna duda de que en las próximas décadas la tecnología avanzará lo suficiente como para, al menos, dejar de verlo como imposible.

Este tipo de novedades, que muchos de nosotros encontramos fascinantes, sin embargo, no provoca una reacción unificada en todos los terrícolas. Algunos reciben la noticia con escepticismo, indiferencia, o con la misma emoción que les produciría enterarse que Coca-Cola sacó un nuevo refresco sabor chocolate (no me digan que no sería genial…). Pero lo más importante, es que prácticamente ya hoy en día nadie se muestra shockeado por la noticia. Nadie se aferra fanáticamente a la vieja concepción que teníamos del universo. Nadie odia a los científicos que descubrieron el planeta Sedna o a Ceres en nuestro propio patio trasero (sistema solar) hace unos años, a pesar de que eso modifique por completo lo que aprendimos en los manuales escolares cuando niños.

Y es compresible, después de todo, ninguno de estos descubrimientos nos paga las cuentas de luz o evitan los problemas de tráfico.

Pero más allá de eso, hemos aprendido que
las cosas cambian.

Antes lo veíamos de una manera.
Ahora lo vemos de otra.
Durante cientos de años pensamos de cierta forma,
entonces aparece nueva evidencia,
y pasamos a pensar de otra.
Y está todo bien.
Evolucionamos.
Y la Tierra sigue girando.
No hay por qué estar shockeados.

La semana pasada vi una breve, pero reveladora charla acerca de David y Goliat (hace mucho que no veía algo tan breve como potente y refrescante acerca de una clásica historia de la Biblia). En ella quien exponía cuestionaba la concepción clásica de que David se encontrara en desventaja al momento de enfrentarse a Goliat. De hecho, plantea justamente lo contrario: que David contaba con la ventaja de la distancia gracias a su experiencia con la honda, mientras que Goliat estaba preparado para un combate con espada y cuerpo a cuerpo. Antes de terminar su exposición de 20 minutos, el orador (no, no es cristiano) también se refirió a algunos hechos que rodean al relato bíblico y los hizo encajar con mucha lógica en la teoría de que Goliat, al sufrir de “gigantismo”, también podría haber padecido alguna especie de miopía.

Si esta reinterpretación del relato bíblico es la que más realmente se aproxima a lo que ocurrió aquel día en el Valle de Ela, significa un cambio total de paradigma. Significa un enfoque totalmente distinto que deja atrás miles de sermones, libros, películas, canciones, pinturas, y todo tipo de arte relacionado a la concepción clásica de la historia del pastor adolescente que habría de convertirse en rey de Israel. Y sí, significa…

crisis.

Crisis e indignación en miles de cristianos que igualan a la interpretación de una historia, libro, parábola o texto bíblico con la estructura inquebrantable de su fe; cristianos que no están dispuestos a cambiar su postura, aunque nueva evidencia así lo sugiera o incluso requiera. Cristianos que no aceptan la idea de que hoy, mañana, o en algún momento podamos ver lo que hasta ayer no veíamos.

Esto me recuerda a la reacción de Ravi Zacharias en un vídeo de hace algunos unos años, en el cual se critica al movimiento de la Iglesia Emergente. Al referirse al lanzamiento del libro El Mensaje Secreto de Jesús de Brian McLaren, lo hace en tono de burla y dando por sentado que nadie puede aportar algo nuevo a la fe y, según él, menos McLaren (por cierto, cuando suelo usar el término “Guardianes del Evangelio”, es a este tipo de gente que aparece en el vídeo al que me refiero).

En cierto momento, Ravi dice: “Cuando escribes libros como El Mensaje Secreto de Jesús… ¿¡Que!? ¿2000 años han pasado y ahora él [McLaren] encontró el secreto que no sabíamos? Eso es tan extraño.”.

Más allá de la arrogancia de alguien que evidentemente cree ya saberlo todo acerca de la Biblia, Jesús y los Evangelios, aquí se comete un común y grave error:

la Biblia, y por lo tanto nuestro estudio de ella —y por extensión del cristianismo—, no tiene 2000 años.

La Biblia, tal como la conocemos, fue concebida casi 400 años después de Cristo, cuando la Iglesia Católica decidió cuales libros quedaban afuera y cuales adentro.

Las copias se realizaban a mano, nadie cargaba con semejante biblioteca bajo el brazo como en la era moderna, y no, no se vendían en tiendas, por lo que incluso con dificultad tal vez un pueblo entero pudiera hacerse con una copia. La Biblia, su lectura, era un privilegio para algunos pocos. Y así habría de serlo durante cientos de años. Además, la mayoría de los campesinos y trabajadores no sabía leer.

Recién alrededor del año 1500 y hasta el 1600, con la invención de la imprenta y la Reforma Protestante, es que hubo un intento real de hacer que la Biblia estuviera disponible en un idioma que no fuera conocido solo por algunos. Se comenzaron a realizar las primeras copias de la Biblia en inglés, alemán y castellano.

Entre el 1800 y el 1900, las primeras copias de la Biblia en español y portugués comenzaron a llegar a las costas de Buenos Aires, Montevideo, Brasil y el resto del continente.

¡1900!; y la mayoría de personas del mundo ante la pregunta “¿qué dice Juan 3:16?” aun responderían: ¿eh?

Cien años desde entonces, y un coctel de persecuciones, prohibiciones, nazismo, comunismo, intolerancia, ignorancia, dictaduras, terrorismo y totalitarismo en muchas partes del mundo… hasta llegar a hoy.

¿Realmente alguien puede afirmar que, en el siglo pasado, cualquier persona que quisiera podía poseer una Biblia? ¿Desde hace realmente cuanto cualquier ciudadano del mundo tiene la oportunidad, el acceso y la libertad para leer sin restricciones desde Génesis hasta Apocalipsis en su comunidad, iglesia, o en la comodidad de su hogar? Y… ¿verdaderamente incluso hoy en día podemos afirmar que esto es posible en absolutamente todo el mundo?

Por eso, por todo esto, creo que ¿2000 años han pasado y ahora él encontró el secreto que no sabíamos?… es una completa estupidez. Un vino que sabe a ignorancia servido en una copa adornada de soberbia.

El verdadero estudio masivopopular y libre de la Biblia —me animo a decir— no supera los 30 años.

Y esto se debe a los fascinantes avances tecnológicos de las últimas décadas (hoy en día podemos tomar un texto de las Escrituras y descubrir lo que decía la versión original —o la más cercana a ella— por nuestros propios medios; tenemos nuevos, más variados y mejores diccionarios; la posibilidad de escuchar a eruditos en la comodidad de nuestro hogar; Google Earth, YouTube, acceso casi ilimitado a informes arqueológicos y libros de historia para conocer el contexto cultural, geográfico, histórico y personal que rodeó a la escritura de una carta, un libro o un salmo en la Biblia) pero también a los avances logrados por muchos cristianos progresistas que se animaron/animan a pensar distinto.

En las últimas décadas, hemos perdido el miedo a cuestionar, a dudar y a realizar esas preguntas que antes se encontraban prácticamente prohibidas. Hemos cambiado el aplauso fácil y el amén absoluto por el “a ver… déjame checar lo que estás diciendo; quiero entenderlo, quiero examinarlo, quiero comprobar si realmente funciona en mi vida y en las de los demás”. Nos hemos dado cuenta de que la teología no es una práctica que solo pueden realizar algunos elegidos, sino que, de hecho, la podemos —y debemos— realizar todos.

La Biblia ya no se encuentra en latín y la revelación ya no es patrimonio de unos pocos iluminados. Es comunal. Abierta. Debatible. Progresiva.

Así que, volviendo al tema, querido(s) Ravi(es) Zacharias, ¿es posible que luego de todo este tiempo descubramos algo que tú y los demás no sabían? Claro que sí. Y, de hecho, creo que si hubo un momento con el mayor potencial en cuanto a “descubrimientos teológicos” es ahora. Hoy. Mañana, y el día después de mañana. Porque hemos tomado consciencia de cosas que hasta hace muy poco ni nos cuestionábamos. Nuestra comprensión de Dios ha mejorado.

Hemos madurado como humanidad. Crecido como criaturas de Dios. Como Iglesia, hemos dejado atrás el cristianismo colonizador, racista, misógino y elitista que nos enseñaron las generaciones anteriores. Ya no nos vemos a nosotros mismos como pecadores en manos de un Dios enojado. Ya no dejamos de preguntar por temor a ir al infierno. Intentamos examinarlo todo, aunque a veces fallemos en descartar todo lo malo.

No perseguimos la verdad absoluta ni la doctrina perfecta, buscamos experiencias, sospechas de Dios escondidas en nuestra vida diaria.

Hartos de la religión, desilusionados de la iglesia, pero sedientos de Dios. [1]

Solo quiero decirte esto: No tengas miedo de cambiar de pensamiento si lo necesitas. Si el lente con el que veías las cosas solo te está trayendo dolor y desdicha, si no te está ayudando a ser una mejor persona, si lo que tu corazón siente no se encuentra alineado con lo que tu cabeza piensa… al menos contempla la posibilidad de un cambio teológico (un enfoque distinto acerca de Dios, la Biblia y la vida), y recuerda que Dios no opera mediante la culpa.

 

Hace poco, Miles Soloman, un adolescente de 17 años, descubrió un fallo que la NASA había pasado por alto. Motivado por su profesor, Miles le envió un correo electrónico al organismo, el cual no solo le contestó dándole las gracias sino invitándolo a ayudarles a estudiar el problema. Larry Pinsky, el encargado de seguir en la NASA el tema en cual fue detectado el error dijo: “Estoy seguro de que hay cosas interesantes que los estudiantes pueden hallar, que los profesionales no tienen tiempo para buscar”.

Creo que aquí hay algo de lo que podrían aprender muchos prominentes líderes cristianos.

Mientras tanto, y aunque muchos nos ignoren, nos critiquen, nos condenen, nos subestimen, nos etiqueten… nosotros los herejes, seguiremos explorando el infinito universo de posibilidades que alberga nuestra misma tradición cristiana.

Porque hemos aprendido que…

Dios se revela a sí mismo y

las cosas cambian.

Antes lo veíamos de una manera.
Ahora lo vemos de otra.
Durante cientos de años pensamos de cierta forma,
entonces aparece nueva evidencia,
y pasamos a pensar de otra.
Y está todo bien.
Evolucionamos.
Y la Fe sigue girando.
No hay por qué estar shockeados.

RSV

P.D.: Ah, sobre esa charla acerca de David y Goliat que tanto te intriga saber de quién será, aquí te dejo el link. No tiene desperdicio. Luego déjame tus comentarios ?

Dibujo: Jony López

 

[1] Dudé acerca de incluir esta frase debido a su posible malinterpretación, pero por suerte alguien inventó los corchetes y los asteriscos. No veo a la religión como algo inherentemente malo, lo mismo con la iglesia, solo intento señalar la realidad de muchos que, habiendo tenido malas experiencias con ambas, las ven casi como un obstáculo para vivir su espiritualidad. Personalmente, y siendo cristiano, no veo manera ni necesidad de emancipar una de otra. Necesitamos redimir el significado de esas palabras (tan bastardeadas) en nuestra sociedad.

 

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