09 Calaveras y diablitos (Parte 2)

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Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.

Mateo 16:13-19

 

Católicos y protestantes han tironeado durante siglos para quedarse con la interpretación oficial de lo que realmente significaron las palabras de Jesús a Pedro en el Evangelio de Mateo. Me animo a decir que ambos se han quedado cortos, aunque puede que también ambos tengan algo de razón.

Empecemos con algunas obviedades, de mayor a menor.

Jesús era judío.

Jesús era un rabino.

Jesús no vino a comenzar una religión.

Jesús no era cristiano.

Jesús nunca habló de la Iglesia… (sí del reino de Dios).

La palabra más arriba traducida como iglesia es la palabra hebrea kahal, la cual está emparentada con el verbo “convocar”. Kahal significa multitud, congregación, comunidad o asamblea. Es usada muchas veces en el AT para referirse a Israel.

Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación (kahal קהל‘) te alabaré.

Salmo 22:22

…al que cuidarán hasta el catorce del mes, día en que la comunidad de Israel (kahal קהל‘) en pleno lo sacrificará al caer la noche.

Éxodo 12:6

reunid al pueblo, santificad la asamblea (kahal קהל‘),

congregad a los ancianos,

reunid a los pequeños y a los niños de pecho.

Salga el novio de su aposento

y la novia de su alcoba.

Joel 2:16

El término “iglesia” sólo aparece tres veces en los evangelios, y todas en el de San Mateo, deriva de la palabra latina “ecclesia”, que proviene de la palabra griega “ekklesia”, la cual aquí es una traducción del termino hebreo “kahal”.

Dios le había prometido a Jacob que una kahal saldría de él…

Yo soy el Dios Todopoderoso.
Sé fecundo y multiplícate;
una nación y multitud de naciones (kahal) vendrán de ti,
y reyes saldrán de tus lomos.
Y la tierra que di a Abraham y a Isaac,
a ti te la daré;
y daré la tierra a tu descendencia después de ti.

Génesis 35:11-12

Y Jacob no lo olvidó…

 Entonces Jacob dijo a José: El Dios Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán; me bendijo, y me dijo: “He aquí, yo te haré fecundo y te multiplicaré; y haré de ti multitud de pueblos (kahal) y daré esta tierra a tu descendencia después de ti en posesión perpetua.”

Génesis 48:3-4

Así que cuando Jesús le dice a Pedro que sobre esa roca va a establecer su iglesia (kahal) no está inventando ninguna palabra o estructura nueva, lo está invitando a continuar algo que había comenzado cientos de años atrás; y para que no queden dudas, va aún más allá, le dice:

Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.

Todo este pasaje de Mateo, contiene una narrativa que sería imposible comprender correctamente sin sumergirnos en la mentalidad judía de la época, no por nada es el único que registra el acontecimiento en su Evangelio, él sabe que su público estaría familiarizado con todo lo expuesto.

Me gustaría citar unas líneas de Rob Bell para explicar lo siguiente (de su libro Velvet Elvis):

Los antiguos rabinos comprendían que la Biblia era un libro de final abierto y que tenía que ser interpretada. Y comprendieron que su rol dentro de la comunidad era estudiar, meditar, discutir, orar y tomar esas decisiones. Los rabinos eran como intérpretes que ayudaban a la gente a comprender lo que Dios les decía a través del texto y lo que significaba llevar a la práctica ese texto.

Los diferentes rabinos tenían diferentes series de reglas, las que constituían listas en verdad diferentes sobre lo que prohibían y lo que permitían. El conjunto de reglas y listas de un rabino, que reflejaba en realidad la interpretación de ese rabino acerca de cómo vivir la Torá, se llamaba yugo del rabino. Cuando uno seguía a un determinado rabino, uno lo seguía porque creía que el conjunto de interpretaciones de ese rabino era lo más cercano a lo que Dios había querido decir a través de las escrituras. Y cuando uno seguía a un rabino, estaba llevando el yugo de ese rabino.

Un rabino hasta había dicho que su yugo era fácil.

Ahora bien, los rabinos contaban con términos técnicos para su interminable proceso de prohibir y permitir y para realizar sus interpretaciones. Ellos lo llamaban “atar y desatar”. “Atar” algo significaba prohibirlo. “Desatar” algo era permitirlo.

Así que un rabino ataba ciertas prácticas y desataba otras. Y cuando él les otorgaba a sus discípulos la autoridad de atar y desatar, se llamaba a eso “entregarle las llaves del reino”.

Jesús sabía que no le quedaba mucho tiempo y que necesitaba nombrar a alguien que pastoreara a sus ovejas cuando el ya no esté, es por eso que empodera a Pedro y le da su voto de confianza, quizás porque sabía que era quien más lo habría de necesitar.

Años más tarde, al escribir su relato, Mateo reconoce a Pedro como ese líder capaz de presidir en la asamblea (kahal) de los justos, incluso a pesar de todos sus errores.

Jesús lleva a sus discípulos a un paseo por Cesarea de Filipo,

una región de calaveras y diablos dominada por Pan, el perverso dios-pastor que manipula, exige y asusta a sus seguidores y

declara, no que está a punto de fundar una nueva secta o algo parecido, sino que lo que lo Dios les prometió a sus antepasados, no ha sido olvidado,

la vocación original de su pueblo de ser una luz y una bendición para los demás pueblos, sigue vigente, y pararse frente a Las Puertas del Hades, en visible desventaja, ante un puñado de chicos dubitativos, sin duda era una manera dramática de anunciarlo.

Esto no se trata de Jesús otorgándole algún tipo de investidura infalible a Pedro, ni de la auto-exaltación de Jesús ante sus discípulos (“yo soy la Roca, ¡muy bien Pedro, has captado el mensaje, soy el jefe de la iglesia, no lo olvides!”), se trata de algo mucho más orgánico, divino y humano.

Se trata de Mateo reivindicando a Pedro (no sería extraño si aún varios años después algunos se pusieran a cacarear al referirse al cobarde discípulo que negó a su maestro) como líder continuador de una obra en curso, y, en cierta manera, a cada uno de nosotros.

Mateo no elimina las partes incomodas ni crea una imagen distorsionada de Pedro, todo lo contrario: deja en claro que, a pesar de todas sus dudas, errores y traiciones, Pedro había resultado ser una parte importante de la iglesia primitiva.

Sin embargo, todos somos Pedro.

Todos tenemos una invitación abierta para ser colaboradores de Dios en la sanación del mundo. Todos nos hemos parado frente a las puertas infierno con un brillo de fuego en nuestros ojos, pero al final hemos salido corriendo, o simplemente no hemos hecho nada. Todos nos hemos sentido tan valientes como miserables, tan amados como indignos, tan fuera como parte del sistema.

Mateo escribe las palabras de Jesús de aquel día en Cesarea, no para recrear una escena que tenga que ver con el infalible destino de la iglesia o con la invulnerable protección mesiánica, sino para recordarle a su audiencia que el legado de Jesús aún continuaba vigente, en las espaldas de un hombre que había sido tan miserable y cobarde como valiente y dispuesto.

El legado de Jesús continuaba en cada uno de ellos.

Y ahora continua en cada uno de nosotros.

¿Cuántas veces dijimos que lo que Jesús hizo aquel día fue fundar un movimiento cuando en realidad la rueda ya se encontraba girando desde hace rato?

¿Cuántas veces tradujimos el evento de la roca, la iglesia y Pedro como la voz de un acto elitista occidental cuando en realidad fue el eco de promesas orientales ancestrales?

Jesús quiso dejar establecido un punto aquella mañana en Cesarea, y Mateo lo captó. No creo que el punto tuviese que ver con una organización religiosa, un Papa o miles de denominaciones protestantes y pastores que piden dinero para un templo. Creo que tuvo que ver con una promesa alcanzando su epicentro, y generando ondas que persisten hasta nuestros días.

 

RSV

09 Calaveras y diablitos Parte 2

Dibujo: Jony López

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