08 Calaveras y diablitos (Parte 1)

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Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.

Mateo 16:13-19

 

Los católicos dicen que la roca es Pedro, su vida, su ministerio, y que, por lo tanto, Jesús se estaba refiriendo a él. Al primer Papa.

Los evangélicos afirman que Jesús se refería a sí mismo; la roca eterna, la piedra angular. La cabeza de la Iglesia.

Lo seguro es esto: los eruditos no se han puesto de acuerdo sobre lo que realmente significa ese juego de palabras dicho por Jesús aquel día en Cesarea de Filipo. Así que podríamos seguir danzando perpetuamente alrededor de conjeturas y teorías sobre lo que realmente significaron aquellas palabras, pero sólo seguiríamos perdiendo el punto verdaderamente importante detrás del episodio contado en detalle por Mateo.

Primero, como suele ser necesario, un poco de trasfondo:

En los tiempos de Jesús existía una ciudad situada a los pies del monte Hermón llamada Cesarea de Filipo (no confundir con la importante ciudad portuaria de Cesarea Marítima), nombrada así por Herodes Filipo en honor a Cesar Tiberio y… a él mismo, claro. Filipo se encargó de ampliar y embellecer el lugar adonde su padre, Herodes el Grande, ya había construido un templo de mármol blanco muchos años antes.  Actualmente este lugar tiene el nombre de Banias, y en tiempos del Antiguo Testamento algunos afirman que era conocido como Baal-Hermón.

En la base del monte Hermón hay un gran manantial que alimenta el rio Jordán, en el pasado este manantial brotaba desde dentro de la imponente cueva situada en la pared rocosa (para los más curiosos, aquí hay un sitio con muchas fotografías del lugar). Desde la antigüedad el lugar estuvo vinculado al rito pagano, primero a la adoración del dios Baal en tiempos del AT y luego, más tarde, al culto del dios griego llamado Pan desde algunos siglos antes de la era cristiana.

Se dice que cada año Baal entraba en la cueva y bajaba al inframundo para pasar el invierno y luego regresar en la primavera…

y que

todas las primaveras los sacerdotes de Pan arrojaban una virgen a las corrientes que surgían de las entrañas de la cueva, para satisfacer la “exigencia” de Pan de un sacrifico humano.

Este era un lugar donde el mal se hacía real.

Un altar donde se mezclaban calaveras y diablos.

Un sistema de dominación y opresión operando durante siglos.

Los locales tenían un nombre para este lugar ubicado en Cesarea de Filipo, lo llamaban

Las Puertas del Hades.

Según fuentes rabínicas, se decía que “cuando venga el Mesías, las puertas de Cesarea de Filipo caerán”

(a pesar de lo macabro de la historia, dime si esta última línea no te ha sacado una sonrisa, como si una especie de conexión instantánea se hubiera producido en tu cerebro).

Entonces, ¿Jesús se para en uno de los lugares espiritualmente más oscuros que pudo haber existido, conocido como Las Puertas de Hades, y proclama que va a edificar su Iglesia y que Las Puertas del Hades no van a prevalecer contra ella?

Si.

Más o menos como ir a un auditorio de Las Vegas y ponerse a hablar contra la adicción al juego, la explotación sexual o el llevar una vida superficial; todo el mundo sabe lo que está ocurriendo, pero no les importa.

Por lo general, cuando se cuenta esta historia, no se tiene en cuenta el trasfondo histórico ni el paisaje natural que rodea al pasaje bíblico. Se toma este episodio como una declaración destinada netamente al plano invisible, enmarcada en el contexto de una guerra entre la luz y las tinieblas: la “edificación” es un acto simbólico y “Las Puertas del Hades” (o infierno) una imagen de la batalla espiritual. Pero el relato incluye detalles demasiado importantes que no deberían ser ignorados, detalles que nos revelan que Mateo intentaba hacer un importante punto específico acerca de Jesús.

La región de Cesarea de Filipo, adonde Jesús viajó con sus discípulos, le “pertenecía” al dios Pan, cuya apariencia era mitad hombre y mitad cabra (sí, como el fauno en la película de Narnia). Pan solía ocultarse en el bosque y corretear a las ovejas de vez en cuando mientras las espantaba, y también asustar a los viajeros que pasaban por aquella región (de ahí proviene la palabra pánico). Era dios de la fertilidad masculina, de las brisas del amanecer y el atardecer, representaba a toda la naturaleza salvaje;

pero su principal característica era ser el dios de

los pastores y rebaños.

Pan era el dios de las ovejas y sus pastores.

¿Y de qué manera también retrata Mateo la relación de Jesús con su comunidad y sus discípulos?

Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor

Todos ustedes se escandalizarán de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al Pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.

Evangelio de Mateo

Como la de un pastor y sus ovejas (años más tarde, el apóstol Juan explotaría aún más este concepto al escribir su propio evangelio).

Es importante recordar que la audiencia original de Mateo era diferente a la de, por ejemplo, Lucas; Mateo se dirigía específicamente a Israel, por lo que es muy común encontrar referencias que sólo un judío o alguien que hubiera pasado por aquel lugar podría haber detectado en su Evangelio (de hecho, claramente “heriré al pastor” era una repetición del AT).

Cesarea de Filipo, la enorme gruta, los nichos esculpidos en la roca, las estatuas de Pan dentro de ellos, las victimas lanzadas a las aguas que emergían del interior de la cueva… seguramente habrían sido recuerdos aun frescos en la memoria colectiva de los lectores de Mateo.

La presencia de Jesús en aquel lugar era en sí misma toda una declaración. Aquellas mismas palabras acerca de

Las Puertas del Hades,

“edificar la iglesia”,

las llaves del reino de los cielos (ya llegaremos a eso),

atar y desatar,

dichas en cualquier otra región y reflejadas años mar tarde a otra audiencia que no fuese la judía, hubieran carecido prácticamente de sentido o al menos no hubiesen sido muy significativas (tal vez sea por eso que los demás escritores de los Evangelios hayan decidido no incluirlas en sus relatos).

Cesarea quedaba a unos 35km. en subida desde Galilea, no era casualidad que Jesús se hubiese dirigido allí con sus discípulos, ni un dato de color el que Mateo incluyera ese dialogo que no se registra ni en Marcos ni Lucas ni Juan.

Pan era el dios de los pastores y de los rebaños, pero la realidad era que ambos le temían: a los humanos se les exigía sacrificios y las ovejas eran dispersadas si Pan no estaba de humor.

Jesús, al contrario, caminaba rumbo a sacrificarse a sí mismo, y era capaz de dejar las noventa y nueve ovejas e ir por los montes a buscar la que se descarrió.

Jesús era el verdadero pastor. No Pan.

El violento y malvado sistema de aquel lugar, según Jesús, tenía fecha de vencimiento (claro que él no lo habría expresado con esas palabras). Todo el oscuro pasado de aquella región estaba contemplando en el presente la posibilidad de un futuro lleno de luz.

Jesús, lo miró a Pedro y le dijo que algo nuevo reemplazaría a esa vieja modalidad, y que, aunque tal vez llevara un tiempo, Las Puertas del Hades, los seguidores de Pan y quienes se beneficiaban de aquel sistema perverso, no prevalecería ante ellos…

Continuara…

 

 RSV

08 Calaveras y diablitos Parte 1

Dibujo: Jony López

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