03 Para siempre (casi tanto como una eternidad) Parte 1

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Sé que hay muchos que no coincidirán conmigo en esto.

Pero, así como creo que ciertas teologías basadas en el miedo son dañinas para el espíritu humano, también estoy convencido de que, aunque el sistema nos pretenda hacer creer que no es así, hay algo aún mucho más aplastante para el ánimo de cualquier mortal:

(ir a) el odontólogo.

No me importa cuán simpáticos parezcan o buenas intenciones demuestren (dicen que el mismo diablo se disfraza de ángel de luz); hay algo sumamente siniestro en todo ese asunto, y estoy seguro de que algunas de las representaciones del libro de Apocalipsis hacen referencia a ellos…

(OK. Tal vez exageré un poquito -bueno, bastante-, mis respetos a todos estos profesionales, no enojen, es una broma, simplemente creo que son un mal necesario…) (eh… bueno, mejor no aclaro más las cosas, al parecer cada vez la estoy empeorando…) 😉

Sí. Soy exagerado. Quizás lo que hace que mi mente se llene de preocupación cuando tengo que hacerme algún trabajo dental, sea más bien culpa del torno en realidad. El día que la tecnología invente otra cosa que cumpla la misma función, sin duda mi preocupación ya no existirá. Creo que mi miedo se originó hace unos cuantos años, cuando me dejé estar y me tuve que realizar un tratamiento de conducto; con anestesia y todo, no pude soportar de corrido el trabajo del torno. El odontólogo me dijo: “Si te duele, me avisas, levanta la mano. ¿OK?”. Lo siguiente que ocurrió es que terminé pareciéndome a una de esas porristas que deletrean el nombre de su equipo de football americano en las películas de Hollywood. Levanté las manos tantas veces como para completar el abecedario 2 veces.

Ya falta poco, aguanta un poco nada más”.

Aguanté todo lo que pude para que pudiera terminar el trabajo. El dolor era intenso. Sé que técnicamente no habrán sido más de veinte segundos, pero fueron eternos. Sabía que todo el trabajo no podía durar más de algunos minutos, pero desde que se encendió el torno, cada segundo se hizo eterno.

¿Alguna vez tuviste una experiencia así? ¿Un incómodo/angustiante/doloroso/difícil periodo de tiempo que luego describiste como “eterno”?

Seguramente.

Y cuando usaste la palabra “eterno”, ¿lo hiciste para describir un periodo real de tiempo, o fue más bien como un adjetivo?

Juan 3:16, el verso más famoso de la Biblia, dice:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna.

 La comprensión de este verso en particular suele cargar consigo más equipaje que la cinta transportadora de un aeropuerto internacional. Too much mambo.

En la mayoría de los evangélicos, y sin siquiera nombrarlas, suele evocar cosas tales como:

Cielo

 

Infierno

 

Pecado

 

Sustitución Penal (La paga del pecado es muerte, Dios necesitaba un sacrifico, Jesús tuvo que morir para satisfacer esa necesidad. Por ti, por mí).

 

Oración de fe

 

Vida después de la muerte

 

Pero, una vez más, si tomamos al verso desnudo, en ninguna parte habla de todo eso. ¿Entonces?

Rob Bell* dice acerca de esto:

En la conciencia judía, la vida y la muerte a menudo son realidades presentes, o sea, puedes estar con vida, pero no vivir realmente. Puede que respires, pero no aproveches la vida divina que Dios nos ofrece. La vida después de la muerte simplemente no era un concepto tan desarrollado en las Escrituras, la gente se preocupaba mucho más por cómo se vivía el ahora. Jesús, en el pasaje de Juan 3, contrasta perderse con la vida eterna, que es una manera muy judía de hablar de vivir ahora en armonía con Dios.

Y Brian D. McLaren** lo explica mucho mejor:

Juan alude al “reino de Dios” con otra frase muy difícil de traducir a nuestro idioma. El giro más común que Juan emplea al traducir la frase original de Jesús es “vida eterna”. Tristemente, la frase vida eterna casi siempre se interpreta erróneamente como “la vida en el cielo después que uno muere”, lo cual también ha sucedido con las frases reino de Dios y su sinónimo, reino de los cielos. Por eso creo que necesitamos encontrar una paráfrasis más adecuada.

Si “vida eterna” no significa “vida después de la muerte”, ¿qué significa entonces? Más adelante en el evangelio de Juan, Jesús reduce la frase escuetamente a “vida” o “vida en abundancia”. Casi al final del relato de Juan, Jesús hace una declaración particularmente fascinante en una oración, y es lo más cercano que tenemos a una definición: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quién tú has enviado” (Juan 17:3). Aquí “vida eterna” significa conocer, y conocer se refiere a una relación interactiva. En otras palabras, “En esto consiste la vida eterna, en tener una relación interactiva con el único Dios verdadero y con Jesucristo, su mensajero”.

La frase griega que Juan usa para “vida eterna” significa literalmente “vida de las edades”, que en mi opinión contrasta con “la vida tal como la gente la vive en estos días”.

Aquí vamos a definirlo simplemente así: “Una vida extraordinaria que se vive al máximo, centrada en una relación con Dios”.

Visto de esta manera, la palabra “eterno/eterna” cumple la función de una cualidad y no de tiempo, dando un matiz de intensidad, que nos evoca algo mucho más parecido a vida plena que a un más allá.

¿Y si pudiéramos experimentar cada momento bello con la misma intensidad con la que yo atravesé mi visita al odontólogo?

¿Cuán seguido solemos oír acerca de un momento bello, mágico, hermoso… “No sabes, la pasé tan bien que se me hizo eterno”? Prácticamente nunca, ¿no? Por lo general los momentos feos son los encargados de modificar nuestra percepción del tiempo.

¿Y si Jesús quería que viviésemos cada instante de la vida con ese tipo de intensidad que solemos atribuir a los momentos desagradables, pero al revés?

Uno de los grandes sueños/ilusiones de la raza humana es poder controlar el tiempo, crear alguna especie de máquina del tiempo que nos lleve al futuro, o al pasado, se han escrito innumerables libros y guiones de películas sobre eso. Aunque parezca imposible, el hombre no deja de anhelarlo. Pero quizás, a mi humilde opinión, el mayor invento de todos relacionado con el tiempo, sería algo que nos haga anclarnos en el presente lo más que podamos; es decir, vivimos viajando en el tiempo, ¿cuántas veces estamos hablando con alguien y nuestra mente se encuentra divagando llena de preocupaciones? O, ¿cuántas veces las culpas por errores del pasado nos oprimen el corazón?

Pienso que Dios quiere que seamos seres humanos con el corazón presente.

Creo que Jesús quiere que disfrutes cada momento al máximo,

para que nuestra experiencia de vida, vivida al máximo, se nos haga eterna.

 

 RSV

03 Para siempre casi tanto como una eternidad Parte 1

Dibujo: Jony López

 

*De la serie ¿Qué es la Biblia?, Cap. 75.

** De su libro: El mensaje secreto de Jesús.

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