10 Borrachos Babilonios vs. Niños Espontáneos y (Parte 1)

El púlpito le dice a la gente: “Yo hablo, ustedes callan”.

Las liturgias en las iglesias protestantes están pensadas desde la asimetría. Las liturgias de este tipo, al igual que en la mayor parte de las iglesias católicas, generan un clima de autoritarismo. Son un emergente de la visión que se tiene acerca de Dios, su trato con nosotros, y el de nosotros con él. Es decir, son un emergente de la adoración que hacemos.

¿Existe acaso dispositivo más autoritario que el púlpito? Y ni hablar de las leyendas urbanas que dicen que todo el que se para en la plataforma a predicar recibe un poder especial del Espíritu, diga lo que diga. Por lo tanto, si bien existe una condena verbal hacia la falsa religión de los fariseos, por formalistas y autoritarios, existe una religión autoritaria y formal en el protestantismo.

Esta liturgia, que de bíblica no tiene nada, genera en la mayoría de los templos un ambiente condenatorio hacia las emociones, o la otra cara de la moneda, un ambiente de emociones desbordadas, pero que se siente poco autentico. Es muy difícil que la gente se abra y cuente sus problemas en un ambiente así. Creo que el futuro de las iglesias son las células o pequeños grupos donde uno puede abrirse y ser uno mismo. Nunca me cuesta ir a mi grupo, todas las semanas. Pero para ir a la iglesia, necesito todos los fines de semana un salto de fe.

Nada tiene de nuevo el planteo que hasta aquí hice. Lo sorprendente para mí, fue descubrir autores de la misma iglesia que interpretan que existe una condenación muy bíblica a estas lógicas de formas vacías de contenido, de burocracia manejándolo todo, de autoritarismo manejándolo todo, que a veces incluye una parodia de adoración muy emocional y sensacionalista, pero poco reflexiva.

 

Daniel y Apocalipsis: La pareja del miedo

Existen dos libros de la Biblia, que a los formalistas y a los enfermos mentales religiosos les encantan: Daniel y Apocalipsis. El lenguaje críptico que tienen, el ambiente de muerte que respiran y los finales dramáticos son un imán para el sensacionalismo y la psicosis. Señores muy serios que vestidos de traje y corbata hablan sobre “El Armagedón”, “las plagas”, “la persecución”. Como ya les conté hace unas semanas, estos discursos nunca me cerraron del todo. Por lo que decidí investigar por mi cuenta.

Fue así que descubrí a Jacques Doukhan, uno de los escritores más brillantes que he leído en mi vida. Sus dos libros más famosos “Secretos de Daniel” y “Secretos de Apocalipsis”, rompen estructuras y hacen disfrutar la lectura de estos libros tan polémicos. Escuchen su postura:

“[…] el concepto de Apocalipsis es peligrosísimo. Tiene un halo de muerte, de fatalidad y de temor. A veces el temor ha llegado a ser tan paralizante que algunos ni siquiera soportan pensar en él. Alguien en cierta ocasión dijo que ‘o el Apocalipsis encuentra a un hombre loco o lo vuelve loco’. Desde David Koresh, en Los Estados Unidos, Shoko Asahara, en Japón, y Luc Jouret, en Europa; hasta todos estos ‘místicos’ que todavía se dan prisa para ir a Jerusalén a fin de hallar al mesías o para serlo ellos, el concepto de Apocalipsis ha inspirado a muchos hombres locos e incluso ha causado mayor delirio”.[1]

Ambos libros, señala Doukhan, son atravesados, más que por visiones de futuro, por narrativas acerca de la adoración sincera versus la adoración falsa e hipócrita. Adoración por amor versus adoración por temor.

Refiriéndose al episodio del horno de fuego, dice lo siguiente:

“Extensos párrafos, pero adrede, realzan el carácter automático de una adoración así [hipócrita, burocrática][2], a través de la satírica de la repetición. El papel desempeñado aquí por la música es significativo…Todo está mesurado, en su lugar. Aunque le puede faltar profundidad, al menos se mantiene la forma. La concentración en la organización externa, con frecuencia busca compensar la esterilidad interna. Los administradores están preocupados por las estructuras y las políticas, como si insinuaran una extinción de la reflexión y de la fe. El formalismo de la religión de Babel prevalece sobre la verdad espiritual. El papel primordial de la música, en este contexto, es producir la ilusión de sentimientos religiosos”. [3]

¿Qué? ¿Daniel y Apocalipsis hablan de una realidad tan tangible y dolorosa como la que vivimos en las iglesias protestantes hoy? Sí, así es. Esos libros que parecen escritos por gente chiflada hablan de poderes absolutos, autoritarios que condenan la reflexión y la crítica, que persiguen a… los que no son hipócritas, a los sinceros. La adoración interesada (en mostrarse, en recaudar dinero, en contarse cuantitativamente), se contrapone a la adoración sincera. Escuchen lo que dice acerca del uso de la música:

“Los cantantes y los músicos ejercen un poder tremendo sobre las multitudes de aficionados devotos. Ya no necesitamos letras ni un mensaje coherente para convencer a los demás. El fenómeno inclusive ha invadido las comunidades religiosas. En reacción a la frialdad cerebral de los cultos tradicionales, algunas denominaciones han caído en el otro extremo… Los creyentes, transportados por el espíritu, gritan y lloran con delirante entusiasmo. Este enfoque considera que la reflexión es innecesaria y anticuada”.[4]

Autoritarismo, sensacionalismo, religiones irreflexivas… ¿no estamos viendo esto en todas las iglesias protestantes hoy?

“Aterrados por la proximidad de la amenaza, sus pensamientos se arraigan en el presente, y su obediencia procede solamente del instinto de autopreservación. Violenta e intolerante, totalitaria y mecánica, la religión de Babel… De todos modos, funciona: todos obedecen. ¿Todos?”[5]

¿Cuántos videos hay en YouTube alertando sobre supuestas señales, poderes papales persecutores, infiernos y demás delirios místicos a los que muchos religiosos están felices de aferrarse? Religión de miedo, basada en el salvarse de las desgracias únicamente.

Ahora bien: tanto los cultos sensacionalistas como los fríos y formales tienen una base apologética en sus discursos. Es decir, constantemente hacen apología, proselitismo. Ese proselitismo, la mayor parte de las veces, está centrado en un punto en común: la moral cristiana. Una moral intolerante y condenatoria. Una moral que no soporta el “desorden”.

Tanto los discursos sensacionalistas, como los cultos irreflexivos y los cultos formales tienen esto en común: hay una llamada al orden externo. A la mecánica, la automatización. La moral de la iglesia es lo supremo.

Aquí voy a despuntar mi vicio de citar a la psicología para explicar un poco más de qué estamos hablando. Les presento a uno de los más geniales psicólogos del siglo XX: Kurt Goldstein.

 

Aún más cool que Cobain

Este Kurt, que no es Cobain, padece del mismo tenor de genialidad, aparentemente. Por suerte nos duró un poco más…

Según Kurt Goldstein, hay una gran diferencia entre pertenecer a una fe por los motivos sanos desde el punto de vista psicológico y pertenecer por motivos patológicos a una religión (o movimiento político).

Dentro de las diferencias entre conductas sanas y patológicas, él notó varias diferencias. En este artículo, sólo mencionaré dos: el afán excesivo por el orden y la relación con el temor.

Kurt Goldstein descubrió que cuanto mayor era el grado de desorden mental de una persona, más necesitaba de un orden externo que lo organizara. Entonces, contrariamente a lo que la moral doméstica civilizatoria de occidente postula, poder mantener cierto desorden en una habitación y un escritorio, habla de una persona más sana.  Por lo tanto, usando este criterio, ¿de qué nos hablan las religiones formalistas? De gente profundamente patológica que está tan desorganizada que necesita de orden extremo y no puede tolerar las diferencias, las disensiones, “el desorden”, los conflictos internos y los externos.

La gente sana, por otro lado, es la que puede desordenarse, porque posee un orden interno. Entonces, fíjense que, para este autor, quienes vivimos soportando lo que no nos gusta en las iglesias, somos mucho más sanos que quienes necesitan imponerse normas y andar cuidando “el orden”, aún a costa de sostener un aparato autoritario y represivo.

La otra característica que Kurt Goldstein señala es el temor. Este autor postula que las causas a las que el sujeto se une, sólo son sanas, sólo tienen un valor de auto-realización para la personalidad, si son ejercidas de manera libre y sin temor. ¿Por qué? Porque el temor nos hace sentir coaccionados.

¿Acaso no les suena a las escenas sensacionalistas que han visto en sus iglesias? Gente pensando en persecuciones religiosas y en el juicio venidero, aterrada. Pensando en el poder de diablos y demonios, aterrada. Y ese es su estímulo para unirse a la iglesia: el temor a lo que pueda pasarles.

Ahora bien, ¿cómo salir de semejante embrollo? ¿Hay algún recurso en el libro de Apocalipsis? ¿O en la Biblia en general?

Existen figuras muy interesantes que Juan utiliza para describir este fenómeno de religión por miedo: Prostitución y borracheras.

Acompáñenme a un burdel infernal lleno de borrachos, en la próxima entrega. ¿Se animan?

 

Ivka Itzak

 

Bibliografía

  • Goldstein, Kurt “La Naturaleza Humana a la luz de la Psicopatología”, Paidós, Buenos Aires
  • Doukhan, Jacques, “Secretos de Daniel”, ACES, Buenos Aires
  • Doukhan, Jacques, “Secretos de Apocalipsis”, ACES, Buenos Aires

[1] “Secretos de Apocalipsis” pág. 9

[2] Los corchetes son míos

[3] Secretos de Daniel”, pág. 48

[4] ídem

[5]  Ídem, pág. 50

 

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