08 El síndrome de Piratas del Caribe

En una entrevista hace un tiempo, el director de cine Daniel Burman contó una anécdota que me pareció muy interesante. Él contaba que cuando era chico, sus padres, de clase media, compraban un cuarto kilo de frutilla para todos y lo servían con crema. Por lo que su sueño, de pequeño, era trabajar para comprarse un kilo de frutillas entero y comerlo con crema.

Sin embargo, al recibir su primer sueldo fue a comprar un kilo de frutillas y crema, y cuando iba por el cuarto, no pudo comer más. Fue allí donde surgió en la filosófica pregunta ¿cuántos kilos de frutillas puedes llegar a comer? Es decir, llega un momento, cuando la necesidad y el deseo están satisfechos, en que no necesitas comer más.

El filósofo Schopenhauer decía que la humanidad oscilaba entre la necesidad y el aburrimiento. Es decir, que cuando las necesidades materiales están satisfechas, los seres humanos nos sentimos vacíos y aburridos.

Esto es a lo que yo llamaría el “Síndrome de Piratas del Caribe”. Quienes hemos visto la primera película de la saga, nunca olvidaremos a Barbossa cuando decía “He tenido sed y hambre por años”.  Para quienes no recuerdan o no conocen el argumento de la película, acá va la descripción de Wikipedia.

“Barbossa y su tripulación encontraron el tesoro azteca, gastándolo en bebidas, mujeres, y todo tipo de placeres carnales, pero nada les complacía. Cuando hubieron gastado todo el dinero, ya era tarde: Habían sido maldecidos, convirtiéndose en gente no muerta, esqueletos no vivos que sólo se mostraba con la luna llena, no podían sentir placer y la comida tomaba sabor a ceniza en su boca. Para contrarrestar esta maldición, debían recuperar hasta la última moneda de oro azteca y pagar la sangre derramada” (Wikipedia).

Y es muy gracioso, porque el argumento de la película es muy parecido al argumento bíblico sobre el pecado. Hay una transgresión, hay una maldición y hay una redención a través de sangre.

De esta manera, ser un zombi, un muerto-vivo es la maldición en ambos argumentos. Estamos acostumbrados a escuchar desde los púlpitos que los castigos por el pecado están en el más allá, pero lo que en realidad dice la Biblia es que el sentimiento de vacío, la oquedad, son el castigo inmediato por las transgresiones. Miren estos versículos

Comerán, pero no se saciarán; fornicarán, mas no se multiplicarán. (Oseas 4:10)

Por eso no hay justicia entre nosotros y no sabemos nada acerca de vivir con rectitud. Buscamos luz, pero solo encontramos oscuridad; buscamos cielos radiantes, pero caminamos en tinieblas. Andamos a tientas, como los ciegos junto a una pared, palpando para encontrar el camino, como la gente que no tiene ojos. Hasta en lo más radiante del mediodía, tropezamos como si estuviera oscuro. Entre los vivos, somos como los muertos. Gruñimos como osos hambrientos; gemimos como el arrullo lastimero de las palomas. Buscamos la justicia, pero nunca llega; buscamos el rescate, pero está muy lejos de nosotros. Pues nuestros pecados se han acumulado ante Dios y testifican en contra de nosotros. Así es, sabemos muy bien lo pecadores que somos. (Isaías 59: 9- 12)

 

Sigmund Freud, en “El Porvenir de una Ilusión” vaticinó que a menos que la religión empezara a ofrecer satisfacciones inmediatas y no sólo en el más allá, estaba condenada a la extinción. Aparentemente se equivocó porque en nombre del más allá las religiones siguen atormentando a la gente igual que hace 100 cuando el escribiera.  Sin embargo, su punto es muy interesante. ¿Es que la fe sólo sirve para ir a un mejor lugar cuando morimos? La posición del Tanaj es contraria a eso. En Dios estaba la vida, la satisfacción real.

Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. (Isaías 55:1)

 

De esta manera, podemos notar cómo vivir para la producción, el mucho consumir y el mucho tener nos dejan vacíos, animalescos.  ¿Cuál es la solución para el Tanaj?

Es curioso, pero el Libro de Ezequiel presenta una historia parecida a la de “Piratas del Caribe”.

Me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.

Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.  Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.

Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.

Acá vemos, que Ezequiel le escribe a un pueblo que estaba deprimido, se sentía pobre y desgraciado, desterrado.  Ezequiel les escribe a los refugiados luego de una invasión, a quienes se sentían parias. Y les dice: han estado poniendo el foco en cosas que no los llenarán de riqueza y que los dejarán vacíos. En concentrarse en los frutos y la grandeza han perdido la capacidad de disfrutar de la vida. Son muertos, zombis. La única opción es que Dios vuelva a crearlos. Que vuelva a soplar su “ruaj” (aliento, respiración), que vuelva a crearlos como a Adán.

Cuando miro al mundo protestante, estadounidense y no estadounidense, yéndose tras el éxito, tras los frutos… Literalmente con ejércitos de zombis drogados con alcohol, sustancias psicoactivas, trabajo, diversiones, romance enajenados, zombis… Alienados a cualquier cosa que anestesie un poco el dolor de su existencia vacía, me pregunto cuánto más tardarán en ser refugiados pobres que puedan escuchar lo que Ezequiel tiene para decirles.

Que vuelvan a Dios, a la fiesta, a celebrar la vida como lo hacía Jesús, en amor, en comunidad. En el Espíritu (ruaj) de vida. A tener amor unos con los otros. Lo que necesitamos es el Ruaj… no seguir buscando consumir más.

 

Ivka Itzak

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