07 Llamados a… ¿triunfar o a incomodar? (Parte 2)

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En la primera parte de este tema, les abrí mi corazón en cuanto a mi historia espiritual personal. Allí les confesé que yo también estuve enamorada de la teología de la prosperidad, pese a todo lo que he venido escribiendo en las últimas entregas acerca de ello.

Ahora bien, ¿es la teología de la prosperidad incorrecta? Los analistas sabemos que cuando alguien se siente amado, puede producir mejor. Tiene mejores ideas, cuando se siente medianamente satisfecho en un vínculo. Sin embargo, esa producción no siempre se traduce en una prosperidad económica inmediata, ya que ello depende muchas veces de las circunstancias del sistema productivo. De esta manera, es de esperar que si alguien se siente amado por Dios y en paz con su prójimo libere su energía creativa de otra manera.

Este amor profundo de Dios sobre nosotros, este Dios Jesús que principalmente ama, cobija y acaricia el corazón, tiene como efecto inmediato el querer a otros. Por eso el sello distintivo de los seguidores de Jesús debía ser el amor. Quien se siente amado y valorado, ama y valora.

En mi opinión, la prosperidad fue del proyecto del cristianismo, pero de manera muy diferente a la que estamos acostumbrados a mirar. La lógica de los vínculos y el afecto es el punto de partida. Ahora veamos cómo se desarrolló el proyecto.

 

La revolución cultural como condición a la prosperidad

Ahora bien, ¿tuvo efecto la teología cristiana en la prosperidad de sus seguidores? Sí, pero no como lo entiende la teología de la prosperidad en el sentido de hacerse rico. El movimiento que fundaría Jesús tendería a re-conceptualizar la riqueza, la libertad y las relaciones entre las personas.

Pablo menciona en una de las cartas a los Corintios “Dad y se os dará porque el que siembra escasamente, escasamente también segará y el que siembra con abundancia, segará con abundancia”. Este texto ha servido para que se predique el dar como una inversión calculada. Pero esto es tomar el texto aislado sin toda la doctrina que lo sustenta. Toda la Biblia es un llamado a no vivir pendientes de la materialidad y las cosechas, sino pendientes del afecto. Esto, paradójicamente, debiera producir riqueza.

El intentar controlar la producción de riquezas mediante las dádivas, es también amar el dinero. Y como diría Santiago: “El amor al dinero, es el origen de todos los males”. El intentar apropiarnos de la materialidad, el querer controlarla.

Lo que hay más bien en la Biblia es un intento por no controlar las riquezas. “Cada uno dé como propuso en su corazón”. Ser canales en cuanto a las posesiones materiales, no acumular.  “Si alguno tiene dos túnicas, regale una”. Es decir, volvemos a romper con la lógica del tener.

Ahora bien. ¿qué consecuencias trajo el cristianismo para la cultura occidental? ¿Produjo esto riqueza?

 

Prosperidad como consecuencia del evangelio: El caso de la esclavitud


Pese a no haber atacado la esclavitud desde un principio generando una revolución desde las armas, muchos coinciden en que la expansión del cristianismo tuvo mucho que ver en el cambio ideológico que sustentó un cambio de paradigma con respecto a la naturaleza del ser humano.

En la cultura grecorromana, se consideraba a los esclavos como instrumentum vocale (herramienta que habla). La mayor parte de los filósofos griegos veían en las relaciones amo-esclavo una metáfora del dominio de la mente sobre el cuerpo. Ideología que luego se filtró al predominio católico medieval con las consecuencias represivas que todos conocemos.

Por lo tanto, en ese contexto decir que todos los seres humanos eran iguales, era auténticamente revolucionario. La comentarista bíblica Ellen Gould Harmon tiene una perspectiva muy interesante respecto al cambio paradigmático en cuanto a la igualdad. Quisiera compartir aquí algunos párrafos de ella:

“La carta de Pablo a Filemón muestra la influencia del Evangelio en las relaciones entre amos y siervos. La esclavitud era una institución establecida en todo el Imperio Romano, y tanto amos como esclavos se encontraban en la mayoría de las iglesias por las cuales Pablo había trabajado. En las ciudades, donde a menudo el número de esclavos era mayor que el de la población libre, se creía necesario tener leyes de terrible severidad para mantenerlos en sujeción. Algunos amos, más humanitarios que otros, mostraban mayor indulgencia para con sus siervos; pero la gran mayoría de los ricos y nobles daban rienda suelta a sus excesivas concupiscencias, pasiones y apetitos, haciendo de sus esclavos las desdichadas víctimas de sus caprichos y tiranía. La tendencia de todo el sistema era sobremanera degradante…

[…] No era la obra del apóstol trastornar arbitraria o repentinamente el orden establecido en la sociedad. Intentar eso hubiera impedido el éxito del Evangelio. Pero enseñó principios que herían el mismo fundamento de la esclavitud, los cuales, llevados a efecto, seguramente minarían todo el sistema. Donde estuviere “el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17), declaró. Una vez convertido, el esclavo llegaba a ser miembro del cuerpo de Cristo, y como tal debía ser amado y tratado como un hermano, un coheredero con su amo de las bendiciones de Dios y de los privilegios del Evangelio…” [1]

 

Es decir, en lugar de erigirse en una lucha armada, como tantas había habido hasta ese entonces, el cristianismo intentó un cambio paradigmático ideológico. Mediante la convivencia unos con otros progresivamente la noción de igualdad entre los seres humanos fue permeando. De manera seminal en el siglo I, y pudimos ver sus efectos en las luchas abolicionistas del siglo XVIII y XIX. Hasta en el Siglo XX, dichas ideas sirvieron de marco a luchadores por los derechos humanos. Tanto cristianos como Martin Luther King Jr. Y no cristianos, como Gandhi.

Entonces, el cristianismo sirvió como una estrategia no-armada para sustentar los vínculos comunitarios bajo la idea de la igualdad entre todos. Inclusive al parecer existía en el proyecto original cierto feminismo. El texto “ya no hay esclavo ni libre, judío ni griego, varón ni mujer” de Gálatas, parece apuntar a un lugar donde “Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”. Es decir, a la abolición de las jerarquías. A quienes les interese, pueden investigar más en los sitios web que dejo en la bibliografía.

Ahora bien. ¿qué tiene todo esto que ver con la teología de la prosperidad?

 

Prosperidad individualista vs. Prosperidad comunitaria.

Creo que el problema de la prosperidad es que la hemos malentendido como una cuestión individual. Dios prometía prosperar y hacer rico a Israel en el Tanaj, pero la condición del proyecto era la mantención de los lazos comunitarios y las leyes comunitarias que entre otras cosas prohibían la esclavitud de alguien por más de siete años (investiguen la ley del jubileo).

En ese contexto, cada vez que Israel se alejaba de sus tradiciones, caía en la pobreza y empezaban a existir explotadores. Lo que se ha visto como una intervención sobrenatural divina, era la consecuencia del alejamiento de los lazos comunitarios en pro de lazos de explotación. Si alguien puede mantener 400 profetas de Baal en su palacio, claramente hay una disparidad de recursos. No niego con esto que pudiera haber intervenciones “sobrenaturales” como una sequía. Sin embargo, la mayor maldición de Israel al alejarse de las tradiciones era el predominio de la ley del más fuerte y la acumulación de riquezas. El individualismo.

Por lo tanto, ¿trajo el cristianismo mayores riquezas a sus seguidores? Sí. Pero trajo una mejor manera de vivir para toda la humanidad. Vivieron cien veces mejor, porque vivir en las lógicas del afecto y no del individualismo y la dominación es vivir cien veces mejor.

¿Cuál fue el costo? Persecuciones del Estado (circo romano, por ejemplo), persecuciones familiares (He venido a poner a la hija contra la madre, y a los hijos contra los padres. No piensen que he venido a traer paz, sino espada.) y persecuciones religiosas (Viene un tiempo en el que los echarán de las sinagogas). Es decir, la revolución del amor y la paz generó mucho derramamiento de sangre y odio. Pero triunfó. Cien veces más, con persecuciones, como había dicho Jesús.

Si bien hoy no vivimos en un mundo ideal, vivimos en un mundo donde la esclavitud está muy mal vista. Las mujeres son vistas como iguales ante los hombres, luego de mucha lucha. Y cada vez que alguien pide justicia, puede encontrar en los textos de la Biblia compañeros que lucharon, sufrieron y murieron por las mismas causas.  La expansión del evangelio trajo prosperidad a occidente, pero no como nos lo enseñan por lo general.

Todos los que viven para mejorar el mundo y no para enriquecerse y dominar sufren persecuciones. Pensemos en cuántos ecologistas acaban muertos por querer un mundo mejor para todos. Incomodan, molestan, pero gracias a ese tipo de gente incómoda es que se produce la prosperidad y nos acercamos al Reino de los cielos. El reino de los cielos es un proyecto de amor, paz y cuidado por el otro y a naturaleza. Eso es prosperidad. Enriquecerse solo, sólo sirve para alejarse más de ese reino.

 

Ivka Itzak

[1] “Hechos de los Apóstoles”, pp 378-380

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