05 Prostitutas, tótems y corderos: Preguntas posmodernas a los ritos hebreos

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Mucho se ha hablado acerca de los simbolismos del santuario judío. En lo personal, habiendo crecido dentro de la Iglesia Adventista, y siendo de raíces judías, es un tema que se toca a menudo. Tengo entendido que dentro del mundo protestante este tema no es tan común. El único al que he oído hablar de él es a Rob Bell, quien tiene perspectivas más que interesantes al respecto.

Sin embargo, creo que, habiendo estudiado psicoanálisis, puedo hacer un aporte. Ya que allí he encontrado la respuesta a algunos interrogantes que me hacía antes de estudiarlo.  Por otro lado, he encontrado en varios comentaristas bíblicos explicaciones que me parecen muy enriquecedoras, pero que la mayoría de los que abordan estos textos no conoce.

Todo el servicio del santuario es interesantísimo, si se lo estudia bien y en su contexto. Lejos de ser un texto aburrido, uno puede transformarse en arqueólogo y dejar que una cultura de 3500 años atrás nos hable.

Siendo que los simbolismos son muchos, sólo responderé a dos preguntas que me parecen interesantes en este artículo. No haré un estudio exegético de todo, sino que tomaré dos puntos que, como lectores del silgo XXI, no encajan en nuestra cosmovisión.

En primer lugar, como feminista, me preguntaba: ¿Por qué los sacerdotes eran varones? ¿por qué ese supuesto machismo?

En segundo lugar: ¿Por qué matar a un inocente corderito? ¿Qué clase de dios estúpido necesita un derramamiento de sangre?

Empecemos…


Sangre y Prostitución.

Dentro de los pueriles argumentos para justificar el liderazgo casi exclusivo en algunas denominaciones cristianas, existe el argumento “los sacerdotes del templo eran varones”.

Más allá de que el argumento de Lutero sobre el sacerdocio universal de los creyentes (no voy a desarrollarlo aquí) debiera haber bastado hace siglos para zanjar esta duda, es interesante indagar por qué esta supuesta discriminación.

En las culturas aledañas al desarrollo del Antiguo Testamento podemos notar que otros dioses y diosas sí tenían sacerdotisas mujeres. A primera vista, podríamos decir: “Maldito monoteísmo, siempre menos orgánico que las culturas populares y originarias”. Pero, una segunda mirada, nos dará una respuesta sorprendente.

¿Qué función cumplían tales sacerdotes y sacerdotisas? Básicamente: las sacerdotisas eran prostitutas. Situémonos en las culturas mesopotámicas de la época: Baal y Asera eran dioses de la fertilidad.

Se trataba de cultos, bastante salvajes, en donde lo más común eran las orgías y los sacrificios humanos. En toda esa maraña de ritos con orgías y muerte, aparecen los hebreos.

El sistema sacerdotal hebreo era muy diferente, aunque hay que reconocer que no eran cultos muy espontáneos. Sin embargo, para la cultura de la época, representaba toda una revolución: no había orgías, no había fluidos humanos corriendo por todas partes, había quietud, paz. Algo que en la época era muy raro, ya que las naciones solían estar frecuentemente en guerra. “Shalom”, es un concepto que se usaba para los períodos de paz entre pueblos y luego se extendió a la esfera individual.

Entonces, primer mensaje: El Dios de los hebreos aparece como alguien que trae paz, quietud, silencio, en donde antes había convulsiones. Ahora bien, situándonos en este contexto, hay dos razones por las que los comentaristas creen que se excluían mujeres.

La primera, tiene que ver con lo que ocurría también en tiempos del Nuevo Testamento, cuando Pablo recomienda el silencio de las mujeres en las congregaciones.

Existía la figura de las prostitutas sagradas. Es bien conocida la costumbre de sacrificar vírgenes de las culturas americanas precolombinas. Ahora bien, en la Mesopotamia existía la costumbre de sacrificar a las vírgenes volviéndolas prostitutas en los servicios sagrados. Se intentaba que quedasen embarazadas como buen augurio de fertilidad.

Según otros comentaristas, poner a una mujer en una función sacerdotal, implicaba exponerla a algún “confundido” de las religiones paganas que interpretara que estaba allí para cumplir la función en la que ellos estaban acostumbrados a ver a las mujeres “religiosas”.

La segunda razón tiene que ver con el trabajo sacerdotal en sí mismo. Según Jacques Doukhan, para la cultura hebrea antigua, la función de la mujer era la de traer vida, por lo tanto, el sistema sacrificial de múltiples animales, la excluía.

Tengamos en cuenta, que la función sacerdotal tenía que ver con derramar mucha sangre: desde palomas hasta bueyes, pasando por corderos y cabras. Por esto, si nos situamos en la complexión física de las mujeres, por lo general menor a la de los hombres, sumado a una función reproductora empezada bien temprana a la edad fértil, que la volvía más débil en tiempos de amamantamiento y puerperio, podemos imaginarnos que no eran las “más aptas” para dicha tarea.

Si quieren saber más sobre el sistema sacrificial hebreo, lean lo que dice Rob Bell en “¿Qué es la Biblia?”.

Yo, por mí lado, quiero mostrarles algo que descubrí por moverme en el psicoanálisis respecto a los corderos…

 

Tótems y Corderos

Uno de los libros más polémicos de Sigmund Freud fue “Tótem y Tabú”. Muchos religiosos estuvieron muy ofendidos por su tesis sobre el oscuro origen de la religión. Si bien creo que es un texto que debe tomarse con pinzas (para empezar, porque se escribió hace unos cien años, cuando más de la mitad de las cosas que se conocían en el mundo de la arqueología y la antropología se ignoraban), hay algo que me parece muy interesante para la comprensión de los sistemas sacrificiales hebreos.

Freud postula, que antiguamente existía la costumbre de comerse al guerrero más bravo de otra tribu, para incorporar sus cualidades de valentía y coraje. Con el tiempo, esta costumbre derivó en comerse al animal representante de la tribu, una vez al año, también para incorporar los ideales de ese animal (la fiereza del tigre, la rapidez del leopardo, por ejemplo).

Ahora bien, como muchos de los textos hebreos, parece haber acá una intención de ironía muy clara.  El humor en la Biblia es mucho más frecuente de lo que algunos religiosos quieren admitir (tema para otro día).

Imaginen que son Joshúa, un niño hebreo que lleva a pastar las cabras. En su camino se encuentran con un niño pastor de alguna otra tribu, a la que no conocemos, que vino con su primo de otra tribu que tampoco conocemos. Los llamaremos Luis y Pepe. Imaginemos el diálogo.

-Hola ¿cómo te llamas?

-Hola, Joshua, y ¿ustedes?

-Yo soy Luis y este es mi primo, Pepe. ¿Cuál es tu tribu Joshúa?

-Yo soy hebreo, y ¿tú?

-Yo soy bravo como un León, porque pertenezco a la tribu Gensar. Comemos carne de León una vez al año y eso nos hace fuertes.

-Yo soy rápido y mortal, porque pertenezco a la tribu de Nomtat. Comemos carne de serpiente una vez al año y eso nos vuelve sagaces, inteligentes y rápidos. Pero… ¿ustedes cómo son Joshúa?

-Bueno… nosotros comemos cordero, bastante seguido.

La cosmovisión hebrea parece haber significado una ruptura importante en cuanto a los ideales de poder. (Por cierto, ni los Gensaritas, ni los Nomtatitas existieron, los acabo de inventar).

El punto es, no creo que haya sido casual tantas figuras que Jesús desarrolló en torno a las ovejas y los corderos. Los animales de sacrificio eran mansos, domésticos (sed inocentes como palomas…).

Tener al cordero y otros animales tiernos como animales totémicos era algo muy revolucionario en una cultura exitista, de los frutos, de la abundancia que pelea siempre por quien tiene más y es más fuerte.

Siempre se hace hincapié en los púlpitos en la estupidez de las ovejas y que debemos dejarnos guiar por el Pastor-Dios (algunos van más lejos, sus representantes), pero pocos hablan de lo que las ovejas y los corderos suelen representar emocionalmente.

Hay algo que la gente de campo sabe: es muy duro sacrificar cualquier animal. Pero, particularmente los corderos y las ovejas por su mansedumbre. Si bien luchan por su vida como cualquier otro animal, con el asador como destino, la dependencia de las ovejas a sus amos hace que sea muy difícil sacrificarlos sin sentir dolor.

Las ovejas y los corderos están asociados a la ternura. Por lo tanto, aparentemente el ideal del pueblo hebreo tenía que ver con ternura y mansedumbre. La relación con el pastor, no tiene que ver con el dominio, sino con la ternura y el conocimiento personal, como postuló Jesús más adelante.

Entonces, estudiando las culturas antiguas, parece haber una revolución de ideales; no la fuerza, la ternura. No el dominio autoritario, sino la guía mediante el conocimiento personal. Hacer el amor y no la guerra, parece ser más viejo que los hippies.

Pensemos en Jesús en la última cena: otra revolución más. Ya no es necesario el cordero, no más sangre, el pan y el vino me representan. Voy a formar parte de ustedes, ya no a través del cordero, están aceptando mis ideales con pan y vino. La vida de los seguidores de Jesús, debía estar marcada por ideales de cordero.

Mansedumbre de cordero, ternura de cordero, capacidad de relacionarse íntimamente con los humanos, como los corderos. Más allá de lo que comas hoy en día, espero que estés hecho de cordero.

Nos vemos la próxima.

 

Ivka Itzak

 

Bibliografía utilizada

  • Armenteros, Víctor, “Amor se escribe sin H”, ACES, Buenos Aires
  • Brito Stelling, María Isabel “Prostitución Sagrada”, Kahalatos, N 1
  • Doukhan, Jacques “Israel and Church”, “Two voices, same God” Baker Academic, Nueva York
  • Freud, Sigmund. Obras Completas, Tomo VIII, “Tótem y Tabú”. Amorroutu, Buenos Aires
  • Diccionario Bíblico Adventista, Tomo 6, ACES, Buenos Aires
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